Caliche también fue novio de Loren, al comienzo de la carrera. De esto me enteré después de muchos años, por el mismo Caliche. La enigmática Loren. Debía de ser muy bonita en esa época, como su hermana. Porque Loren tenía una hermana y también estudiaba en la u, una mujer muy atractiva. La belleza física parecía ser para Caliche una condición sine qua non para prendarse de una mujer. Loren era además muy sensual en sus gestos y en su voz. Las líneas suaves y la carne dura de la juventud debían hacerla un bocado apetitoso. Caliche no desestimó ese manjar. Más o menos, mi diálogo con Caliche fue este:
-¿Es verdad que Loren y tú fueron
novios?
-Cierto. Al comienzo de la
carrera. Además de rara, Loren era solitaria. Tenía una bella voz y un andar
sensual. Hace unos días la vi en la calle y me asustó.
-¿Por qué?
-Me pareció muy fea y muy
vieja.
Poco amable este comentario, poco caballeroso. Cómo no hacernos feos y viejos con los años. Los años son la debacle. Solitaria, sí, Loren lo era. Magi, también fue muy amiga de Caliche, se presentaba como su novia. Esto chocaba a Caliche.
-Cuando dices que Magi era
“fuerte” quieres decir que era “pesada”, ¿no?
-Exactamente. A veces era muy
dura en el lenguaje. Creo que se entendía mejor con los hombres que con las
mujeres. Podía ser una excelente amiga, pero terminaba confundiendo la amistad
con el amor. Asistíamos a fiestas y, a mis espaldas, decía a sus amigas que
éramos amantes. Me indignó su proceder. Tuve que frenarla.
-También conmigo tergiversó la
amistad. Era muy atenta, hasta el día en que se enteró de que yo tenía mujer. Estábamos
en un café. Hizo una escenita y se marchó enojada.
-Se montaba en unas películas.
Ese era su problema.
-Yo andaba cabreado, porque ella
solía hablarle de mí a su ex-marido. De esa unión quedó un hijo que a la sazón
contaba seis años. Un chico que dibujaba muy bien, de paso. Yo me mantenía
nervioso, temiendo que ese tipo me la dedicara cualquier día. Con respecto a
mí, había creado una atmósfera sentimental que solo existía en su cerebro. Se regodeaba
haciendo nacer celos entre ambos.
-Era muy rara. Un día empacó la
maleta, cogió a su hijo y se fue de la ciudad sin decir nada a nadie, ni
siquiera a su familia.
-Qué vaina. Creo que eso
coincidió con nuestra entrevista en el café.
-¿Fue la última vez que la viste?
-Así es.
-Era muy extraña, igual que
Loren.
El listado de amores de Caliche debía de ser muy extenso. Me imagino la pareja que haría con Loren. Conocí a Loren, es decir, lo poco que ella permitía que los demás se inmiscuyeran en su vida. Siempre la vi sola, incluso en los conciertos y programas culturales a los que solía asistir. No recuerdo haberla visto nunca con Caliche. Debió ser un noviazgo corto. Creo que Loren era una migaja como Magi, montada en qué películas. Cierto aire lúgubre había en ella. Dos temperamentos posesivos y conflictivos, tremenda mezcla. El estropicio debió ser grande. En el último tiempo de la u, Loren iba por su lado, íngrima, y Caliche por el suyo, loco por Carmen. Reconciliada con su marido, Magi se marchó de la ciudad sin despedirse de nadie. Era maestra. Loren también se enroló en la docencia. Caliche desdeñaba este oficio. Su relación con Carmen se prolongó en el tiempo, la niña crecía. Por los días en que asesinaron a Loren (un alumno le disparó), Caliche aún seguía renegando de la docencia. Al fin encauzó la vida por allí. Creo que ya se había separado de Carmen. Nos gastamos en las relaciones, pero también, de alguna manera, avanzamos. No es delicado andar luego haciendo malos comentarios de la pareja. Cuando más, guardar silencio. Caliche tiene una vena parlanchina que combina con períodos de hosquedad. Es algo ligero al referirse a los demás. Hay que estar entre sus afectos, de lo contrario nos salpicará con sus denuestos. Como Magi, es una persona de lenguaje fuerte, enfático, resuelto. Esto suele causar ampolla. En mi opinión, no es bueno hacerse enemigos o quedar mal con la gente tratando de imponer nuestro punto de vista. Un punto de vista que de todos modos será relativo. La modestia no hace mal a nadie. En cuanto a ideas, el mundo es viejo, y la originalidad, escasa. Así que es mejor dejar pasar muchas cosas. Caliche se ha ganado muchos líos por su espíritu de controversia. Es demasiado emotivo. Mi amigo Luis bromea con estas personas tan efusivas al saludar. "Me saludó tan efusivo que casi me culea", dice. Eso le ocurrió un día con una amiga. Pues bien, Caliche es así, un torrente de emoción. Me deja desarmado. Qué pensará de mí, tan mezquino en el afecto. Y la vida nos ha puesto en trances que acaso no hayamos compartido con ningún otro: meadas hombro con hombro. En aquel galpón lechero de Yarumal, durante la pirateada, siendo muchachos, orinamos hombro con hombro. Luego aquella noche en el baño del bloque de educación, junto al pegajoso Bernardo. Por último, aquella noche en que buscamos desesperadamente a Carmen por las tabernas de la 70, cuando profanamos los pilares del metro con nuestra efervescencia amoniacal. Amigo de meadas, Caliche.
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