¿No es eso? El madurar de una amistad: la ocasión en que Tita, de pronto, rodea con los brazos la cintura del negro, lo alza un instante y lo deja caer. Claro, esta travesura de Tita lo coge desprevenido. Ocurre en la vereda pública, entre el tráfico y a la vista de los viandantes. En los anales del negro este hecho insólito queda registrado con el marbete de "la cargada".
El madurar de la amistad, eso es. La vez en que el negro y Luis pasan frente a una panadería, y el último dice: "huele a un poema de Neruda". El negro lo mira asombrado. Este Luis. Pudo haber dicho: "huele a pan recién horneado". Pero sale con esta expresión inesperada, de infinitas sugestiones.
Luis atraviesa una etapa nostálgica, su voz es más suave y soñadora que de ordinario. En seguida dice: "hay ciudades que son como madres adoptivas". Y a continuación menciona a Medellín y a Cartagena.
Momentos antes han hablado sobre la idea vaga que las novelas leídas dejan en la memoria después de mucho tiempo. Luis compara esta vaguedad con lo imprecisa que es la evocación de las urbes que hemos visitado en tiempos más o menos lejanos. Al negro se le ocurre que podría grabar en un casete cada frase de Luis, y siente que su destino es inmortalizar a este hombre menudo y soñador. Quizás no exista nada sublime en las palabras de Luis, pero el hecho de sentirlo vivo, de compartir inquietudes, de oírlo hablar, magnifica su imagen.
¿Qué es la amistad? Ese primer vistazo con otra persona es el primer pespunte de una costura que puede extenderse en el tiempo, abarcar décadas, continuar más allá de la muerte.
El negro y Tita se conocen en la cafetería del bloque 12. Ella charla con ese joven de Itagüí que asiste al taller de escritores de Mario Escobar. Maecha y el negro los abordan. Maecha conoce al joven. Hablan de política y de candidatos, por estos días hay elección de alcaldes populares. El muchacho de Itagüí hace proselitismo a un candidato cuya propuesta básica es trabajar por la ecología: invita a Maecha y al negro a una reunión. Tita no es propagandista política. Simplemente, es amiga de Carlos, que así se llama el muchacho. No media una presentación. Es común que suceda así: ocasionalmente se alterna con personas y no se tiene el detalle de una presentación. Es incómodo. Por ejemplo, dos parejas se topan en un andén, y los dos que se conocen, se saludan y traban conversación, mientras que los dos restantes, ajenos al diálogo, llenos de empacho, permanecen al margen, esperando. Sabiendo que es tan fácil decir: "¿se conocen? ¿No? Los presento", etcétera.
Después Tita y el negro coinciden en el curso de Literatura europea y se hacen amigos. Le agradan su silencio y su concentración en clase; también su modo de fumar, apartándose al rincón de la ventana, sentándose en el alféizar para incomodar lo menos posible a los demás. Le agrada asimismo su modo de vestir aburguesado y snob. No hace aportes en clase. En este sentido parece medrosa. En cambio, el negro es de los más polémicos. Logra ganar fama de estudiante avanzado. Ya se conocen de vista y de alternar en la cafetería, así que no hay problema en platicar, ahora en el salón o en cualquier otro sitio, que soy amplia. Forman un grupo de estudio para analizar a Kafka. Cambian teléfono. Aída y Norela son las otras integrantes. Tita es una estudiante entusiasta. Ama los libros.
Un gesto los aproxima. Una ocasión el negro se viste de lo más informal (pantaloneta, camiseta y zapatos de tela) y Tita elogia su atuendo. Una semana después el negro le devuelve el cumplido: celebra sus tenis rojos.
Entonces viene el fervor de la amistad, el vertiginoso vaciarse del semestre.
Un tejido con hilos de distintos calibres, unos delgados, otros recios, unos grises, otros irisados. El acto en que Tita le presta dinero al negro está atado con fuerte estambre dorado.
La primera vez que el negro ve a Luis es en clase de Hernán Botero. Luis se aparece por allí de vez en cuando y, al final, cancela la materia. Entonces no hablan. Luis parece llevar una vida azarosa, sin casa, pasando penurias. En torno a él se construye una suerte de mito: además de excelente escritor, ha leído toneladas.
Es un muchacho flaco, de pelo al rape; su rostro pequeño tiene paños. Un día el negro lo avista en la biblioteca. Luis camina entre los anaqueles con paso suelto y erguido, el capuchón del lapicero en la boca.
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