Jhony le arregló el matrimonio a Magi, sin proponérselo. ¿Qué otras cosas arreglaba? Paredes desconchadas y, en general, todo lo relacionado con la construcción. En cierta forma, el amigo Jhony era versátil, porque también era un escritor excelente y un pintor ídem. Por otra parte, le gustaba montar bicicleta. Esa faceta de componedor de matrimonios la desconocían la mayoría de sus amigos, incluida Magi, que se lucró de ella. El rol de Jhony como maestro de obras lo conocía Marcos por información del propio Jhony, quien le dijo que lo había heredado de su padre y del que él, Jhony, se servía para las mejoras de su casa. Valiéndose de la amistad de Jhony, Marcos llevó un día a este al apartamento de sus padres, encargándole que resanara las paredes deterioradas, oficio que Jhony trajo a feliz término con el estuco, añadiendo una buena mano de pintura. Marcos le acompañó, orientando y supervisando la tarea, lo mismo que entreteniendo a su amigo con una desenfadada conversa. Era la primera vez que Jhony iba al apartamento de sus padres. Estos quedaron encantados con la sencillez de Jhony y el remozamiento de las paredes. De su aptitud para arreglar matrimonios, Jhony se enteró de manera imprevista una noche en que compartía un café con Magi y Marcos en Versalles. Estaban pasando un momento muy grato, el coloquio más amable y divertido. Magi relataba las singularidades de la personalidad de Luis ("el poeta"); Marcos añadía detalles de cómo se había conocido con Luis y cómo resultaron siendo parientes. Jhony estaba algo impaciente por llevar la conversación al terreno libresco, para poder hablar de su ensayo sobre el Popol Vuh, con el que se había lucido en Literatura Prehispánica, con el profesor Óscar Castro, que le había puesto un cinco redondito, y que le publicaron con honores en el periódico La Facultad. Magi se burlaba de la concepción que Luis tenía del matrimonio y de las funciones hogareñas del hombre y la mujer, es decir, de cómo debían distribuirse estos roles. La mujer debía salir a deslomarse para traer el pan, y el hombre cocinaba y aprovechaba los ratos libres para escribir. Según Luis, ambos vivían satisfechos con este trato, algo como el New Deal de Roosevelt a la colombiana. Marcos hablaba de su padre y del aprecio que sentía por Luis, a quien conoció en la época en que este recién llegaba a Medellín, estando al tanto de las privaciones que le tocó vivir como estudiante y como arrimado a la casa de unos consangres. Siempre que Marcos le hablaba de Luis, su padre ratificaba la estima por este, recalcando las hambres que ese muchacho había pasado en una ciudad que le era extraña. Luis venía de Cartagena. A Jhony se le saltaba la ansiedad por meter baza con el tema que le cosquilleaba: su laureado ensayo del Popol Vuh. Pescó al vuelo la mención de Magi sobre los poemas de Luis. "Ah, sí, le publicaron los textos en La Facultad...", dijo, y dejó el asunto flotando en un aire de sobrentendidos. Entonces Marcos dijo: "Y tu ensayo del Popol Vuh... también lo publicaron allí". "Ah, sí..", dijo Jhony, fingiendo desinterés. Le hubiese valido más mostrarse interesado, no dejar pasar la oportunidad de ponderar las riquezas de su texto, la extensa bibliografía utilizada, en fin. Porque Magi aprovechó la distensión para preguntar a Marcos cómo le iba con el libro que le prestó. Jhony terció: "Ah, Los grandes misterios de la humanidad, ese que estaba leyendo Elina la vez que estuve en tu apartamento, Marcos..." "¿Cuál Elina?", dijo Magi. "La compañera de Marcos. Marcos vive con una mujer, ¿no sabías?" Así fue como Jhony compuso el matrimonio de Magi. Tras tan extrañas palabras, Magi se quedó mirando a Marcos, pidiendo, mudamente, una explicación. Al ver que Marcos no atinaba a desmentir las palabras de Jhony, cogió su morral y, enfurecida, pagó la cuenta y se marchó. ¡Pagó la cuenta! Es que ella era quien había invitado. Le había entrado un dinero (bien el sueldo del colegio, bien el premio en un concurso de cuento) y quiso expansionarse con sus amigos. El rostro de Jhony no alcanzaba a expresar sino estupefacción. Su gesto pasó de la liviandad a la tragedia. "Uy, hermano, como que la embarré". Magi no estimó necesario despedirse de Marcos. Al poco tiempo había vuelto con el marido, que celebró la reconciliación preñándola. Magi tenía una barriga de tres meses cuando se fueron a vivir, definitivamente, a Cartagena. Hoy Magi debe sentir inmensa gratitud por Jhony, quien la hizo apartarse de un ser tan egoísta como Marcos y volver con el padre de sus hijos. Marcos jamás le devolvió el libro Los grandes misterios. En una de las periódicas limpias de su biblioteca, como al descuido, lo empacó entre los volúmenes a echar a la basura. Trató de recrear por escrito, incontables veces, la anécdota de Versalles, y lo mejor que le quedaba era la indigestión de los rollos embutidos de arequipe que se hizo servir esa noche de prodigalidad de Magi. Se veían tan apetitosos esos rollos. Qué rollos. De regreso a casa, tuvo que correr al baño. Casi se hace en el camino.
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