domingo, 21 de septiembre de 2025

Monólogo de la u (novela, cap, 10)

El violinista en el tejado, como un soplo me recorre la melodía esta tarde. Jason (estudiante de música), es el nombre del muchacho que la interpreta. Del bloque de Artes se desprende la melodía. Recuerda una aldea rusa, una comunidad de judíos y cristianos, la vida del hombre que reparte la leche. Existencias sencillas, laboriosas, devotas. En la escalera que lleva del primero al segundo piso, Jason toca el violín para el negro y su amigo John Wilson. Esta melodía me recorre esta tarde con su encanto oriental, con su aire solitario y triste. Recuerda éxodos, marchas por el desierto, regiones de promesa. Hasta mi plaza Barrientos llega el efluvio del violín. Su embrujo asiático también invita al jolgorio, a la danza. (Me pregunto si Lenin bailaba). Los tres del convite en la escalera de Artes están allí por causa de una apuesta. "Si me dicen qué reza la placa de la entrada del Camilo les toco El violinista en el tejado." El negro respondió con acierto y Jason, feliz, tocó la obra. John Wilson miró con asombro al negro, ni se había dado por enterado de que a la entrada del Camilo hay una placa. (O será fría razón sin música este Lenin, una locomotora ciega.) De las vastas praderas y los caudalosos ríos parece venir esta melodía. Habla de un dolor, de un gozo, de lo que no tiene nombre. Halada por esta melodía Natalia Pikouch, la profesora de Historia del teatro, cruza mi plaza Barrientos rumbo al bloque de Artes. Es rubia, regordeta, de ojos azules, imperiosa. Transita mis predios hace años. También vivió el año de los muertos, quizás desde antes de migrar a Colombia, desde la Rusia Blanca tomada por el Ejército Rojo. Natalia sí que sabe del año de los muertos. No es rusa, como piensa la mayoría, sino ucraniana. Lo feliz que se siente dejando de dictar Literatura rusa y viniendo a Artes a enseñar teatro. 

Lucy enseña Didáctica. Profesoras caderonas y blancas y con ojos de gato las dos, Natalia Pikouch  y Lucy Mejía. Natalia es más chaparra y robusta, y también con un magnetismo más obvio. Hay en Lucy algo chocante, es escuelera, según algunos y, por otra parte, sus coqueteos con el poder son más que evidentes. Lucy es más espigada, nada del otro mundo, sin embargo; a pesar de los tacones no logra resaltar por sobre el promedio; se forra en sus vestidos sastres y en sus faldas y se echa colorete en forma. Una linda muñeca, una gata encantadora, frívola y pasada de revoluciones con su cátedra. Natalia es más aplomada desde todo punto de vista. Soñadora. Ensayista. Escritora. Con un potencial enorme para la literatura. Varios libros. Conferencista. Sus últimos años en la universidad los pasa en la facultad de Artes, encarretada con el teatro, que acaso es con lo que soñó toda la vida. Es como Horacio Olivera, que tras tantos devaneos intelectuales en París, a su regreso a Buenos Aires se hace vendedor de telas puerta a puerta y luego se enrola en un circo. Karl Rossman, el personaje de Kafka, acaba en un sitio semejante. Es, dentro de todo, lo más razonable, que alguien que ha frecuentado la fría razón toda la vida se decante, al final de sus años, por las candilejas. Es bonito. (¿Y Lenin? ¿Baila esta gélida y férrea mente detrás de esa cabeza de caldero como lo llama Solzhenytsin?

Yo sí bailo. Bailo con la brisa de la fuente y con el hamaqueo de los ramajes. Con el negro salgo al Gatopardo, la taberna del frente, y me someto a la transformación psicológica que la salsa opera en los cuerpos. Con el negro dejo mi prisión intelectual y voy por las calles. No quiero ser Marvin Macy, ese personaje de Carson Mc Cullers, encerrado en una cárcel de Atlanta, triste al recordar el café donde Miss Amalia Evans y el jorobado se divierten. Quiero bailar como los negros. Miss Evans tiene un almacén. Una noche Miss Evans y el jorobado se quedan departiendo con los demás pobladores; pasados cuatro años, de velada en velada, logran que, tras aquella insólita noche en que alternaron por primera vez con la gente, el almacén se convierta en un café. El café de Miss Amalia Evans.     

    

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