sábado, 20 de abril de 2013
Teddy, por Salinger
Al final de este cuento hay una concepción sobre la educación, propuesta, precisamente, por Teddy, a petición de Nicholson, su interlocutor. ¿Qué piensa de la enseñanza un ser que asegura haber pasado por diversas encarnaciones, seguidor de Veda? Sus ideas pedagógicas van en contravía de los modelos en boga, de la Señora Lógica. Este Teodoro Macardle (Teddy) se las trae: "No empezaría con las cosas con que por lo general comienzan las escuelas"... "Reuniría a los niños y les enseñaría a meditar"... "Trataría de enseñarles a descubrir quiénes son"... "Les haría olvidar todo lo que les han dicho sus padres y todos los demás"... "Les haría vomitar hasta el último pedacito de manzana (la Lógica) que sus padres y todo el mundo les han hecho morder"... "Que empezaran con las verdaderas formas de mirar las cosas y no mirándolas como hacen todos los comedores de manzanas"..."Se necesitaría mucha meditación y vacío para recuperarlo todo, el conocimiento consciente (todo está ahí), pero uno podría hacerlo si quisiera, si se abriera lo suficiente".
Antes de morir, antes del final, Teddy postula y comunica a Nicholson, una especie de psicólogo, sus convencimientos sobre la educación. Todos sabemos cómo acaba el cuento: Teddy va sereno a su cita con la muerte, en la piscina del barco en que viaja con su familia. No tiene miedo. ¿Por qué habla precisamente sobre la educación, sobre el ser, antes de morir? Porque es un tema vital para la sociedad. Cuánto más para esa sociedad estadounidense, enferma, con tantos prejuicios, traumas y problemas. Es aterradora la seguidilla de atentados de psicópatas que vemos en las noticias. Un país de megalómanos y guillados. Quizás debido precisamente a lo que Salinger denuncia en su cuento Teddy: el sacrosanto monopolio de la Lógica.
Plenitud por la meditación, por la búsqueda del ser, es lo que propone Salinger en su cuento Teddy, una terapéutica, una curación por la reflexión, la introspección fecunda. Esto no vale sólo para los Estados Unidos, sino para todo este orbe desenfrenado, embrutecido, alienado, al borde del colapso. Teddy enfrenta sin temores la muerte, porque se sabe eterno, pero también quizás porque este mundo le parece demasiado estúpido.
Yo soy profesor. A diario siento resonar en mí las palabra de Teddy sobre los comedores de manzanas (los súbditos de la Señora Lógica, de los Lineamientos Curriculares, de los Planes de Estudio, de las Competencias, de los Diarios de Campo, de los Libros de Disciplina, de los Comités de Convivencia, de las Planillas de Notas). A diario medito que todo esto está mal encaminado, que es preciso hacer un alto y encauzar de nuevo los pasos. Quizás no sea posible, porque existen fuerzas contrarias demasiado poderosas y enemigas del cambio.
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