domingo, 24 de octubre de 2021

Natalia pikouch (Cap.49.)

Sábado, 23 de octubre de 2021. Viajo a Venecia (suroeste antioqueño) a disfrutar de unos días de asueto. Días de recreo, de evasión de la urbe, de agradable sol cerca al río Cauca. Pero también serán días de trabajo. Así que echo en mi tula dos cuadernos (el número 88 y el número 110) que me servirán para terminar los dos capítulos que me faltan de la serie de Natalia Pikouch. En el cuaderno 88 encontraré apuntes sobre El jugador, de Dostoievski; en el 110, sobre Guerra y paz, de Tolstoi. Los dos cuadernos en mi tula, entre mis bártulos, son como tacos de dinamita, y yo mismo me veo como un Robert Jordan dispuesto a volar un puente. La literatura es subversiva; el escritor, un conspirador. En la grandiosidad del entorno montañoso, en la casa para mí solo, mi sosegada labor en el computador desmiente mis ínfulas de experto en explosivos. Mi esfuerzo callado y metódico en la escritura, sin embargo, hablan en favor del conjurado.         

Turguenev presta cincuenta táleros a Dostoievski, que está en apuros en un balneario de Alemania, luego de perder su dinero a la ruleta. Dostoievski duró diez años presa del vicio del juego. Toca fondo, y le promete a su esposa Ana que lo dejará, y cumple. Tarda en devolverle la pasta a Turguenev. Turguenev y Dostoievski son contemporáneos y coetáneos. Turguenev vive de 1818 a 1863. El autor de Crimen y castigo de 1821 a 1861. La sujeción al juego es el tema de la novela El jugador. El protagonista es Iván Ivanovitch, preceptor de una familia aristocrática rusa. La novela, narrada en primera persona, ocurre en el extranjero, en alguna ciudad europea cuyo nombre ficticio es Rouletemburg. El general, Paulina, la abuela, el inglés (Mister Astley), Des Grieux, Le Blanche (la francesita). Un individuo que descubre la pasión del juego, y cómo se pierde en ella. Un drama familiar (el general, la abuela) que se decide en la ruleta. La vieja llega inesperadamente y pierde todo en la ruleta. En Dostoievski la fatalidad es elemento preponderante. Personajes que buscan la purificación por el sufrimiento. Autodestrucción. Iván Ivanovitch.    

Guerra y paz es la historia de dos familias rusas, los Rostov y los Volkonski, durante las guerras de Rusia contra Napoleón, de 1805 a 1820. 

Piotr no es soldado, no participa en la guerra, como sí ocurre con Rostov. Piotr es el rico heredero del conde Bezujov, un vidabuena medio perezoso, encargado de sus negocios, entusiasmado con la francmasonería y con proyectos de reforma social: libertad de los siervos, mejores condiciones de vida para estos. Matrimonio desastroso con Elen, hija del príncipe Vasili, se separa y vuelve con ella, mas no tienen intimidad. 

El príncipe Vasili, muy importante al principio, se desvanece durante gran parte del libro. El príncipe Andrei, Piotr, Boris y Rostov son personajes que ganan presencia y fuerza protagonística. Lo mismo Natacha, hermana menor de Rostov (Nicolai). La guerra ocupa considerable espacio de la obra. Guerra contra Napoleón, contra Francia. Rusia es aliada de Austria contra Bonaparte. Después es aliada de Bonaparte contra los austriacos. Hay un armisticio entre los emperadores de las potencias: Alejandro (Rusia), Napoleón (Francia). Piotr y Andrei encarnan las ideas tolstoianas religiosas y de reforma social. El príncipe Andrei libera a sus siervos, Piotr lee las Sagradas Escrituras y se empeña en la tarea del perfeccionamiento de sí mismo a través de la francmasonería. La logia permea gran parte de la sociedad rusa. Es una orden secreta, pero sus socios se conocen, se ayudan. Un buen segmento de la novela, por medio de Piotr, trata de este tema. También aparece la vida del campo, con el príncipe Andrei, quien se retira allí después de ser herido en combate y tras la muerte de su esposa. Tras un período de retiro, torna a la vida social y se convierte en personaje distinguido en San Pertersburgo, ciudad importante, junto con Moscú.            

Tolstoi afirma en esta novela que Napoleón, antes de invadir Rusia, ordenó timbrar una gran cantidad de billetes falsos, con el fin de introducirlos en el país invadido. Se dice además que pagaba dolosamente con esta moneda las cosechas y productos tomados a los campesinos, para granjearse ante ellos una imagen favorable. 

Tolstoi afirma además que mientras solo se escriban las historias de personajes particulares, como las de César, Alejandro, Lutero, Voltaire, y no la historia de todos sin excepción, de todos los hombres que hayan tomado parte en el suceso histórico, no será posible describir el movimiento de la Humanidad sin concebir la fuerza que obliga a los hombres a dirigir su actividad hacia un mismo fin. Y el único concepto posible que conocen los historiadores es el poder. 

Los cuadernos han cumplido la tarea encomendada. Debe existir una suerte de cábala en esto de los números de mis cuadernos, lo mismo que en los números de las fechas de sucesos de toda índole. Por ejemplo, Dante nació en 1265, Nabokov publico Lolita en 1955, Fischer, derrotó a Spassky en 1972. Para redactar este capítulo he echado mano de los cuadernos 88 y 110, que corresponden, respectivamente, a los años 1999 y 2005. En 2005 murió mi abuela María Ross. Natalia Pikouch vivía aún: estaba a dos años de su fin, marzo de 2007.  

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