Poseo breves apuntes sobre otros profesores de la u. María Elena era la profesora de matemáticas. Una mujercita bajita y hermosita. Sonreía como atardeciendo, ocaso perfecto del sol. Se ayudaba mucho, para dar la clase, del módulo de matemáticas. Vestía con formalidad, sin demasiado feminismo. Yo pensaba que me quería un poco. También estaba Luis Hernán Laverde, profesor de psicología del aprendizaje. Era un charrito que usaba lentes con patas de carey que, mientras exponía, de manera un tanto mecánica, se metía en la boca. Chistoso. Un viejón con aires de juvenil levantador de pesas. Caminaba con jactancia, como si tuviera una virilidad prepotente. Cortejaba, embozadamente, a las muchachas. No llegué a aborrecerlo. Incompetente. Fumador. Jamás dejó de sonreír. De Lucy Mejía, una profesora muy renombrada en la facultad de educación, que tenía una hermana llamada Aliria, también docente en el mismo sitio, hice un brevísimo apunte: "ojos de gato en la noche". Sus ojos eran como cristales garzos, y así mismo eran los de Aliria. Aliria era la misma Lucy, en un formato más acuerpado y, creo yo, más descomplicado.
Contemplar el boque 9 a la distancia, como un conjunto, como un todo ubicado a la entrada de la Plazuela Barrientos, al lado izquierdo, frente a Caos, la tienda que está al otro costado de la plazuela. Una edificación de cuatro pisos, siendo el último más estrecho y sin balcones, con ese estilo sobrio y delicioso del complejo arquitectónico de la u. Contemplar de lejos ese espacio físico acordonado de árboles, ese bloque donde funciona la facultad de educación, y decirse ahí es y fue la vida. Imaginarse el bullir diario en esos pasillos, escaleras, salones, en una visión que rebasa el ladrillo y el concreto y que se pregunta por los momentos, las sensaciones, las ideas, los actos. Hermosa obra de arquitectura, a tono con el conjunto, sí, pero toda esa vida que bullió y bulle allí, la humana experiencia, las emociones, los pareceres, los episodios. Son las personas las que hacen la vida, las que dan sentido a los espacios, las que se imbrican con lo eterno. Profesores: Fernando Sosa, Orlando Carrillo, Horacio (al que apodábamos Sancocho), Georlán. Sistemas de pensamiento: Dewey, democracia y educación, pragmatismo, utilitarismo. La aplicación en la realidad de los diversos contenidos de las corrientes sociológicas y educativas. Aplicación en la realidad, hum.
Un apunte sucinto sobre la fecha de un examen, sobre el aula donde tendrá lugar (10-123), desencadena todo un escenario, toda una dinámica de hechos en torno a un espacio, a un ritual. El bloque 10 es un edificio circular con aulas-auditorio. Unas simples escaleras que llevan del primer al segundo piso, el paseo entre jardines que lleva a las escaleras, el largo pasillo del que se desprende el paseo y que patentiza ya no un pasillo, un paseo, una escalera, sino una inmensa red, un universo.
El profesor Georlán y la psicolinguística, combinación de dos disciplinas, la psicología y la linguística, que tienden al develamiento del discurso de las demás disciplinas de la naturaleza y la sociedad. ¿Qué busca la psicolinguística como ciencia? Ir más allá de las mamparas del hombre y del discurso que domina. Preguntarse por el desarrollo del discurso en el hombre. Busca preguntar y explicarse cómo se da el desarrollo del lenguaje (al profesor le parece de suma trascendencia recalcar esto.) ¿Qué clase de sujeto era Georlán? Recuerdo el final del curso, el balance del semestre. Todos muy contentos con el profesor. Nos vamos un poquito de la lengua en los halagos. En las definiciones, como es lógico, estamos un poco incoherentes, desorientados, no se asimila un cuerpo conceptual así como así. ¿Qué nos quedó para la vida? Mucho, todos estamos de acuerdo en esto. Aquí no se acaba todo, prometemos. Seguiremos adelante por nuestra cuenta. Georlán. ¿O Georlando? Recuerdo a aquel condiscípulo que no dio pie con bola en todo el semestre. Tenía que presentar un examen, cuando ya todos nos despedíamos, al cierre del curso. No había preparado el asunto, no leyó a Kafka, temía al profesor, lo consideraba un verdugo. Y un hombre así, con tales inseguridades y miedos, sería padre de familia, meditaba yo. Tenía afecciones en la columna vertebral este condiscípulo del que hablo. Me había mostrado las radiografías, posiblemente fuera una hernia. Tal vez hubiera que llegar a una intervención quirúrgica. Quizás tuviese que usar un tomacuello. Al final, uno se llenaba de indulgencia con el amigo. Qué importaban sus inseguridades en psicolinguística, sus miedos a Georlán, si a la postre era buen tipo.