El caballo no tiene escapatoria. Está atrapado entre la primera y la tercera fila enemigas, a merced de la torre y el rey. Aronian se las ha ingeniado para atraparlo. Qué partida la que le gana a Anad, sacrificando piezas, avanzando y coronando peones, quedando al final con la calidad. Una apertura de gambito de dama, donde Anad rehúsa el gambito y juega c6. Maravillosa partida. ¿Cómo puede un ajedrecista poseer tal capacidad de cálculo? ¿Cómo anticipó Aronian esa genial serie de movimientos que, pareciendo desventajosos, a la postre le darían la victoria? Esta partida tuvo efecto en el XXIV Torneo Morelia, Linares 2007, donde Anad, pese a haber perdido este lance con Aronian, se alzó con el campeonato.
Atrapado, como ese caballo de
Anad, tal ocurre al escritor con la historia. La historia de Natalia Pikouch se
ramifica, aparece Gala Pikouch. Envío un wasap a Guzmán: “Buena tarde.
¿Recuerda cómo se llama la hermana de Natalia Pikouch que hacía rituales de
sanación? ¿Aparecerá algo de ella en Google?” Me responde, sucinto: “Gala”. Esa
sequedad me deja picado. Envío otro wasap al amigo Guzmán: “Gracias, ¿podría
darme más información sobre ella?” Me responde: “sí, claro. Es una historia
maravillosa. Llámeme”. Y vuelta a escribirle: “Ok, ¿a qué hora está sin mucha
ocupación?” Hay que ser delicado con los amigos, no abusar de su tiempo. Sin
embargo, muero de ganas de que Guzmán se desocupe pronto (es docente) y me
cuente la historia de Gala.
Lo primero que se me viene a la
cabeza es la mujer de Salvador Dalí, que se llamaba Gala. Artistas europeos,
Primera y Segunda Guerra Mundial, Dalí viviendo en un castillo entre la
abundancia y la excentricidad. Gala Pikouch (¿tal vez la vi algún día en los
entreveros de la época de la universidad? ¿Tal vez la vi y no la recuerdo?), y
la misma Natalia, me recuerdan las pinturas de Marc Chagall, los poemas de Paul
Eluard y de García Lorca (Poeta en Nueva York), orbes cruzados de surrealismo.
Gala Pikouch tenía algo de bruja, ha dicho María. Yo diría más bien que era una
espiritista. Digamos que el saber de Natalia era más ortodoxo, más centrado en
la realidad, filóloga y literata. Pero es que aquellos pueblos eslavos, con su
cristianismo y sus balalaikas, tienen un no sé qué de loco y descentrado. “Vaya
a una iglesia y prenda velas”, dice María que le ordenó Gala al final del
ritual. ¿Cómo se las apañaría Natalia con esa hermana excéntrica en Medellín?
Se adelanta algo, de a poquitos, al menos sabemos ya que la hermana de Natalia
se llama Gala.
Aronian es armenio, lo que de
entrada siempre me lleva a la Primera Guerra Mundial y el exterminio armenio,
del que se culpa a los turcos principalmente, al Imperio Otomano, La Sublime
Puerta. El Gran Crimen, así se llama a ese suceso, ocurrido entre 1915 y 1923.
Aronian es un jugador de la élite mundial del ajedrez, otro de mis favoritos.
En 2020 perdió a su novia, Arianne Caoili, en un accidente de tránsito. Arianne
también era ajedrecista. De origen filipino, se había nacionalizado
australiana, país por el que competía. Aronian venía jugando muy bien, pero
este infausto lo despedazó. Llegó a ser segundo en el ranking, se vaticinaba
que sería campeón del mundo, pero ha defeccionado un poco. Ahora vuelve por sus
fueros, se anota algún tanto en el Chess Tour.
“Invención”, palabra suprema.
Igual que en literatura (y todas esas “turas” de las que habla Olivera en
Rayuela), es la clave en ajedrez. Es el poder y la libertad de crear. Allí hay
un mundo grandioso que solo es dado comparar con el número y la magnitud de los
cuerpos celestes. Aronian en sus mejores partidas es un creador jineteando
mundos. Lo mismo Alekhine, Cortazar, Miles Davis. Algo en Gala Pikouch la
imbrica a ese universo de París y la Maga con sus tarjetas de Paul Klee, de
Olivera y su jazz cool. Francia, el país de la libertad, donde Alekhine halló
refugio, tiene un glorioso pasado revolucionario. La Revolución de Octubre fue
otra cosa, diría Natalia, instauró al régimen de los verdugos, a los comunistas
y sus mataderos. Francia se decantó por la república, por la democracia. Los
soviéticos, por el gulag. No sé, ahí está Aronian, cuyos ancestros acaso
también fueron víctimas del genocidio armenio, trabado con Vachier Lagrave (que
es francés) y con Ivanchuk (que es ucraniano) en el bello combate del ajedrez.
Ahí está Guzmán expurgando sus recuerdos, y estoy yo como un carroñero en
espera de ese expurgo, para encontrarme con Gala Pikouch en un sustrato de
irrealidad y verdad.
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