*En plena pandemia iré tras tus obras, en una
intensa búsqueda bibliográfica, y al final encontraré Cinco ensayos sobre
literatura rusa contemporánea. Era más que eso. Tras las obras late la vida del
autor, y era hacia allí que me encaminaba, tu historia. ¿Cómo es que una mujer
ucraniana llega a vivir a Medellín, trabaja como profesora universitaria, se
las ve con su rol de madre cabeza de hogar y sale adelante con su pequeño hijo?
Al final está lo otro, claro, lo incontrastable: pensionarse, decaer, sufrir el
azote de una enfermedad y finar. No era solo requerir por tus producciones
literarias (dato ofrecido en la solapa del libro que poseo), era también saber
de ti, interrogar a los condiscípulos de la u, a algún colega tuyo de esa
época, qué recordaban de Natalia, la profesora de literatura rusa. La verdad,
logré recabar escasa información entre los amigos. Fuera de alguna semblanza
escrita por una amiga educadora y hallada en Internet, muy pocos datos
biográficos están a la disposición del investigador en este medio. Hay que
cribar más fino. Recurrir a fuentes más cercanas. Con el profesor Hernán, que
fue muy próximo a ti, pude averiguar un poco más. Fueron entrevistas por
teléfono, debido a las restricciones de la pandemia. Me hubiese gustado
contactar a tu hijo Kolia. Hallé su nombre en Google, pero no pude avanzar más
allá. Los apuntes en mis cuadernos eran lo más fidedigno. Durante los años en
que fui tu alumno en la u, y luego, en los meses posteriores al egreso de la
academia, las anotaciones en estos dan cuenta de ti. Apuntes esporádicos, es
verdad, pero que hilan de algún modo nuestra relación. Podemos llamarlo
amistad. Porque lo que hubo entre nosotros no rebasó los límites de lo
convencional, la simpatía entre una profesora y un estudiante. Yo era más
evasivo que otra cosa. Y tú eras la que siempre tomaba la iniciativa. Te
gustaba el aura de esquivez y desesperación en que me movía. Y, sobre todo, te
gustaba como escribía. Eso puede atar a una persona con respecto a otra, la
escritura. Y tú veías que mi impulso artístico (mi afán con las letras) iba más
allá del simple desempeño académico y la vanidad de obtener notas brillantes.
Eso lo oliste en seguida. Por eso empujaste las cosas más allá de lo normal y
me prestaste tus libros amados, y fue así como conocí a Ajmátova. Así que a los
cinco meses de decretarse la pandemia, contrariando las recomendaciones
sanitarias de que hay que quedarse en casa, iré a una librería y compraré tu
libro de ensayos. ¿Qué otra cosa podía unirme a ti sino un libro? Eso estaba
prefijado desde los tiempos de la u, desde la primera clase que nos dictaste
aquel mediodía en un aula del tercer piso del bloque once hace tantos años. No
sé por qué tengo el recuerdo de que aquellos días fueron refulgentes,
encandilaban. Tal vez sea una sugestión. La juventud es una brisa de luz y
pasión, y nuestras vivencias en ese período se inscriben dentro de lo mítico.
Tu rostro, tu voz y tu sonrisa merodearon en torno a mí todos esos días. Fue
Hernán quien me habló de El botón azul, Premio Rafael Pombo de Literatura
Infantil en 1983. Te alzaste con el primer puesto en ese concurso. Entonces yo
cursaba noveno de bachillerato, era un muchacho de ojos tranquilos, con una buena mota de pelo. No pude hacerme con el cuento, leerlo. Después
he leído los cuentos de Afanasiev y me he dado un chapuzón en el folclor ruso,
teniendo una sensación de lo que debió ser tu escrito. Una maravilla, como dice
mi amigo Luis. Las cábalas estaban hechas. Y fue así como este joven que ya
comenzaba a abismarse en el mundo de la hurañez y los libros, te conocerá en la
u cuatro años más tarde. Era un muchacho que desconcertaba a sus profesores del
colegio, quienes lo veían leyendo obras como Crimen y castigo, y que se atrevía
a corregir algún aspecto en la explicación magisterial relacionada con el
nombre de un personaje de una novela. Las cábalas estaban hechas. Y fue así
como todavía en la pandemia, a más de una década de tu muerte, este muchacho,
que ahora es un hombre, un veterano, seguirá asediado por el refulgir de tu
imagen, bella ucraniana.
viernes, 6 de agosto de 2021
Natalia Pikouch
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario