*Tu enamorado, el violinista, tocaba la Sonata a Kreutzer en honor a tus opulentas nalgas de negra. Tus atributos fisonómicos, que en la cauda recordaban a una morocha del Pacífico, llevaban a tu pretendiente a un delirio arborícola. Se trepaba a un árbol cercano al sendero que de Troncos lleva al bloque 12 y, semejando un chimpancé filarmónico, mientras pasabas rumbo a tu oficina, te dedicaba los compases de la sonata. Era un muchacho de aire latino, me ha contado María. ¿Será el mismo del que me habla Guzmán? Un joven de ojos intensos, ojos garzos, con una suave piel amulatada, como de indio, una especie de Visy Anad, el ajedrecista, por decir algo. Visy Anand no tiene los ojos verdes, pero el tono de su piel es hermoso, como la de Vijay Sing, el golfista. Así era tu enamorado, según el relato de María, de piel moruna.
Diez son las sonatas de Beethoven
para violín y piano, una de estas dedicada a Rodolphe Kreutzer, violinista
francés (1766-1831). Rodolphe era el nombre del amante de Emma Bovary. La
sonata a Kreutzer también es una novela de Tolstoi, publicada en 1889, vetada
por las leyes rusas. Tú no querías mucho a Tolstoi, tu amado era Dostoievski.
En la profunda fe cristiana, en esa suerte de misticismo, te encontrabas con el
autor de los Hermanos Karamazov. Tolstoi era algo remiso en cuestiones de fe,
un librepensador. De este modo, fue aceptado por el régimen soviético, en tanto
que sobre Dostoievski se tendió un manto de duda. Estas cosas debían enojarte. Tu
amado Dostoievski pospuesto por el gobierno de los bolcheviques, en tanto que
el autor de Ana Karenina y Sonata a Kreutzer era bien visto. En su lecho de
agonía, Iván Ilich se cuida de llamar al sacerdote, es su mujer quien lo hace.
Iván Ilich se resigna a las circunstancias y acepta al cura. En esos días
amargos de su fin, tiene a la mano una novela francesa, de Emilio Zola.
Podznishev es el protagonista de
La sonata a Kreutzer. Podznishev mata a su mujer. La obra es un alegato contra
el matrimonio, contra tantas cosas relacionadas con este: amor, interés,
carnalidad, fidelidad. Un tren es el escenario del relato, que Podznishev hace
a un fortuito compañero de viaje. Antes de esto, varios pasajeros (un
comerciante, un abogado, una dama, hasta el guarda del tren) han expuesto
argumentos sobre el tema. El comerciante, hombre añoso, propugna por el
sometimiento de la mujer, por la santidad del matrimonio, por la ineficacia de
la educación. La dama cree que la mujer no debe someterse sin amor. El abogado
también cree que el amor es el lazo que lleva a dos personas a unirse. El
guarda relata la historia de un tipo al que la mujer le fue infiel y acabó en
la calle. Podznishev pone la tapa. Confiesa ser de los que encuentra en el
matrimonio solo cópula (lo físico) y que de este modo se llega a la infidelidad
y a la violencia.
¡Ana Karenina! ¡Emma Bovary! ¡Molly Bloom! Mujeres
perdidas. Ana Karenina es arrollada por un tren, Emma Bovary ingiere un veneno,
con Molly Joyce orquesta el crescendo más original de una infidelidad (Blazes
Boylan). La imagen del tren en Tolstoi. Tras abandonar su casa (¡huir de la
esposa!), muere de neumonía en la estación ferroviaria de Astápovo. El tren que
arrolló a Ana Karenina. El tren donde quiso irse, huir de su esposa, Sofía
Andreyevna. Se cuenta que esta, al darse cuenta de que él había dejado en su
testamento los derechos de sus obras a su hija Alexandra, entró en furia y le
hizo la vida imposible. Huyó en compañía de su médico. No era fácil la vida con
la mujer. De esto habla muy bien La sonata a Kreutzer. En cierta época, siendo
joven, Máximo Gorki intentó organizar
una comunidad que aspiraba a la vida rural. Fue enviado por sus camaradas a
Yasnaya Pioliana a pedir ayuda y consejo a Tolstoi. No encontró al escritor.
Siguió viaje a Moscú. Tocó de nuevo a la puerta de Tolstoi, pero tampoco lo
halló. Sí encontró a su esposa, quien lo hizo seguir adelante y le ofreció café
y pan. Sofía Andreyevna contó a Gorki, entre otras cosas, que su esposo vivía
asediado por una horda de vagos, ralea abundante en Rusia. Cómo sería la vida
entre esos dos, León y Sofía. Se dice que Tolstoi tenía una letra pésima, y que
su mujer y su hija Alexandra le auxiliaban copiando sus textos. Sofía copió
diez veces Guerra y Paz. Claro, cómo no sentir enojo con el marido que en el
testamento la priva de los derechos de sus obras. ¡Después que hizo de
secretaria toda la vida! ¡Y cuántos hijos le dio! Trece hijos, de los cuales
cinco murieron a temprana edad. Ahí está el tema de La sonata a Kreutzer. Las
asperezas y bondades del matrimonio. Cuántas Sofía se convierten en Ana
Karenina. En fin.
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