He aquí, pues, al
monje, Fray Rafael. Es quien dirige el cotarro cuando comienzo funciones en
1803. Otras fuentes aseguran que es mi primer alumno. Entonces me emplazo en el
costado norte del Parque Berrío y me llamo Real Colegio de Franciscanos. He
aquí, pues, al monje. Se supone que anda por ahí, pero al fin aparece. Ese
mismo 1803 se inicia la construcción del Paraninfo (mi Aula Máxima), en la plazuela de San Ignacio,
donde se yergue la estatua de Francisco de Paula Santander, El hombre de las
Leyes.
Es el general
Francisco de Paula Santander, en 1822, quien decide que me llame Colegio de
Antioquia. En 1901 tomo definitivamente mi nombre: Universidad de Antioquia.
Parece que no hay
rastro del monje, pero anda por ahí: el negro lo descubre y lo desenmascara.
“Ah, viejo Rafa”. En las primeras de cambio ofrezco los programas de Gramática
y Teología, más tarde abro la escuela de Artes y Oficios y la Facultad de
Minas.
¿O será Fray
Junípero? El negro recuerda el comic en la prensa. Cuántos comics, El Fantasma,
Mandrake, Fray Junípero. Los lee todos, de cabo a rabo. Son los tiempos del
colegio. Todavía no se cruza con el monje y su hábito. Que una universidad como
yo tenga estos orígenes frailunos, je. Pero algunos de estos monjes son unas
eminencias, mentes esclarecidas.
Suficiente tiempo
para conocer al monje: el negro labora como docente en el colegio Fray Rafael
de la Serna, al lado de la Regional del Trabajo, el Sena, la Minorista. Visita
con frecuencia mi homóloga la Autónoma. Está interesado en pertenecer al grupo
folclórico de esta institución. Una tarde estudia un rato en la facultad de
Sociología de la Autónoma, antes de dirigirse a Girardota a dictar una clase. Fray
Rafael, el grueso hábito que cubre hasta el cuello, el cordón con los nudos de
los votos. Fray Junípero evangeliza en México y California (esa bella novelita de Steinbeck, Tortilla Flatt). Suficiente tiempo
para conocer al monje, para saber que tiene vagina, o crica, como dice Luis.
El general Santander es otro monje vestido de leguleyo, por algo se llama Francisco. La espada siempre está acompañada del evangelio. Carlos V acaba en el monasterio de Yuste, el hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso. El Papa Francisco canoniza a fray Junípero. Qué ironías de la vida, el negro siendo tan rebelde y hace casi todo su periplo académico con curas. En el periodo laboral los encuentra de nuevo. Junípero, vaya nombre. Español, fina en Estados Unidos. Contemporáneo de George Washington, primer presidente de esas comarcas. El viejo George Washington, otro monje (Rimbaud, eres negro). Toda esa gente usa hábito, lo que ocurre es que lo llevan de repuesto, para las horas terribles. Lo usan según la ocasión. Fray Rafael de la Serna, es él. Pero no veo una estatua suya en mis predios. Un medallón al menos. Una placa. Debo estar cegatona, eso es. Esos monjes parecen unas damas adustas. Natural pensar que tienen vagina. ¿También de repuesto? ¿Que el negro es un poco franciscano? Por eso de trabajar con estos monjes y por el cacareado sentido de pertenencia. No, el negro no digiere esas monsergas. De niño quiere ser monaguillo, pero no para tanto. Un profesor laico, es lo que es. También yo me tomo por laica. El colegio Fray Rafael y mi homóloga la San Buenaventura, el mismo caldo. Ahí está el negro. Mira la edificación consagrada a la pedagogía desde el orden confesional y el pensamiento dogmático. Pedagogía cristiana. El padre Andagoya, el monje que dicta religión. Lleva décadas en el colegio. Pronto me desprendo del nexo con la sotana. ¿Y el negro? ¿Debe trabajar en el asunto? Se muestra amable con el padre Andagoya. No se resiste a acompañar a los grupos a la santa eucaristía. El padre Andagoya se irrita fácil. Mejor no provocarlo.
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