viernes, 15 de octubre de 2021

Natalia Pikouch (Cap.42.)

*Rememoro tu voz contándonos de Oleg de Novgorod (879-912), fundador del principado de  Kiev, núcleo originario del futuro estado ruso. Rememoro la gracia especial con que pronunciabas esa palabra: “Novgorod”. Me parecía que en esa dicción cantarina se remansaban las nostalgias del pasado, de una nación cuyas raíces hay que buscarlas en Escandinavia, entre los varegos, en un personaje llamado Rurik, que sometió a los fineses y eslavos y fundó el imperio ruso. Nos hablabas de cómo los cimientos del estado fueron echados por San Vladimiro I, príncipe de Kiev; nos hablabas del cristianismo y su rama oriental (bizantina), opuesta a Roma, como la religión principal de tu pueblo.

Dabas un salto en la historia y nos hablabas de Pushkin, cuyo abuelo era un general de sangre africana, por lo que Pushkin resultaba siendo un mulato. Nos contabas de Pushkin y su relación con Ucrania (Odessa), el tiempo de su exilio.  A su regreso a Moscú, una epidemia de cólera lo retuvo por tres meses en su finca, en Boldino. La esposa de Pushkin era Natalia Goncharova Pushkina. Natalia. Me venía a la mente la añoranza de los nombres femeninos rusos, y allí estaba siempre Natalia, pero también, Olga, Tania, María, Catalina, Ana. Nos hablabas de La hija del Capitán y también, por supuesto, de Eugenio Onieguin. Pushkin, el padre de la literatura rusa. Boldino, allí vivió Pushkin un período mágico de creación. El otoño de Boldino. Hoy la finca  de Pushkin es un museo. Está, además, el Café Pushkin, muy famoso, en Moscú, fundado en 1999, a raíz de la canción del francés Gilbert Becaud (Natalie). Es muy curiosa la historia. Los turistas franceses que llegaban a Moscú, trataban de hallar el café de la canción, pero no existía. Esto inspiró a Andrei Dellos, un artista y restaurador, a crear el Café Pushkin. Es una casona barroca, donde también hay una estatua del poeta. En la inauguración Becaud estuvo presente e interpretó su canción. Hay un Café Pushkin en Bogotá, en la Candelaria, abierto hace dos años, un sitio sencillo y discreto.

“La plaza roja muy blanca, la nieve formaba un tapiz, y yo seguía aquel frío domingo a Natalie. Hablaba con frases sencillas de la Revolución de Octubre, y yo pensaba ya que de la tumba de Lenin iríamos al Café Pushkin a tomar un chocolate”. Es una canción dedicada a una guía rusa. Según se cuenta, Becaud dio una presentación en Moscú, y al regresar a París escribió la canción en honor a la muchacha rusa que le sirvió de guía. ¡Qué cosas! Es ver a Napoleón frente al zar Alejandro I. Los rusos prendiendo fuego a Moscú ante la llegada de las tropas napoleónicas. Es la nieve que derrotó a Napoleón y luego a Hitler. ¡Hohenzollern! “La nieve formaba un tapiz”. Así, la guerra (los fusiles, las bayonetas) se truecan en una canción de amor. Y todas esas historias, leyendas y cantos, vuelan por el mundo, y trastornan el caletre a más de uno. Estabas allí, presidiendo el aula, disertando sobre Novgorod, sobre Kiev y la capilla de Santa Sofía, y yo me preguntaba si conocías a la Natalie de Becaud, a la guía rusa que hablaba en frases sencillas sobre la Revolución de Octubre, los bolcheviques de Lenin que derrotaron al gobierno provisional, luego de que estos derrocaran al zar. Bolcheviques contra mencheviques, y todas esas barahúndas. Tú echabas tierra sobre todo eso esgrimiendo a la grandiosa Ana Ajmátova. Porque la revolución bolchevique desató un verdadero infierno sobre el país. Eisenstein hizo un filme sobre aquel hecho: Octubre. Y John Reed escribió (sobre este mismo acontecimiento) Los diez días que estremecieron al mundo. Creo recordar que Estévez nos aconsejaba leer a John Reed y sus extraordinarios reportajes. Si San Vladimiro I fue el fundador del estado ruso,  Lenin fundó el estado soviético. Gorbachov y su perestroika disolvieron este último, 1991. Hoy Putin es El Putas.                       

 


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