*Rememoro tu voz contándonos de Oleg de
Novgorod (879-912), fundador del principado de Kiev, núcleo
originario del futuro estado ruso. Rememoro la gracia especial con que
pronunciabas esa palabra: “Novgorod”. Me parecía que en esa dicción cantarina
se remansaban las nostalgias del pasado, de una nación cuyas raíces hay que
buscarlas en Escandinavia, entre los varegos, en un personaje llamado Rurik,
que sometió a los fineses y eslavos y fundó el imperio ruso. Nos hablabas de
cómo los cimientos del estado fueron echados por San Vladimiro I, príncipe de
Kiev; nos hablabas del cristianismo y su rama oriental (bizantina), opuesta a
Roma, como la religión principal de tu pueblo.
Dabas un salto en la historia y nos
hablabas de Pushkin, cuyo abuelo era un general de sangre africana, por lo que
Pushkin resultaba siendo un mulato. Nos contabas de Pushkin y su relación con
Ucrania (Odessa), el tiempo de su exilio. A su regreso a Moscú, una
epidemia de cólera lo retuvo por tres meses en su finca, en Boldino. La esposa
de Pushkin era Natalia Goncharova Pushkina. Natalia. Me venía a la mente la añoranza
de los nombres femeninos rusos, y allí estaba siempre Natalia, pero también,
Olga, Tania, María, Catalina, Ana. Nos hablabas de La hija del Capitán y
también, por supuesto, de Eugenio Onieguin. Pushkin, el padre de la literatura
rusa. Boldino, allí vivió Pushkin un período mágico de creación. El otoño de
Boldino. Hoy la finca de Pushkin es un museo. Está, además, el Café
Pushkin, muy famoso, en Moscú, fundado en 1999, a raíz de la canción del
francés Gilbert Becaud (Natalie). Es muy curiosa la historia. Los turistas
franceses que llegaban a Moscú, trataban de hallar el café de la canción, pero
no existía. Esto inspiró a Andrei Dellos, un artista y restaurador, a crear el
Café Pushkin. Es una casona barroca, donde también hay una estatua del poeta.
En la inauguración Becaud estuvo presente e interpretó su canción. Hay un Café
Pushkin en Bogotá, en la Candelaria, abierto hace dos años, un sitio sencillo y
discreto.
“La plaza roja muy blanca, la nieve
formaba un tapiz, y yo seguía aquel frío domingo a Natalie. Hablaba con frases
sencillas de la Revolución de Octubre, y yo pensaba ya que de la tumba de Lenin
iríamos al Café Pushkin a tomar un chocolate”. Es una canción dedicada a una
guía rusa. Según se cuenta, Becaud dio una presentación en Moscú, y al regresar
a París escribió la canción en honor a la muchacha rusa que le sirvió de guía.
¡Qué cosas! Es ver a Napoleón frente al zar Alejandro I. Los rusos prendiendo
fuego a Moscú ante la llegada de las tropas napoleónicas. Es la nieve que
derrotó a Napoleón y luego a Hitler. ¡Hohenzollern! “La nieve formaba un
tapiz”. Así, la guerra (los fusiles, las bayonetas) se truecan en una canción
de amor. Y todas esas historias, leyendas y cantos, vuelan por el mundo, y
trastornan el caletre a más de uno. Estabas allí, presidiendo el aula,
disertando sobre Novgorod, sobre Kiev y la capilla de Santa Sofía, y yo me
preguntaba si conocías a la Natalie de Becaud, a la guía rusa que hablaba en
frases sencillas sobre la Revolución de Octubre, los bolcheviques de Lenin que
derrotaron al gobierno provisional, luego de que estos derrocaran al zar.
Bolcheviques contra mencheviques, y todas esas barahúndas. Tú echabas tierra
sobre todo eso esgrimiendo a la grandiosa Ana Ajmátova. Porque la revolución
bolchevique desató un verdadero infierno sobre el país. Eisenstein hizo un
filme sobre aquel hecho: Octubre. Y John Reed escribió (sobre este mismo
acontecimiento) Los diez días que estremecieron al mundo. Creo recordar que
Estévez nos aconsejaba leer a John Reed y sus extraordinarios reportajes. Si
San Vladimiro I fue el fundador del estado ruso, Lenin fundó el
estado soviético. Gorbachov y su perestroika disolvieron este último, 1991. Hoy
Putin es El
Putas.
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