Doblo en edad a Rosamunde. ¿Quién es Rosamunde? ¿Una homóloga británica? No, no es una universidad, es una escritora, una novelista (Las buscadoras de conchas, bello título, ¿no?). Rosamunde Pilcher nació en 1924, así que la doblo en edad, con creces. Una escritora exitosa, sus libros son llevados al cine. Muy pocos novelistas se dan ese lujo, que sus ficciones sean trasvasadas del papel impreso a la cinta de 35 milímetros. ¡Cintas! La de Mobious me gusta mucho, aunque no es una película, je. Rosamunde es un nombre bonito. También doblo en edad a Kafka, que murió el año en que nació Rosamunde. Muere, Kafka, un mandato, modo imperativo. ¿De qué modo podemos matar a Kafka? Una ejecución sumaria, como le ocurre al negro en un sueño. Un tipo lo recoge en una moto en las afueras de una barriada y lo transporta hasta una barraca en la zona rural, allí le informa que será ejecutado y le ata las manos. El negro argumenta, pero de nada le vale. La sentencia es inflexible. La resignación hace posible que el negro tenga otra vida. En seguida se ve descendiendo el camino veredal, ha dejado atrás a sus verdugos y, asimismo, ha dejado la vida. Quien regresa es, pues, una reencarnación. Todo parece indicar que es así. Todo ocurre sin dolor, como en una sedación. El sueño se vuelca a una calle urbana, a una avenida tumultuosa. Un muchacho de los que mendiga monedas en la calle corre tras de un bus detenido ante el semáforo, pasa por delante de la trompa, recorre unos metros por el costado y recoge del piso una moneda que el chofer le ha arrojado. El negro asiste a esta escena desde la otra acera. En la escena que sigue ve a dos niños que están a unos pasos de él; uno de ellos enfrenta una situación maluca, debe comunicar a su amigo que se va a vivir a Estados Unidos y, al mismo tiempo, despedirse. Han sido compañeros inseparables, de donde se desprende lo difícil del momento. El niño se llena de valor y, no sin lágrimas en los ojos, confiesa al otro aquello que le ataruga. Se abrazan en la acera, entre los arbustos, ante la mirada del negro, que no resiste y gimotea.
Homólogas británicas, Oxford, que en lo físico semeja, uy, una iglesia, un castillo. Esos ingleses. Mi diseño arquitectónico es ventilado y sobrio, una concha de piedra. Oxford, allí estuvo bastante tiempo el amigo Wittgenstein , a cuyo Tractatus logico-philosophicus le mete el diente el negro en el curso de Lingüística. Apasiona al negro, desde siempre, la vida de Wittgenstein, y no es remiso, no, en zambullirse en las arduas aguas del Tractatus. Muere, Kafka, imperativo. ¿Qué hace Wittgenstein en 1924? Rosamunde es una bebita, una adorable muñequita de rubios cabellos e hinchados carrillos, pero Wittgenstein está renunciando a la filosofía, aduciendo que no tiene nada qué decir, que su manantial está seco. Entonces, amigo Ludwig, exhorta a Moisés para que toque la piedra con su báculo, je. Brotarán las aguas. Una novela llevada al cine, Cuartas sueña con esto, es más, hasta sueña con hacer cine. Hijos de la nieve en formato de 35 milímetros, una película taquillera. El negro piensa que Cuartas no escapó a esa tendencia un poco delirante de tomar el narcotráfico como temática artística. Después de la película No futuro menudean las cintas y los libros de sicarios. ¿Qué tal es Hijos de la nieve? La verdad, no la he leído. ¿Será llevada a la pantalla? El tiempo lo dirá. En Boda blanca, ese filme que el negro y Tita ven en el Camilo una tarde, ¿es la figura de Wittgenstein la que está ahí, en el profesor de filosofía que se enamora de la estudiante? Es lo que se entiende. El papá de Wittgenstein es un industrial del acero, se enriquece surtiendo el material de las vías férreas rusas en la Primera Guerra Mundial, mientras sus hijos Ludwig y Paul pelean en diferentes frentes, Italia, Rusia, respectivamente. Así que en 1924 Wittgenstein declina la invitación de Maynard Keynes de volver a mi homóloga de Oxford, porque está arrasado, siente que su venero se ha secado. Y con razón, tras la hecatombe. Sin novedad en el frente, la novela de Remarque, ilustra esas calendas. Maecha pondera esta novela al negro, que la lee sin tardanza. Rosamunde dando vagidos y bebiendo del seno la leche de la futura escritora y Kafka muriendo y Wittgenstein diciendo adiós a la filosofía. ¿Y qué era yo en 1924? De colegio franciscano me he convertido en universidad estatal. Mientras, Kafka muere de agobio por la tuberculosis y la guerra. Hijos de la nieve, esa novela de Cuartas, debo leerla, lo mismo que Adentro una hiena, su último escrito. La pela en 2019, destrozado por un cáncer. Natalia Pikouch, haciendo frente al mismo mal, se le adelanta a las regiones sombrías en 2007, el mismo año que Mario Escobar. Fatal ese 2007 en que dos maestros del negro, dos de mis catedráticos, fallecen, Mario en abril y Natalia en diciembre. Kafka se les ha adelantado a todos ellos, con creces. Muere, Kafka, mandato. Las colegas de Natalia hablan con el rector para rendirle un homenaje póstumo en el museo, velar sus cenizas en una de las salas; el hijo de Natalia, Kolia, no quiere, pero al final se decide, con tal que sea algo íntimo, discreto. Así será.
Homólogas en todo el mundo, aquí y allá. ¿Qué lugar ocupo en el Ranking mundial de las universidades? En el Ranking mundial estoy cerca del puesto ochocientos, mientras que mi homóloga italiana, Sapienza, está entre las cien primeras ("El futuro ha pasado aquí", tal es su lema); pero en el Ranking nacional de facultades de Medicina lidero el cotarro, je. Homólogas mujeres, cuántas luchas, abiertas, soterradas, en una sociedad históricamente gobernada por los hombres. Sí, luchadoras, siempre ojo avizor a forjarnos una posición independiente. Meritorio esfuerzo, la búsqueda de nuevos espacios y valoraciones más acordes al tiempo y a nuestro destino. Homólogas mujeres, universidades, mundos, somos parte de esa vanguardia, no de un modo desmañado, sino con un criterio despabilado, consciente. Homólogas, aquí y allá, pugnando por transformar arquetipos. ¿Débiles corderos? En ningún momento. De colegio franciscano a universidad estatal, ojo con esto. ¿No implica esto, de algún modo, abarcar otra dimensión del futuro? "El futuro ha pasado aquí", hago mío el lema de mi hermana Sapienza. ¿Trabas? Todas las que se quiera, sí. De algún modo me he trazado un sendero, lo que conlleva unas decisiones. El negro se adhiere a mí con un poema, Natalia Pikouch con su dieta ayurveda, Mahecha con un cinco en Toxicología, Cuartas con Era tarde en San Bernardo. Espíritus libres.
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