Tita dice que la palabra es una coqueta, que hay que dejarse enamorar de ella, que escribir no tiene por qué resultar difícil. Tita es de las que escribe y no muestra. Talento tiene, ideas originales. El otro día relató a Aída y al negro el argumento de uno de sus cuentos, la historia de un amor en París, y los dejó boquiabiertos. Qué cosa tan bella. Solo faltaba una nonada, que lo escribiera. Así como Aída no llega a nada con la docencia, Tita tampoco lo hace con la literatura, a pesar de sus audaces concepciones. Mahecha, que es un escritor del montón, un poeta sin grandes vuelos, llega a algo, publica libros, organiza el lanzamiento y el cóctel, por la disciplina. Luis, que tiene un don especial para la palabra, que ha conquistado y se ha culeado a esa coqueta, no supera el miedo, no se lanza, por lo que su cosecha es pobre. Lanzarse. Aída consigue empleos como profesora o como promotora de lectura y al poco tiempo los deja. A no ser esos esbozos alegres, no conozco un cuento acabado de Tita, literal. Maecha se las arregla, en una labor pareja a su profesión de médico, para escribir cuentos y poemas, aunque, como Elkin Restrepo, carece de ese largo aliento que requiere la novela. Mario Escobar, pese a todo lo que se diga (algunos no se lo tragan), es un autor prolífico. Que ellos jueguen con esa coqueta, que yo me entretengo con las estrellas. Desde una tronera de la buhardilla de la biblioteca, en las noches claras, me asomo al espacio y contemplo las constelaciones. Separé un libro de la estantería, Estrellas, galaxias y metagalaxias, del ruso T. Agenkian. En mucho tiempo no había leído algo tan emocionante: "Entre las galaxias, igual que entre las estrellas, se puede encontrar galaxias enanas, galaxias de luminosidad mediana, galaxias gigantes y galaxias supergigantes. A nosotros, lector, nos ha tocado en suerte un caso raro. Nosotros vivimos en un sistema supergigante, en una galaxia supergigante. Galaxias tan notables por su luminosidad , dimensiones y número de estrellas como la nuestra se dan no más de una por mil galaxias. Y otro acontecimiento raro consiste en que una de las galaxias más próximas a nosotros, la galaxia NGC 224 (la Nebulosa de Andrómeda), es también una galaxia supergigante. Así que no todo es ordinario en nuestra posición en el Universo. El planeta en que vivimos ocupa una posición modesta entre los planetas del sistema solar, pero el propio sistema estelar nuestro es una galaxia extraordinaria en el mundo de las galaxias. No es la única, exclusiva, pero es extraordinaria".
Es en el techo de la biblioteca donde está la antena parabólica. La cuadra de Bello donde Mónica vive también luce una antena parabólica. Un día el negro acompaña a Mónica hasta su casa, conversan en la entrada, hasta que sale el papá, gruñendo, y hace entrar a Mónica. El negro no regresa a casa, sino que va hasta la antena parabólica, se sienta en su base, saca el cuaderno y escribe un poema. Desde esta tronera en el techo de la biblioteca también me atacan las ganas de escribir unos versos a las Nubes de Magallanes. El Universo, uy. Cómo con esa coqueta, la palabra, puede un ser humano sondear ese mundo extraordinario de los cielos y la tierra: Neruda. El negro me pide que no me disperse tanto, que atienda al año de los muertos, al tiempo en que estuve cerrada. Forzosamente, estuvo ausente de mis predios. Fue una locura. Méndez se mandó mudar entonces. Como Lord Byron, el cual dice que su corazón se posa en la primera percha que encuentra, el negro sobrelleva un ardido y sufriente amor por esta y aquella y la de más allá. Por este tiempo es que el profesor presenta la película La guerra del fuego. Sí, guerra es lo que había, muertos. Pero, ¿para qué escarbar en la llaga? ¿No es más confortante soñar, con Tita, un amor en París, la historia de Rafael de Valentín, o navegar por las estrellas con T. Agenkian? Ya habrá tiempo para hablar del año de los muertos, los sociólogos e historiadores apretarán millones de caracteres en libros abultados, mientras Tita acude a la retreta del Parque Bolívar ansiosa de ver a su amor de turno, un músico que toca el corno inglés, esto es, una variedad de oboe. Por las iniciales del nombre escritas con fina recurrencia en su cuaderno de notas rastreo el amor del negro, una estudiante de Artes. Es un enredo la vida de la familia del negro en este año de los muertos. Hospitalización y cirugía de una tía proveniente de Urabá, larga e incómoda visita. Viaje imprevisto de la madre y los niños a la costa, a raíz de la infidelidad paterna. La ramplona y tediosa historia del noviazgo de una de sus hermanas con un vicioso.
Así que habitamos una galaxia supergigante, vaya, esos rusos. Qué cosas no habrán descubierto en los cielos. Cosas que, por fuerza, deben permanecer secretas, como el nombre de la muchacha que desvela al negro.
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