Creo que Jhony y Magi descubrieron mi propósito sonsacador cuando les pregunté si conocían a Loren. Por supuesto, sabían quién era Loren. "Una mística", dijo Jhony, conciso, algo reacio. Nostálgica, envuelta en una oleada de ensueño, Magi comentó: "Me parece linda. La primera vez que vi a Loren, la vi llorando. Lloraba con unas ganas. Yo acababa de hacer la asesoría y me fui a caminar por el Museo; entonces fue cuando vi a Loren llorando. Quise consolarla, pero mi alma estaba deprimida". Obtener información con maña, de manera artera, esto comencé a hacerlo en los días de la u, en este caso con Jhony y Magi, para recabar datos de Loren, según se deduce de lo anterior. Más tarde, egresado de la u, con la misma intención investigativa, empecé a preguntar por Arizmendy. Arizmendy fue más elusivo. Magi no debió conocerlo. ¿O tal vez sí? Arizmendy se fue temprano, acaso mostrándonos un camino a seguir. Se fue temprano, quizá por eso muy pocos lo recuerdan. Amaneció muerto en una calle de Bello, tras una semana de bohemia suicida. Jhony no lo recuerda. Tal vez Gildardo (que fue coetáneo de Arizmendy, del mismo pregrado y de la misma época) lo recuerde. En ese cuento de Gildardo (Mi cuerpo es una sombra en la penumbra) acaso haya algo de Arizmendy, algo de todos nosotros. Tal vez el cuento de Arizmendy (El sueño perdido) dialoga con el de Gildardo y con ese cuento que yo pugnaba por escribir en aquellos días en que ingresé al taller de Estévez. Historias de amor rotas por algún lado, haciendo agua como un bote mal calafateado: el muchacho que tras romper con su amada aguarda en vano una llamada telefónica, la muchacha que espera sin esperanza la visita de su novio tal vez atrapado en la borrasca de la violencia de la ciudad, el chico que despierta al erotismo y a la crudeza de la vida en un pueblo del suroeste. Un coloquio de historias. Y la imagen de Loren arrasada en lágrimas, llorando con ganas, según la expresión de Magi. Magi tenía que ser una gran escritora, igual que Luis. El lenguaje desenfadado y pletórico de los costeños hace buenos escritores. Por otro lado, el mar: el viejo contador de historias. Magi y Loren se parecían bastante, en la forma de ser. Eran mujeres dramáticas, poéticas, exaltadas, misteriosas. Más Loren. Jhony no tuvo dificultad para definirla como una mística. Loren, más que Arizmendy, era ese personaje que nos había rozado a todos y que, como este, nos dejó la impronta de una belleza trágica. Loren sobrevivió a Arizmendy once años. Fue asesinada por un estudiante cuando salía del colegio. Escribía poemas (nunca los conocí), y tenía una hermosa voz de locutora, algo más que esto, creo yo. Una voz de diosa. ¿No vio Griega con nosotros? Loren sabía que yo escribía y había leído mis poemas sin yo saberlo. Creo que fue Olga Regina quien le compartió mis textos. Vaya Dios a saber cómo se los agenció Olga Regina. Magi conocía mis cuentos, pero jamás me dijo nada elogioso sobre ellos. Hay gente así. Lo único que salió de ella, la vez que leyó mi agenda, fue ese categórico: "eres horrible". En el tiempo en que laboré en La Salle de Bello, la profesora de mecanografía tomó mi agenda sin permiso, la sorprendí leyendo, no lo tomé a la mala, la dejé que continuara. "Escribes muy lindo", dijo, y siguió leyendo. La miré hacer por unos instantes. Luego tomé mi agenda de sus manos con resolución. "Ya me voy", dije. Quedamos buenos amigos. Esa profesora tenía un nombre musical: Lorelei. ¿Qué habrá sido de ella? Me hubiese gustado leer los poemas de Loren. Era una mujer apasionada. Creo que Caliche conoció los poemas de Loren, como conoce los de Aída, que también escribe poemas y que es una mujer muy sensible. ¿Quién no escribía entre nosotros los de la carrera? Era una fiebre común. Éramos unos locos amantes de las palabras. Que Magi debía de ser una excelente escritora lo atestigua el retrato que hizo de Loren. "Me parece muy linda. La primera vez que vi a Loren, la vi llorando. Lloraba con ganas". Jhony se salió por la tangente: "una mística". Creo que fue la misma definición que Caliche me dio de Loren, años después: una mística. Tenía arrebatos de sacerdotisa, de vidente, según le entendí a Caliche, que fue su novio y que la escuchó referirse con ardor sobre el atardecer y otras cosas. Loren tenía que ser muy bella en esos primeros días de la u, sino Caliche no le hubiese echado el diente. Caliche iba tras las mujeres bonitas. Además de bella, Loren era misteriosa, como la que guarda un oráculo. Algo entre Medea y Circe, Calipso y Clitemnestra. Me imagino lo que hubiese pasado donde Magi tuviera el valor de acercarse y consolarla. Una mujer como Loren (en apariencia tan segura y altiva) llorando en el Museo, la imagen no puede ser más griega. Estoy casi seguro de que Loren estuvo allí entre nosotros (con Arizmendy, conmigo), con Hernán y su sophrosyne y su arete. Magi y Loren tal vez se hubiesen hecho amigas, peleado a los días, no hablar más en toda la vida.
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