jueves, 17 de marzo de 2022

Los condiscípulos (Arizmendy. Cap.8.)

Háblame de ese amigo con el que nos cruzamos una tarde, mientras caminábamos cogidos de la mano. ¿Quién es él? Su atmósfera de solitario me turbó, ese como callado desgarramiento. ¿Es un condiscípulo de la u? ¿Estudia literatura como tú? ¿Es otro desvelado? Ah, se llama Marcos. Háblame en silencio, ese silencio tuyo tan profundo, tan decidido. Es verdad, sueles estar alegre, reír, pero no es ese tu ser verdadero. Lo he notado. Tus expansiones y tus risotadas tienen un fondo de tristeza y lastimadura. Háblame en silencio de ese cuento que escribías, que terminaste y te sugerí enviar al concurso: El sueño perdido. Recibió una mención de honor. Es una historia de dos universitarios, un amor, una ruptura; y el muchacho, después de siete años, sigue llamándola, y ella negándose a una reconciliación. Y él espera de este lado del teléfono, ansioso, en suspenso, en vano. Háblame de esta historia, ahora que estamos sentados en la cafetería, entre los amigos y la gente, y estás como ausente, y te miro, y me digo, háblame en silencio. Tienes un aura de prófugo, como la de tu amigo Marcos, el moro que vimos aquella tarde, y que yo he visto e otras ocasiones. Es muy extraño ese Marcos. Me dices que asiste al taller de Estévez. Sí, ese maestro regañón, al que tú le dices Tarzán Amargado. A ti no te gustan esos talleres de escritores, echas pestes de ellos. A veces he visto a tu amigo caminando en solitario por las calles de Bello. Un día nos cruzamos en la biblioteca de la cooperativa de los obreros textiles. En otra ocasión lo vi salir de un garito, en la calle de los bares. Debe ser más solitario que tú, si no se permite la compañía de una muchacha. Háblame en silencio de Marcos, ese nimbo de costa que lo rodea, esa brisa de río que expele. ¿Sabes muy poco de él? ¿Coincidieron en un curso o dos? Nos saludó desde el otro margen de la vía , aquella tarde; y entonces me pareció avistar la desolada ribera de su existencia. Así que también él escribe. ¿Has leído algo de él? ¿Nada? ¿Son sesudos sus aportes en clase? ¿Saca excelentes notas en los informes? ¿Tiene una imagen de chico listo entre los profesores? Zaida, que asiste al taller de Estévez, me habla de él. Dice que su prosa es impactante, que escribe muy bien. Estévez le ve madera. Acabó por echarse al bolsillo al maestro, luego de que la aspereza de este lo mortificara al principio. Pero es que Marcos es muy disciplinado y puntual. Háblame en silencio de todo eso, Iván. Y háblame en silencio también de ti, por qué tu rechazo visceral de los talleres, por qué ese arriscamiento en la bohemia y la bebida, oh, mi prófugo. ¿Cuál fue el embrujo de esas páginas acaso malditas, de esas calles? ¿Tanto te lastimó el desamor? Una mujer, ¿la causa de tu desesperación? Esa mujer por la que me dejaste; luego ella te abandonó. Como un mendigo, con furor enloquecido, la buscabas por los bares. "¿La han visto?" preguntabas aquí y allá. Yo fui esa primípara que te ofreció mi mundo, que anheló acompañarte. Me gustaba ese orbe de la literatura, los libros, la escritura. Esto me ató a ti. Por un tiempo te oculté que escribía. Mi experiencia con Estévez fue bochornosa, infeliz, por eso no volví. Solo asistí a una sesión. Aquella tarde en que te conocí fue el cielo para mí. "Acompáñame al amor" osé decirte, cuando me propusiste acompañarme al bus. Y eso fue todo. Fueron días de encandilamiento, de una felicidad sin nombre. Te hice caso cuando me exhortaste a abandonar el taller de Estévez. No se le puede poner cortapisas a la imaginación, ese era tu credo. Era tu pelea con Estévez.    

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