sábado, 4 de octubre de 2025

Monólogo de la u (novela, cap. 24)

El negro es bastante misterioso con las funciones naturales del cuerpo, pero yo sí me echo mi cagada todos los días, religiosamente. Me siento tranquila y, como Mónica, comienzo a leer. Pero no leo papel impreso, un libro, no: leo los muros. En este instante me siento, de algún modo, como Méndez, ese muchacho que tenía su pleito con los muros. Me recuerda al personaje de Paisajes después de la Batalla, de Juan Goytisolo, que también pinta las paredes, pero no como pintor de brocha gorda, sino con spray, con intención vindicativa. "Spray", palabra-vida para Méndez, palabra-fuego, palabra-cometido, palabra lucha. Méndez, ese muchacho de Bello, puta vida. Cómo nos damos el lujo de derrochar tanta vida, tanto talento, tanta ilusión. 

Pero voy en mi cagada. No puedo interrumpirla por ponerme a pensar pensamientos peligrosos. "Piensa y lucha", dice ahí. Esto me concierne. Esto que leo en el muro me concierne: "piensa y lucha". La lucha de Méndez consigo mismo, con Homero, con el mundo. Me concierne, de verdad, porque esta vieja de tetas secas aún no entrega todo, aún tiene un buen saldo en el haber. Hago cuentas y aún tengo un buen saldo en el haber. También en el debe, ¿cómo no? Ahí está. Tantas cosas, negligencias, infamias que sería preciso reparar (olvidar, nunca). "Compañero Hamilton Chica vive", leo ahí. "Diamanticos", así es como Smith, el hermano menor del negro, llama a los bollos; yo los nombro bollos, simplemente, sin complicaciones ni eufemismos. Diamanticos, ese Smith se las trae. ¿Qué es el diamante sino una variedad del carbón? Ese muchacho es una lumbrera, cómo me gustaría tenerlo en mi claustro, estudiando una carrera. ¿Derecho, como Bon? ¿Medicina, como Philip Carey? No, Ingeniería. Ay, ¿cómo es que esta vieja de nalgas escurridas, rumiadora como una vaca, aquí, en el baño, mientras defeca, piensa en Smith, el hermano menor del negro que no da pie con bola con el estudio? Estudiar, ¿palabra-destino? Dos cagadas a lo sumo (aunque yo creo que ni una) se ha echado el negro en la u. Seguro recoge los pies contra la taza para que los que pasan no adviertan sus zapatos; o quizás solo muestra la punta de estos, para marcar territorio. Este negro es místico, de verdad. Si esto es con una cagada, ¿cómo será en el amor? Yo sí, igual que Mónica, extiendo las piernas, relajo el cuerpo, que vean que estoy en lo mío, que el baño está ocupado, y no me eximo de expulsar ventosidades, ruidosas, por supuesto. ¡A todo taco! "Hamilton". Ese viejo Sam Hamilton, de Steinbeck, hermoso. "Compañero". En ningún otro sitio que en la u, en mi predio, cobra una dimensión tan bella, tan cargada de futuro, la palabra-compañero. "Hamilton Chica vive". 

"¿Quieres culo? Llámame, Patricia, teléfono...", leo allí. ¿Anoto el teléfono? "Culo", qué palabra. Palabra-verdad, palabra-libertad, palabra-fraternidad. Sí, fraternizamos por el culo. Ese negro tan pudoroso, no pela el culo por ahí, no caga en cualquier parte. Sé que tampoco él anotará el número, porque no quiere culo, quiere chucha, chuchona, poesía. Seguro que Méndez tampoco anotará el teléfono. En Méndez hay cierta santidad. John Wilson sí lo anotará, y llamará, así sea para pajearse a distancia, barbotando  obscenidades. "¿Quieres culo? Llámame. Patricia", hermoso. Seguro que ese viejo Sam Hamilton, pese a todos los rezagos de la religión ( o precisamente por estos), le talla el culito a Liza, su devota mujer. ¿Es así que se llama su esposa? ¿Liza? ¿Quién es mejor, Steinbeck o Faulkner? El negro prefiere a Faulkner, con todo y su Biblia, lo prefiere. O por su Biblia, más bien. 

Esta cagada está muy literaria, o esta literatura está muy cagada. Así son las cagadas de Mónica, que lee en el baño. ¿También culea en el baño? Y los profesores culean en la oficina. Y los gatos culean en la buhardilla, luego de desplumar a los pajaritos. ¿Es una paloma un pájaro? Que alguien dilucide la cuestión. Villanos, esos gatos, pero también son tan dulces. Y esos hombres que compran una bolsa de maíz para alimentar a las palomas de los parques. Pero, ¿de verdad las palomas son pájaros? Una paloma elude la definición de pájaro. Es otra cosa. "Llámame, Patricia, teléfono...", gata ninfómana, en busca de manducante, como si fuera una lavandera a la orilla del terso río entre la plantación. Esta Patricia, nombre hermoso. Así se llama la novia de Andrés Caicedo, lo mismo la novia de Méndez en la novela del negro, Los condiscípulos. También se llama así una estudiante de Artes de la que el negro anduvo prendado cierto tiempo. 

Olor conducente a descanso, oh, Jehová. El vaho de mis intestinos, mis flácidos y almorránicos intestinos. ¿Y esos respingos de la gente apenas se acerca? Tan delicados. Mentira, es que este vaho es agresivo. El olor de los intestinos, que a veces se trasvasa, sutilmente, al aliento. Sutilmente. "Llámame". ¿Qué tipo de tipa es esta Patricia? Me gustaría conocerla. ¿Y protagonizar la escena de la princesa y Keiko en la casa de Honda, en El templo del alba? No hasta allá, pero sí cruzar unas palabras con Patricia. me parece una mujer interesante. De pronto resulto demasiado decente, esta vieja menopáusica que tanto ha vivido. "Decencia", Mónica abomina de esta palabra. 

"Combate con amor, que yo te doy la retirada", leo allá. He aquí, pues, lo que exhorta esta pintada, como diría el personaje de Goytisolo. No emplea la palabra "grafiti", sino "pintada". ¿Lo escribió Méndez? El negro jamás escribirá un grafiti. Esta faceta de Méndez de pintor de muros despierta emulación en el negro. ¿Qué alcanzó a ver Méndez con el spray? "Combate con amor", "combate", "que yo te doy la retirada", "la retirada". Ese cuento de Cortazar, Reunión. Plomo a toda. El culo de Patricia por la retirada y el plomo de la reunión (la figura del Che allí presente, dando plomo), la reunión de los sexos, a plomo, a bala, retirada. Paisajes después de la batalla, la admiración del personaje por Julio Iglesias, que se culeó a miles de mujeres, decenas por día, según Luis. ¿Acaso Luis envidia todos los culos que se comió Julio Iglesias? Relamida, la voz de Julio Iglesias. El personaje de Goytisolo no culeaba, estaba separado de la mujer, se pajeaba mirando niñas de doce años. Así que Julio Iglesias culeó por todos aquellos que no culean, que ansiosamente, y muchas veces en vano, anhelan un culo. ¿Y por qué culeó tanto ese señor Iglesias? Y cuando este señor Iglesias envejezca y no controle esfínteres y se haga caca en la ropa, ¿recordará sus culeadas? Por supuesto, ahora con mayor deleite. 

"La universidad tiene sida", leo allá. Seguramente, tengo sida, covid y otras muchas pestes. Cuidado conmigo, señores higienistas. Ah, tengo el culo ardido de tanto bollo que di al sumidero. Será difícil vaciar, se atascará y rebalsará y nos cubrirá la mierda. Mierda por mierda, como dice el negro cuando se va de la mano en sus intervenciones en clase, fastidiando al profesor que lo fastidia con su perorata. Mierda por mierda. De verdad, ¿y si este bollerío se atasca y rebalsa? Habrá que subirse en una balsa y abandonar mis predios, de prisa, perseguidos por la mierda. Por los diamanticos de Smith. "Sida", esa muchacha de Idiomas que estuvo en el concierto de Milton Nascimento en Nueva York. ¿Cómo es que se llama esa muchacha? ¿Lucía? "La universidad tiene sida". Limpiarme bien el culo, con la mano contraria, según aconsejará su mujer al negro, para una perfecta higiene. La mano contraria, parece el nombre de una organización clandestina. Bueno, nosotras las mujeres inventamos unas cosas. Limpiarme bien el culito, se hará lo posible. Jamás queda limpio del todo.

"Piensa y lucha", vuelvo a este, es el que más me gusta. ¿Veo al negro en el monte, embrazando un fusil? No sé. Este negro es un misterio, un condenado acertijo. ¿Y Mario Escobar? Mario Escobar va al monte, a Urabá, pero a escribir, que es otro tipo de lucha. ¡No! ¡Dar plomo! ¡Dar plomo! ¡Plomo! De esto es que hablo, no de maricaditas. 

Un gato (¿o una gata japonesa?) espía mi salida del baño, yo toda discreta y señora. Toda perfumada de olor conducente a descanso, Jehová. Disco rayado. No descansas, no te hartas, así te sacrifiquen millones de víctimas. No te hartas, Jehová de los ejércitos. Y tanto que te falta por hacer. "Piensa y lucha", sí, es el que más me gusta. Pero también leo el de allí: "Mi alma quiere volar libre como el viento". Uy, qué turra.                 

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