Hernán dicta literatura rusa. No tiene ningún problema en cederle esta materia a Natalia, quedarse con literatura griega. Es lo que ocurre. Natalia entra a la u recomendada por el profesor Barrientos. Es así como se llama la explanada principal de la u, Plaza Barrientos, en triste recordación de los episodios nefastos acaecidos durante las luchas estudiantiles. Hernán es docto en ambas literaturas, se las arreglará a la perfección con los griegos. De hecho, al entrar a la u, Marcos lo conoce como profesor de griega, no alcanza a verlo enseñando literatura rusa. "Ese es Hernán, el de griega", se oye decir aquí y allá. Su reducto es la sala de profesores del bloque 12, primer piso, allí atiende.
Esa gentileza es propia de Hernán, todo un caballero; sabe tratar a las personas, más a una dama como Natalia. Conservará ese don de gentes toda la vida, esa receptividad, esa cortesía. Ya viejo y enfermo, sus ex-alumnos lo llaman a consultarle algún asunto, y Hernán los agasaja con su amabilidad y con su buen criterio. En la forma en que alguno de estos remeda su voz y sus gestos, más que burla, hay una intención de honrarlo, un homenaje. Su figura es un referente de crédito en Humanidades, una enciclopedia ambulante, un ser carismático: su cuerpo menudo, sus mohínes exaltados, su cigarrillo eterno. Sus estudiantes agradecen a la vida por haberlos premiado con tal dádiva: ser pupilos de Hernán.
Desde entonces la amistad de Hernán y Natalia: desde ese gesto donairoso de cederle literatura rusa y quedarse con literatura griega. ¿Quién más apropiado para una cátedra de literatura rusa que una filóloga ucraniana? Una profesional graduada en la universidad estatal de Kiev. "Su dominio del español es absoluto", dice Hernán, con esa rimbombancia que lo caracteriza. Con igual idoneidad domina él la literatura rusa, "desde Pushkin hasta el Nobel Iván Bunin" (¡otro Iván!). Iván Alekseyevich Bunin, el primer escritor ruso en ganar el premio Nobel (1933). Así que Hernán está en su salsa con la literatura rusa. Pero ante todo están la caballerosidad y la amistad. Así que pacta con la ucraniana: ella dicta la literatura de su país ( la URSS dejó de existir en 1991) y Hernán se consagra a los griegos. Trato hecho. Natalia ennoblece con su nórdica estampa el claustro de Humanidades. Hernán, lleno de juventud, con su empaque de latin-lover, hace excelentes migas con la bella ucraniana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario