lunes, 22 de septiembre de 2025

Monólogo de la u (novela, cap. 12)

Luis recuerda claramente, sin lugar a dudas, la tarde en que el negro y él estuvieron sentados con la ucraniana en una jardinera de mi plaza Barrientos (la jardinera al lado del bloque 9). Aún recuerda Luis que en esa ocasión hablaron de Hemingway, que a Natalia no le gusta. Los veo sentados allí. El punto desde el que los observo, la cafetería de Guayaquil. Natalia se acomodó entre el negro y Luis. Su empaque opulento y su vestido amarillo eran parte del esplendor del verano. El negro apuntó que Hemingway era un maestro del diálogo. Natalia tenía muchas cosas que oponer a Hemingway, su delirio por los toros, la guerra, el boxeo, la caza de animales. Luis sostenía una actitud intermedia, más inclinada a la aceptación que al rechazo: "Hemingway tiene unos cuentos excelentes". El preferido de Luis es Proust. Hay un punto en que Natalia y el negro siempre estarán de acuerdo, que los mejores son los rusos. Allí, aquella tarde, sentados en la jardinera, ratifican tal convicción. El ensayo del negro sobre Iván Ilich es cosa del pasado. Natalia, como editora de la revista de la facultad, lo publicó. Un trabajo final brillante, con el que quedó encantada. En el transcurso de esos días tuvieron ocasión de hablar al respecto. "Marcos, ¿quedaste satisfecho?" "Sí, profe, gracias". Es cierto. Tal logro académico elevó la autoestima del negro.  Por entonces lo siento moverse con mayor seguridad por mis tránsitos. Corrigió la aspereza que lo caracteriza. No es que se torne sociable, pero si una muchacha le pregunta la hora deja de lado la descortesía, no sigue adelante, sino que responde, lacónico, pero responde. Ya sabía yo desde el día del poncherazo para el carné en el bloque 16 que había de vérmelas con un tipo huraño. En la foto el negro quedó con el entrecejo fruncido y los ojos cerrados, como dormido. Nada bueno presagian esos nudos encima de las cejas. Con todo y que el fotógrafo le advirtió: "no cierre los ojos". A este negro, me doy cuenta ( y lo sufro) le gusta llevar la contraria, es un rebelde sin causa. Luego de leer el ensayo sobre Iván Ilich Natalia le dijo: "hazle unos retoques para la publicación". Pues bien, el negro lo redacto de nuevo y el texto perdió la chispa. Aún así Natalia lo publica. Todo el que ve su carné se burla: "lo que tenías era sueño". Mal síntoma, pude haber comentado. Pero este negro salió una porra para el estudio, viene bien aceitado del colegio. Sin duda tuvo un buen profesor de español. ¿Qué pienso cada que recibo a un bicho de estos? De entrada no me siento cómoda. Con el tiempo me doy cuenta de que es mejor un tipo de estos que me fustiga, que me hace sacar lo mejor de mí. Luis es otro bicho raro. Parece una biblioteca ambulante. El negro no lee tanto como Luis, pero escribe más. ¿Qué es mejor? ¿Saberse a Hemingway? ¿Escribir como Hemingway? Luis está en deuda con la escritura, con ese potencial que le siento. El negro es escritura. ¿De cuándo acá? Freud dice: "id a la infancia". En la infancia del negro está el mar, como en la de Natalia están las mil cúpulas de Kiev y las praderas y Pushkin.     

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