Últimamente he ido a menudo por el barrio Carlos E. Restrepo, más exactamente a la Piloto, en procura de algún material bibliográfico. Busco en vano un cuento de Juan Carlos Onetti en el que los protagonistas son Diego Rivera y Frida Kahlo. Olvidé el título del relato, aunque recuerdo que se trata de Diego poniendo los cuernos a Frida en su propia cara. Una amante de Diego lo visita en su casa, sin cuidarse de que Frida esté allí. (Aprovecho este artículo para solicitar ayuda a los lectores, si alguien conoce el cuento del que hablo y me sopla la referencia exacta).
Carlos E. Restrepo es el sector donde vive Hernán desde hace años. No me conformo con mi pesquisa en la Piloto. Al salir de allí, doy una vuelta por la zona comercial de Carlos E., para almorzar o tomar un café, pero también a ver si tengo la fortuna de cruzarme con Hernán. No he tenido suerte, ni con mi búsqueda del texto de Onetti (¿será de Onetti realmente?) ni con la posibilidad de toparme con el profesor de literatura griega. La fortuna me ha socorrido en otros aspectos: di con un volumen de cuentos de Mario Benedetti, y al tiempo di con una vieja amiga, Regina, que era la bibliotecaria de Comfenalco de Cúcuta, durante el tiempo en que dicté clases en esa institución, hace años, bastantes. Regina trabaja como temporal en la Piloto, es analista de textos. encargada de digitalizar viejas publicaciones. Con Benedetti tenía una deuda. Lo hice aparte por largos años basado en prejuicios. Hoy solo me bastó leer uno de sus cuentos (Presupuesto), para cejar en mi desdén y tributarle el merecido homenaje. Como dice ese personaje de Camus en La peste: me quito el sombrero. En lo que toca a Regina, otra grata sorpresa. Se acordaba muy bien de mí y, como suele decirse, yo era de sus afectos, así que me brindó una acogida amable. Total, que acabamos tomando un café en un negocito de la vecindad, aprovechando una de las pausas activas de su labor.
En Carlos E. también vive Restrepo, otro de mis profesores de literatura de la u, poeta reconocido. Estos profesores ya están pensionados y gozando de un buen retiro, una jugosa mesada. En cierta forma, fueron privilegiados. Les tocó una época de garantías laborales. Hoy la cosa es muy otra, una canallada. Tampoco había avistado a Restrepo por allí. Lo evoco como un veterano robusto y bonachón. Luis afirma que los poetas son engreídos, que no recuerda haberse saludado con Restrepo. Claro que Luis andaba de malas pulgas ese día.
Hernán vivía dentro de un airecillo de presunción, se daba el gusto de invertir su plata en buenos libros, siempre dentro de un criterio de entendido. Los libreros se lucraban de esta debilidad del profesor, ofreciéndole oportunamente el catálogo de novedades. Había sido un fumador contumaz y, claro, gustaba de los cigarrillos finos, de buena marca; Marlboro. Este dato de los cigarrillos y los libros caros (eran quizás las dos cosas que más amaba, fumar, leer) da una idea del estilo de vida de Hernán. El mismo barrio Carlos E. Restrepo, "cerca de todo". ¿También de Grecia? Por supuesto. Nunca nos imaginamos lo cerca que estamos de Grecia.
¡Grecia! Así que la parte del profesor Hernán no se agota con el capítulo 14. Continúa, gracias a Jaime, mi colega de ajedrez, pensionado de Trenes Nacionales. La última vez que me vi con Jaime (hace unos días), este debía asistir al día siguiente a una audiencia, la última, en un litigio sobre la pensión de su primera y difunta esposa. Jaime seguía cobrando la pensión de su mujer, pero su hija lo denunció: que él no vivía ( o no vivió) con su madre. Jaime no pasaba afugias monetarias. Cobraba dos pensiones del gobierno; además, su mujer actual también era pensionada y, como si fuera poco esta era trabajadora activa. Vivían en casa propia y tenían otra vivienda que rentaban. Sus hijos eran mayores, independientes: uno de estos era policía. Jaime era adicto al ajedrez. Por la enfermedad de un hermano (junto con los demás parientes, Jaime debía cumplir turno en el hospital, cuidando al paciente), ahora no asistía puntual, como al principio, su cita diaria y vespertina en la casa de la cultura, donde se reunía con sus homólogos de tablero. Dos o tres ajedreces abultaban su maletín, que cargaba sin seña de fastidio, amén del tubo que se colgaba al hombro (otro tablero, otras fichas). Solía vestir de bermuda, camiseta y gorra. Era un sexagenario con nariz de perfil romano (léase "griego"). Acuerpado, con lo que pudo resistir 41 años de trabajo. Ahora disfrutaba de la pensión, dormía hasta las nueve. Como ajedrecista era impulsivo, lo que lo llevaba a cometer constantes errores. Tenía el desgarbo de colocar las piezas al garete en las casillas, como un ejército mal formado, de borrachos. Cuando comía una pieza, la sacaba a medias del tablero, dejándola a veces adentro, provocando confusión. El contendor debía llamarlo al orden o, por si mismo, sacar la ficha y ponerla fuera del tablero. "Vamos parriba", era su frase de combate al adelantar peones. Harto pugnaz en el juego, solía recordar el marcador al adversario, desde que llevara ventaja. De lo contrario, callaba, o simplemente, decía, bajito: " Eh, me ha ganado más de una hoy", y citaba el score, tergiversándolo, reduciendo su número de partidas perdidas, engañándose a sí mismo. "Me lleva una", cuando en realidad iba cuatro o cinco por debajo. Pues bien, la estación de trenes de Puerto Berrío donde Jaime laboró por más de veinte años, se llama Grecia. Parece cosa de sueño. Grecia es un barrio de Puerto Berrío, ligado a la tradición y al transporte ferroviario. ¡Grecia! Estación Central. No podía dar crédito a Jaime cuando me lo contó. Era como izar con una cabria una escultura clásica desde el lodo submarino. Despachador, ese fue el oficio de Jaime en Grecia. Puerto Berrío-Medellín, Puerto Berrío-Dorada-Bogotá, Puerto Berrío-Santa Marta. Un mundo prácticamente abolido, comido por el óxido. Cementerios de trenes. Grecia. Así que ese perfil romano de Jaime era asimismo un perfil "griego".
En la época de la u, Hernán era fileño, delgado. No sé si hoy tenga una de esas barriguitas trabajadas por el ocio. Hoy, al encontrarme con Benedetti ( y luego con Margo Glantz), me parece vérmelas con antiguas estatuas rescatadas de fondos marinos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario