Aquí entra Queipo, en los numerales 6 y 7, diseño curricular y currículo. Es una jerarquización de la estructura educativa, de lo más inmediato a lo más lejano, comenzando por la clase y terminando con la ideología. Queipo entra en los pasos 6 y 7, diseño curricular y currículo, su especialidad. La misma del colega Ramiro Galeano. ¿Enumero los pasos restantes? Ahí van: luego de la clase vienen el plan de lección, plan de unidad, plan de estudios, programa académico, diseño curricular, currículo (aquí entran Queipo y Ramiro Galeano, el Dúo Fantástico), educación y, por último, ideología, que es lo primero, vistas las cosas en profundidad.
Todo esto lo enseña la profesora Lucy en el curso de Didáctica. El negro rara vez toma notas, pero esta ocasión anda de humor. También copia unas líneas sobre los fines de la educación : el hombre, el alumno, el saber, el método, la sociedad. Los fines educativos responden a la pregunta: ¿qué clase de elemento se desea alcanzar? Un apunte más, el último que el negro toma en esta clase: "hay que adecuar el nivel académico al rendimiento del alumno". Sí, porque puede haber un alto nivel académico y un alumno sin ninguna base. Desfase.
El rendimiento académico del alumno, ¿de qué depende? De un sinnúmero de factores. El negro ya tendrá tiempo de observarlo cuando reciba el cartón, donde lo acredito como maestro, cuando entre en lid con la realidad. Todo no es más que un simulacro, una mascarada, hasta que la realidad nos sale al paso y nos exige la acción. Lucy y su jerarquización de la estructura educativa; Queipo y su currículo, sus decretos. Lucy, ¿es ella quien muestra al grupo La guerra del fuego? El negro no lo recuerda. Tampoco recuerda al profesor que lo pone a leer El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. Debe ser Omar, el de Introducción a la sociología. La guerra del fuego. Cada que ve a Lucy, la profesora de Didáctica, el negro piensa en La guerra del fuego y en aquella otra Lucy, la pequeña austrolupitecina antecesora del género homo sapiens sapiens. En su filme Annaud retrata a la horda de ochenta mil años atrás, cuando el hombre no es capaz de hacer fuego por sí mismo. Con el coito no hay problema. Una mujer se descuida al pie de un río y zas. Ante la vista de la horda. Las caderotas de la profesora Lucy hacen pensar al negro en este pasaje de la película: unas nalgas pálidas inclinadas ante el río. Tiempos bárbaros, cuando el hombre no adquiere aún el habla ni la escritura. Las hordas se atacan en procura del fuego. Uno del grupo, el más viejo, carga y lleva a todas partes un cuenco con una llama. Esa breve incandescencia es la clave de la supervivencia, la vida, la razón por la que esta ciudadana del mundo, yo, la u, y el propio negro, estamos aquí.
Yo sí he visto arder fuego en mi ciudad, buses incendiados, víctimas humanas carbonizadas. He sido testigo de muchas conflagraciones. También en Artes, del lado del aeropuerto, veo candeladas, quemas de trabajos del semestre, basura, en suma. Hoy pasa el camión reciclador y arrumba con los trebejos. El negro también asiste en alguna ocasión a una de estas quemas.
Otras veces, como parte de la programación de Artes, se organiza una exposición efímera. En la zona de prado y árboles del aeropuerto los artistas distribuyen pinturas, tejidos, esculturas y cerámicas para deleite del público. Tálaga, sin duda, participa alguna vez. Animado espectáculo. Grupos de jóvenes, unos más nutridos que otros, se disgregan en el predio. Suenan alegres arpegios de flauta y golpes de tamboriles. Algunos juegan fútbol. Otros fuman su pitillo de yerba. Unos más escuchan música, hablan, ríen. Tras el examen de Lingüística el negro se da una pasada por allí. Toparse con esa suerte de feria le alegra el ánimo. Se sienta en las gradas del estadio de atletismo. Distingue a un conocido, un melenudo de aire latino, un barbilindo de piel parda; momentáneamente, este sujeto de cabello en cascada se ha separado del grupo de amigos y se dedica a una serena contemplación de la tarde. ¿Qué piensa? ¿La faceta melancólica de la turra? El negro no se detiene a reparar las obras de arte. Recuerda ese relato de Hawthorne, donde la pira acoge, con criterio plural, todo, objetos materiales e instituciones enteras. Solo mira, al pasar, un dibujo pegado al tronco de un árbol. Representa una mujer desnuda. Los trazos son simples. Del sexo de la mujer nace el espinazo de un sapo que, con las patas estiradas al máximo, exhibe el vientre, siendo casi otra mujer. El monstruo femenino, piensa el negro, tomando nota de la tensa y desafiante sensualidad de la mujer. El dibujo tiene cierto ritmo de ballet. Saber que todas estas obras serán quemadas una hora después, como una ofrenda a lo banal, lo llena de inquietud. Ya tienen fama estas exposiciones efímeras. Son obras de taller que se acumulan y estorban en las aulas. Se exponen al público por un rato y se entregan al fuego, que guerrea con ellas y, finalmente, las consume.
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