sábado, 18 de octubre de 2025

Monólogo de la u (novela, cap. 57)

Si no me canso ya del parloteo, pregunta el negro. ¿De cuántos capítulos es la hilada? Soy un telar, hilo de continuo. Así es que surge el tejido, hilando. 

La universidad galáctica, me habré ganado este mote cuando acabe este monólogo. Es verdad, sueño con la Vía Láctea y el Sol en su costado, como una espada flamígera. El ángel que guarda el Paraíso. ¿Cuál es el origen de la palabra "galaxia"? Una galaxia es una nebulosa estelar, un gran sistema. Del griego "leche". Hera derrama la leche al alimentar a su hijo Hércules. La Vía Láctea. Por extensión se denomina "galaxia" a toda nebulosa estelar: Andrómeda, La nube de Magallanes. Son incontables, algunas no descubiertas aún, a pesar del poderoso telescopio espacial Hubble, que orbita la Tierra y presta tan buenos servicios a los astrónomos. Algunas están bautizadas con nombres propios: El lebrel, La virgen, El triángulo, El cigarro, El sombrero. Otras se identifican con números, de acuerdo al New General Catalogue, de John Louis Emil Dreyer, 1888. Una clasificación de objetos de cielo profundo: NGC 6543, NGC 7662, NGC 6826, NGC7009. Pura fantasía. 

Me relamo. Sí, por eso es que me mantengo parchada por acá, cerca a la facultad de Ciencias Exactas y Naturales, velando el pregrado de Astronomía. También estoy a un paso del planetario. Salgo por oriente, atravieso la Avenida del Ferrocarril y listo. A mirar el cielo.        

¿Cuál es mi equipo galáctico, mi Real Madrid? El negro es futbolista y me ayuda con la formación. Un equipo mixto. En la portería, Miguel; defensas centrales, la ucraniana y Mario Escobar; laterales, Luis y Tita; centrocampistas, Aída, Hernán Botero y Terry; delanteros, Tálaga, Maecha y el negro. La suplencia es numerosa y tan excelente como la titular. Alcántara hace de oxigenador, esto es, de aguatero. Nos alzamos con la medalla dorada en todo torneo interuniversitario que se atraviesa. Mi equipo estelar es invencible. Comenzando con los poemas de Luis, siguiendo con los ensayos de la ucraniana, etcétera.

Sigo al negro en sus momentos de futbolista. En los semestres iniciales intenta formar parte de la selección universitaria. Un mediodía, luego de la clase de Literatura rusa, atiende a la convocatoria, la primera práctica. Se esfuerza en su performance, ansioso de que el manager se fije en él y lo tenga en cuenta. Sale rumbo a las duchas y a la clase siguiente, donde no da pie con bola, por el cansancio extremo. Es una decisión importante: opta por no volver a las prácticas. No puede estar con medias tintas. Se consagra de lleno al estudio. 

De tarde en tarde se da un paseo por las canchas y observa el entrenamiento del seleccionado, diciéndose que él muy bien puede estar en el equipo, pero decide entregar todas sus energías a la academia. El deporte para los ratos libres, sin apuros de tiempo ni exigencias de un manager. 

Se da una vuelta por la zona deportiva, y de vez en cuando pide juego y se suma a un partido de carácter informal. En una de estas ocasiones, una tarde, alterca con un contrario al que apodan Andino. Este se queja de que el negro cae muy brusco. "Eh, negro, ¿está boxeando, o qué?" Creo que esta anécdota la trato ya en algún lado. No importa. Bien, el asunto no pasa de ahí. Otro jugador exhorta al negro a que no preste atención al Andino, que juegue como sabe. En fin, trata al Andino de chillón. 

Otra tarde el negro estudia por Ingeniería. Luego, ansioso de estirar los músculos y echar fuera de sí el aburrimiento, presta un balón en Deportes y se va a la cancha a hacer chutes. Se acerca un primíparo, un muchacho llamado Felipe. Es de Pasto, está recién desempacado en Medellín, estudia Ingeniería. ¿Le da juego? Claro, hombre, ni más faltaba. Entre chute y chute, gozan de una charla amena. Felipe es un chico tímido. El negro le anima, le habla bellezas de mí (¿ya conoces la biblioteca, el museo?), le cuenta un poco de su vida. Es una tarde soleada. Solo ellos dos practican en el enorme y verde campo de fútbol. El negro piensa en Smith, su hermano. Aquí puedes estar, como Felipe, estudiando una ingeniería, echando los bofes con las matemáticas, oxigenando la vida con deporte. Aquí puedes estar, mirando nuevos horizontes a la existencia. ¿Quién dijo que no puedes?

Un poco enternecido, nostalgioso (oh, Wito) de sus tiempos de novato, el negro se despide de Felipe, devuelve el balón y se va al Gatopardo a escuchar salsa. El mulato aporrea la conga en la pintura de la pared. El rostro dicotiledóneo, como una semilla de poroto, expresa las distintas fases del espíritu, cuando está en reposo y cuando está bajo el efecto de la música telúrica. La salsa, esa onda expansiva, cuyas radiaciones deben llegar hasta Andrómeda, nuestra vecina más cercana.       

                

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