En una tienda de Campo Valdés el negro relata al Ojos Azules que Zootecnia fue la primera carrera que quiso estudiar. Se presentó a la Nacional, no pasó. El Ojos Azules estudia Zootecnia en esta institución, cursa el octavo semestre. Mientras beben gaseosa y recrean los momentos emotivos del partido, el negro relata al Ojos Azules cómo estuvo en un aula del segundo piso, entre otros cincuenta aspirantes, sentado en una silla, doblado ante el cuestionario. No se sintió bien, muchas matemáticas, no es su fuerte. Y cómo volvió a los días a ver las hojas con los resultados, cómo buscó su serial en vano, cómo se apartó de allí desilusionado, abatido; y cómo erró por la ciudad, subió al primer bus que pasó, viajó hasta un extramuro, bebió una gaseosa en un tenducho y regresó a casa al anochecer.
Campo Valdés, un domingo después del partido en que salen victoriosos. Sin saber cómo, se rezaga junto al Ojos Azules, que invita una gaseosa. Un juego glorioso, ganan 2-0. Cada uno anotó un gol. Tal vez por esto coinciden al partir, se retrasan comentando las jugadas y toman fresco en la tienda. Campo Valdés. Esta vez las cosas marcharon bien, dos golazos sellaron el triunfo, uno del negro, el otro del Ojos Azules. ¿Cómo fue la factura de los goles? El Ojos Azules es fuerte como un tren, potente como Sapuka.
El negro cuenta al Ojos Azules cómo hizo cuestión de honor pasar el próximo examen. Se presenta a Español en mi convocatoria. Estudia módulos, lee como loco, resuelve talleres. No puede perder esta oportunidad. (Ni yo la ocasión de conocer a sujeto tan estrafalario). Quizás Zootecnia no es lo suyo. Para el español siente más idoneidad. Otra vez el aula, las decenas de aspirantes, la silla, el serial; otra vez las hojas con los resultados fijadas en la pared; pero esta ocasión su número está entre los admitidos. Qué felicidad. Se va derecho a casa y cuenta a sus padres.
El Ojos Azules cursa el octavo semestre. El papá también es profesional, un odontólogo. El cabello castaño, la piel rubicunda, el porte de toro. El negro cursa el cuarto semestre, algo de poeta hay en él. No, no se imagina zootecnista. La verdad, profesor, acaso. Es lo que la vida dicta, la tiza, la ficha con la clase preparada, etcétera.
Por fin vencen, luego de una racha adversa. Todo se da. Celebración, alegría, dos golazos, uno del negro, otro del Ojos Azules. Ambos chutes potentes, desde fuera del área, sin posibilidad para el arquero.
Odontólogo, el papá del Ojos azules; familia pudiente. Empleado del gobierno, el papá del negro, en el Ministerio de Hacienda. De montaña uno, de mar el otro. Se rezagan en la tienda, sin importar lo inseguro que el sector pueda ser, y comparten una gaseosa, la emoción triunfal. Campo Valdés. Campo de Montiel. Sueños de Quijotes. El balón rebota y lo coges y le atinas un patadón y a la red. El Ojos Azules patea de frente al arco, el negro desde un ángulo. Bonito.
Un tipo sobrio, serio, algo adusto, el Ojos Azules. Su mirada es severa, gruesa. Cálida su palabra. Está prometido, se casará pronto. El negro no tiene novia, no piensa en epitalamios. Hoy la victoria. La gente andaba sin plata, de lo contrario habrían festejado con unas cervezas. Como es de bueno cervecear luego del partido y el sudor, quedarse un rato al pie de la cancha, mientras dos equipos más disputan. El equipo se desbandó y solo quedaron ellos. Insólito, jamás habían congeniado.
¿En qué se ocupa un zootecnista? Manejar una finca, aplicar ciertas técnicas a la producción ganadera, etcétera. ¿Y un licenciado? En dictar clase. ¿Y un futbolista? En anotar goles e impedir que el otro los haga. Campo Valdés no está lejos del centro ni de mis predios. Muchos udeáticos viven aquí. Al marchar, el negro paga el bus, porque el Ojos Azules costeó la gaseosa.
"¿Dónde vives?"
"En Belén Castellana. ¿y tú?"
"En Bello."
Los ojos del otro, azules, desprenden cierta fiereza; los del negro, en cambio, son remansados. Pero al celebrar un gol, se animan. El gol transforma.
Este sencillo compartir eleva el domingo a suceso memorable. ¿Volverán a encontrarse otra vez en una emoción semejante, profesionales, cada uno en ejercicio de su rol? Una verbena en el pueblo (Concordia), unos tragos. Recuerdan la infancia. Ah, qué bonito. Venga otro aguardiente. Aquel partido en Campo Valdés, esos golazos, aquella cancha de arenisca. Ojos Azules, azules tiempos. "Negro."
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