viernes, 7 de noviembre de 2025

Monólogo de la u (novela, cap. 77)

"El 7 es el número de la suerte", según Luis. Entonces, ¿dejó aquí? Con un 7 doble la suerte se duplica. Entonces, ¿dejo aquí? El negro y yo arribamos al concepto de "metagalaxia", la parte del universo observada hasta el momento con todos los medios existentes de observación. No, el 82, que son los años de Miguel, El último universitario, es el número con que cierro este divagar. Nuestra galaxia cuenta con 100. 000 millones de miembros, son estas las estrellas que podemos ver a simple vista y con telescopios (sin emplear los telescopios más poderosos). Llego hasta el capítulo 82, la talismánica edad de Miguel, el gacetillero, y dejo al negro conduciendo a Mister King, su Nissan Sentra modelo 96. Lo dejo en inmediaciones de Cuartas, uno de mis Espíritus libres. Fichte, Schelling, Schlegel, Novalis dinamizan la vida universitaria de Alemania, Jena. Una sociedad del pensamiento. Agrupaciones de estudiantes, euforia del saber, Kant, Goethe, Schiller, los maestros. Fichte expulsado de la universidad de Jena por ateo, va a dar a Berlín, donde también es vigilado. Moses Mendelssohn, filósofo judío, llama a Kant "el pulverizador de todo". Casa a su hija Dorotea con un banquero, tienen un hijo, pero ella luego se une a un muchacho, Fritz Schlegel. 

La República de los Espíritus libres, de Peter Neumann, en estos terrenos me afinco con el negro al momento de la coda. Música y filosofía, Weimar y su teatro, los Mendelssohn impulsando la vida cultural de Alemania. Luis sabe de números, al menos los intuye, no deja de jugar la lotería, a punto de ganar el gordo. También compra el baloto. "El 7 es el número de la suerte", según Luis, poderoso en el verbo; Luis, al que el negro fía la tarea de escribir la novela que redima a nuestra generación, la generación de Miguel, que no está en mis Espíritus libres (como están Cuartas, Rito Llerena, Reinaldo Spitaletta, Delfín Acevedo, Elkin Restrepo), pero que debería estar, porque es el El último universitario, según Beatriz Polanco. Fichte reverencia a tal punto a Kant que bautiza a su hijo con el nombre de este, Emanuel. Emanuel Hermann Fichte. Una época luminosa, a la que hay que volver, Dorotea Mendelssohn, Schelling. Al salir de noche Fichte no deja de traer una pistola, teme ser linchado por su forma de pensar. Ya han apedreado sus ventanas. Los regentes de las ciudades alemanas amenazan con no enviar a sus muchachos a estudiar a Jena, donde el ateo lanza sus rayos. Y faltan Hegel, Nietzsche, Marx. 

En las inmediaciones de Dostoievski (Los hermanos Karamazov), buen terreno para dejar estas notas, junto a Mister King, Cuartas, Jena en 1800. También vuelvo a Smith, el hermano menor del negro, que repunta con buenos propósitos, con ganas de hacerse cargo de su vida. Un soñador, un lunático, es lo que es Smith. Félix Klein  y la botella y la monja, y otra vez Miguel, que es testigo de primera fila de la muerte de Sor Carmen y de la de Fernando Barrientos. Miguel está en mis duelas desde 1968. Por poco digo "en mis muelas". Muelas de vieja que rumia, con cuatro estómagos y quinientas páginas escritas por el negro, tremenda gaceta. Las mujeres en la obra de Dostoievski, el gran Fiodor, Adelaida Ivanovna, la primera esposa de Fiodor Pavlovich Karamazov, joven bella, de buena familia, se casa con Fiodor (un vividor, un borracho) por desairar a su familia. Por aventura, por irreflexión, sin amor; por el contrario, lo odia. Aun así le da un hijo, Dimitri. Las agarradas son frecuentes. Adelaida Ivanovna huye con un seminarista, muere en San Petersburgo de fiebre tifoidea o de hambre, abandonada por el seminarista, lejos de su familia. San Petersburgo, qué ciudad. Cruzada por el Neva, con los palacios de los zares y de los magnates, con el hotel Astoria. Y el modo en que la inmortalizan los escritores y poetas. La ciudad del zar Pedro. 

Fiodor Pavlovich solo quiere la plata y las propiedades de Adelaida Ivanovna, la dote, lo cual consigue. Al huir con el enamorado ella le deja el niño, que tiene tres años. 

Compra un Nissan Sentra de segunda, toma clases de conducción, cambia de colegio una vez y otra, dificultades con los directivos. En los cuadernos de estos días hay apuntes de las lecciones de manejo. Aparecen allí términos como bombeo, embrague, encendido, suiche, acelerador, señales de tránsito, etcétera. Menudean los lapsos sin plaza en un colegio, cuando debe ir a la Secretaría de Educación a que le nombren. A este periodo le denomina "firmada", pues debe presentarse cada mañana al despacho y firmar. No es que le moleste mucho. Aprovecha el interregno sin labores docentes para meterse a una biblioteca y estudiar. Va de un plantel a otro, El Limonar, Belén Rincón, Belén Altavista, Belén Fátima, Manrique, entre otros. Es otro Fichte al que ponen de patitas en la calle por sus ideas con respecto a muchas cosas. Otro vigilado.                   

"En las esquinas, ubicarse en el carril de acuerdo a la ruta a seguir; para las subidas empinadas y tendidas poner la primera, sin forzar el acelerador, para que el motor no pida segunda. En bajadas tendidas y empinadas, tocando y soltando el freno".

Mister King (así bautiza al auto, en honor a Don King), de un verde mate, tiene fuerza, pero es como esos caballejos vendidos por los gitanos. Un fraude. "Tremenda nave, profe", se burlan los alumnos.  No les presta atención, la metagalaxia con sus cúmulos de galaxias se abre ante sí al enrumbar a sesenta por la autopista.   

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