lunes, 20 de octubre de 2025

Monólogo de la u (novela, cap. 60)

El cometa Halley, mayo 18 de 1910, Kafka escribe en su diario: "noche del cometa". En 1986, febrero 19,  hay otro día del cometa Halley. El negro recién sale del colegio, de su moldeamiento lasallista, que él se resiste a que sea moldeamiento del todo. Pelea con los curas. Se dice que si en mis predios hay una monja, también debe haber un monje, y se empeña en buscarlo. Si la monja tiene antena, el monje tiene chucha, como dicen en la costa: vagina.

Ese breve apunte de Kafka en el diario. El cometa no le suscita mayor curiosidad. El resto del apunte: "he estado con Blei, su mujer y su niño; a ratos, saliendo de mi interior, he oído algo así como el gemido de un gatito, incidentalmente, pero con indudable insistencia". Y el negro a punto de cumplir veintiún años, estudiando para mi examen, enfocado en la lengua materna, en ese módulo de Rito Llerena, lo mismo que en talleres de pre-Icfes, etcétera. Por esos días ve en la tele el estallido del Challenger. En marzo presenta el examen y pasa. En julio comienza a estudiar. Es cuando lo conozco, cuando nos conocemos de verdad. Luego viene el Mundial de México, donde Argentina se alza campeón. 

El Halley, es el fin del mundo. Entre el 18 y el 19 de mayo de 1910 nuestro planeta cruza la cola del cometa, y el mundo contiene el aliento. Se teme al cianógeno, uno de los gases que componen los cometas. La bóveda celeste exhibe la cola de millones de kilómetros. Sondas espaciales (Vega, Giotto) salen a estudiar el Halley. 

Y Kafka solo hace esa anotación: "noche del planeta". 

El cometa 26P/Grigg-Skellerup, 1992. La sonda Giotto sale a su encuentro, llega a una distancia de 200 kilómetros, pero no puede tomar fotos, pues algunos de sus instrumentos se dañan al paso del Halley años atrás. El próximo acercamiento de este cometa al Sol, en diciembre de 2023, no es tan acercamiento como todos deseamos: pasa muy lejos. 

El negro toma apuntes en su cuaderno: entre las anotaciones de sueños y visitas a mis predios, aparece, pues, una anécdota sobre este cometa, el 26P/Grigg-Skellerup. Una simple anotación en la margen superior de la agenda. 1992, está a punto de recibir el título, está harto de mí, con ganas de terminar y salir al ruedo, a la liza con la tiza. y demás recursos didácticos: rotafolio, VHS, objetos oscuros, películas, fotografías, pizarrón, etcétera. Le incordian los viejos rostros de la carrera, en ocasiones hasta Aída y Tita.  

Uno de sus apuntes sobre mi entorno, reza: "Nora, la profesora de natación, estudia Química. Varias veces me cruzo con ella en el campus y cambiamos un saludo. Blanca, joven, gruesa, anchas espaldas, amable. Nora, un nombre de mi gusto". En seguida, en la margen superior de la hoja, corrige: "Dora". Un punto encerrado en un pequeño círculo al lado de la palabra a corregir y repetido en el margen superior, conecta los referentes: "Nora", "Dora". ¿Líos con mujeres? De una "N" a una "D", qué de historias puede haber, algún romance, una ruptura. El paso de un cometa que promete asombro y que, a la postre, no lo es tanto. La vida que se reacomoda, que hila aquí y desteje allá, como una plácida Penélope. Los lapsus que pueden causarnos un apuro cuando menos lo esperamos, una "N" por una "D". "¿Quién es Nora?" Bueno, entonces el negro tiene que hilar, hilar fino, porque de lo contrario el asunto se complica. "Nora es esa muchacha de la universidad que trabaja de profesora en una escuelita, que hasta debe cantarles a esos pobres niños". La parte interesada no queda muy satisfecha, pero el negro capea el temporal. Por supuesto, son Noras distintas. 

Edmundo Halley, astrónomo y matemático inglés, cataloga las estrellas del hemisferio austral. Desde el hemisferio boreal no pueden verse sino ciertas estrellas. Hay que darse un paseíto por la región austral si quieren avistarse otros conglomerados. Edmundo viaja a la isla Santa Elena a estudiar el cielo. Es amigo de Newton. Llega a la dignidad de astrónomo de la corte. Dirige el observatorio de Greenwich hasta su muerte en 1742. Halley hace el cálculo de la órbita del primer cometa reconocido, que lleva su nombre: 1P/Halley (donde "P" quiere decir periódico). Vaya, vaya, murmura el negro, diciéndose que el cometa influye, de algún modo, en su ingreso a la educación superior. Vaya, vaya, y luego el encuentro con esos cometas llamados Natalia Pikouch, Hernán Botero, Tita, Luis. La Tierra cruza la cola del Halley cuando Kafka realiza aquella breve anotación en su diario; igualmente, 76 años después, cuando el negro estudia para presentar el examen que lo aterriza en mis landas. 

     

       


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