martes, 31 de agosto de 2021

Natalia Pikouch (Cap.26.)

*El diálogo por wasap continúa: “Llámeme a las 9 de la noche”, “ok, compa”. Unos minutos antes de esta hora estoy ojo avizor con el reloj. Las nueve son las nueve y Guzmán es un hombre que trabaja. Hay que ser serios. Sin embargo, lo llamo a las nueve y cuatro minutos. Una llamada por wasap. Guzmán contesta en seguida. Tras un preámbulo de cordialidad, vamos al grano: Gala Pikouch. Guzmán me advierte que está estresado, que debe terminar un informe, y se disculpa de antemano si su relato, debido al cansancio, pierde la magia de la que lo reviste el solo nombre de la hermana de Natalia. Le propongo que grabe un audio y me lo envíe, así zanjamos el asunto y todos contentos. No, Guzmán quiere darme una idea, hablarme de Gala Pikouch así sea con llaneza. Por supuesto, también grabará el audio. ¿Cómo rechazar tal gentileza?

En la u se regó el rumor de que los masajes de Natalia Pikouch curaban los dolores de cabeza. Los colegas acudían a ella. Por esa misma época Natalia recibió la llamada de su hermana, de la que vivía separada hacía años, una en Colombia, la otra en Ucrania. La hermana se llamaba Gala. Gala contó a Natalia que ellas dos, por herencia ancestral, eran brujas blancas y tenían el poder de curar. Advirtió a Natalia, sin embargo, que no usara este poder, porque, por alguna circunstancia, el dolor de cabeza que le quitaba a uno, se le pasaba a otro.

En esos días la situación económica en Ucrania no iba viento en popa, y Natalia convenció a Gala de que viniera a Medellín, donde ella le tendría preparado un buen grupo de clientes. Así fue. De 1994 a 1996 Gala vino una o dos veces por año y realizaba sesiones de sanación a la clientela reclutada por Natalia, colegas de la u, principalmente. Las sesiones eran privadas y costosísimas. Se llevaban a efecto en la casa de Natalia que, me confirma Guzmán, ya no vivía en Bello: su status de profesora universitaria le daba para costearse un alojamiento en un mejor sector. Dice Guzmán que en esos días Natalia tenía un enamorado. No, no era el profesor Hernán, era otro, uno que incluso fue compañero nuestro. Guzmán no recordaba el nombre.

La sesión era una cosa mágica. Guzmán estuvo dos veces, y también llevó a María alguna vez. Guzmán dice que la primera vez lo disfrutó mucho, la segunda aquello se le antojó pura mercadería. No, no recuerda a qué sector se mudó Natalia luego de vivir en Bello. Era una unidad, algo muy cómodo y simpático. Guzmán no cree que yo haya visto a Gala alguna vez, así fuese por causalidad. Debe tener razón, porque en esos días me separé de mi mujer, dejé el apartamentico de Carabobo con Moore  y me fui a vivir con mi hermana en Conquistadores. Gala venía por pocos días, atendía a sus pacientes y regresaba pronto a su país. No era dada a salir por ahí, entre otras cosas porque no sabía ni jota de español. Volvía a Ucrania forrada en pasta. ¿Cómo despreciar esa oportunidad? Natalia le organizaba los grupos y la bruja blanca venía y curaba. Pasta colombiana, producto de las migrañas criollas.

Guzmán es otro que sufre de migrañas. En plena pandemia abandonó el trabajo con alumnos y se convirtió en maestro PTA, asesor de docentes en los colegios. Guzmán dice que ser maestro PTA hoy no es tan fácil como años atrás. Ha aumentado el trabajo y se han impuesto un montón de cargas burocráticas. Informe tras informe. Andaba estresado. Además de las migrañas, tiene problemas auditivos. Debe visitar un plantel del Popular 1, tres veces por semana, y presente informes. Claro, con los docentes es mejor que con los pelaos, estos desgastan demasiado.           

 


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