martes, 4 de octubre de 2022

Los condiscípulos (Blandón. Cap. 9.)

Blandón obtuvo un premio literario, un primer puesto en un concurso de poesía, el Ciro Mendía (Caldas, Antioquia). Merecido, porque desde muchacho bregó con los versos, los propios y los de los demás. No leía solo a los encumbrados, también tenía olfato para la producción de su época, tanto las celebridades como las jóvenes promesas. De ese torbellino de vida, de las aspiraciones y los traspiés, como burbujas de sueño, afloraron sus poemas. En revistas, en semanarios, en un libro. Elegías a Cristo, así tituló su primer volumen de poemas. En el crisol de la lírica se forjaron la sensibilidad y el humanismo que lo caracterizaron como médico. Médico-poeta, poeta-médico. Aun después de que se graduó y tras largos años de práctica médica, no abandonaba la literatura. Con el Ciro Mendía se había probado, demostró que era en serio. Ganar un premio de poesía en nuestro medio no es poca cosa. En cada hijo de vecino hay un poeta. Conversas con alguien, llegan a cierto grado de confianza, y en seguida viene la confidencia de los versos. "Yo escribo poemas. Dígame qué le parecen. ¿Le gustan? ¿Son buenos?" En la u había un tipo que se especializó en escribir poemas a los buses quemados durante los disturbios estudiantiles. Los traía en una carpeta, listos para enseñarlos al primero que diera chico. Olían a chamusquina. Ni qué decir que el premio elevó aún más el ego de Blandón. No era de los que se toma estos asuntos con reserva. Aquello debió dar para más de una cerveceada con sus amigos letrados. Y para sacarse el clavo con algún flirt antiguo que descreyó de sus aptitudes de poeta. Seguro que se las arregló para compartirle el logro. ¡Los poemas! Cómo amaba Blandón los poemas, cada uno de ellos, como a hijitos bobos. Cierta vez, uno de sus primeros amores se le quedó con unos poemas que él, en el delirio de la pasión, le obsequió. La cosa no llegó a nada. Blandón quiso recuperarlos (seguro no conservó copia), insistió e insistió, pero ella no se los devolvió. La insistencia de Blandón pareció despertar cierta malevolencia en la mujer, por lo menos una sospechosa negligencia. A la fecha no sé qué fue de esos poemas, si el amigo los recobró o no. Se vuelve enfermizo, una urgencia morbosa, recuperar un texto embolatado. ¿A quién no le ha ocurrido? "Mis poemas. Devuélveme mis poemas". Parece un verso de Benedetti o de Jairo Aníbal Niño, sin demeritar a estos señores, que bastante calidad poseen. Imagina que al poeta de la chamusquina se le embolata la carpeta: ¡Dios! La ingenua intrascendencia de estos asuntos salta a la vista, pero pueden llevar al suicidio. "Mis poemas". También es como la pataleta de un chiquillo. En fin. ¿A qué saben los poemas de Blandón? Juzguemos por Elegías a Cristo. Una cruza de lirismo e intelectualismo. Los dedicó a su esposa "que se salvó de la poesía". No se salvó. No escribe poemas, pero tiene un marido que los escribe y que pone cara de ternero degollado ante ciertas situaciones. El poeta de las llagas. Jesús es un llaguiento. Entre más llagas y heridas, más fe. Ya ese título inicial explica su posterior aproximación a la religión. Con los años nuestro pensamiento suele virar. Blandón era un matacuras en la época de la u, un comunista. Hasta estudiaba ruso. Con los años, visita iglesias. Es como los que salen del closet. En el fondo siempre fue un místico. La cosa tiene lógica. Escribes unas elegías a Cristo en la juventud, te haces veterano y te suscribes a la religión de Coquito. ¿Por qué extrañarse? Hay consistencia en esa línea de acción. Es como el poeta de los buses quemados, que a la postre resultara cualquier cosa, por ejemplo, facho o pirómano. Buscar la lógica al asunto. Blandón no debe haber olvidado del todo sus arranques comunistas, sus lecturas de la Editorial del Pueblo, Lenin (Sobre el estado) impreso en la República Popular de China. La línea de Mao. Seguirá siendo librepensador, con los naturales acomodos. Todo ese idealismo (materialismo histórico) no deja de ser parte del revoltijo de la juventud, cuando éramos osados e irresponsables. También es prudente mantenerse dentro de unos límites discretos, ampararse en la religión, en la divisoria de la duda. Bueno, visitar iglesias tampoco es pecado. Con los años va siendo hasta recomendable. La imagen de Cristo en la cruz, qué ícono. Todavía le echamos cabeza a la cosa. Si hasta Roma se convirtió. Tiene un no sé qué de absurdo que todas nuestras búsquedas, nuestros aullidos, se resuman en un libro de poemas. Que nos deje satisfechos que ese libro se publique y se lea. Debimos nacer con ese libro bajo el brazo, ahorrarnos un mar de excentricidades y berridos. Y también visitas al psicólogo. Dios no hizo bien las cosas. A cada uno nos mandó con un talento, a cambio de un sinfín de taras. ¿Es la poesía un talento? "La palabra poética es una mediación entre lo sagrado y los hombres", dice Octavio Paz comentando a Holderlin. El libro bajo el brazo al nacer, cuántas cosas habría ahorrado. Peleas con mujeres, por ejemplo. La mujer que se queda con tus amados poemas, tratando de perjudicarte, de que te duela. Escribe otros mejores, te recomiendo, mándaselos a esa tonta. Teniendo precaución, esta vez, de conservar copia. Copia de poemas, también es otra aberración. Este mundo da lástima. Tiremos todo, no tengamos copia de nada, no firmes nada ni te preocupes por derechos de autor. Es la mayor insensatez. La recurrencia en los poemas (privilegiando los versos a la prosa) acaso hizo que Blandón se apartara de Estévez. La graduación en el taller de este consistía en escribir un cuento maduro. Blandón se excusó de esta exigencia y les metió el hombro a los poemas: no regresó a las sesiones de Estévez. Rara vez se aparecía por allí. Tal vez olía una sutil reprobación en el maestro. Le fue mejor en la poesía. Ganó el concurso Ciro Mendía, editó Elegías a Cristo. Pero de esa época no se le conoce ningún cuento de antología. Es que hay personas a las que se les dan más los versos que otra cosa. Otros nacieron con el molde del cuento. Blandón también debía tener su pelea casada con Estévez, sus críticas punzantes. Aprendiz que se respete pone en duda los postulados del maestro. La vara de Estévez era algo seca, apegada a la técnica; la de Blandón era florida, destellante de sueños. Sueños: de eso se trata. El Támesis (Antioquia) que vio espabilarse a Blandón manaba poesía, inseminaba en los muchachos el amor a la palabra. De allí, al igual que Estévez, surgieron talentos como José Libardo Porras y Everardo Rendón. El de Everardo era un nombre que Blandón mantenía en la punta de la lengua. Everardo era poeta. ¡Aquellos días! Los aventajados nos mostraban el camino, alentaban nuestro paso, nos daban la mano. Almas líricas, corazones soñadores. Jóvenes que crecieron en un paisaje de montañas y riachos, que decantaron su estro hacia los versos. Tenían su tema con la luna. No por saber a qué distancia está de la Tierra ni cuáles son los nombres de sus cráteres y valles, sino por deletrear el embrujo de su luz e hilvanar versos con su cabellera celestial. Sueños, de eso se trata.           

No hay comentarios:

Publicar un comentario