Forzar otro capítulo con Olga Regina. A veces resulta algo de estos forcejeos, de estas luchas, de este afanar. Es como el buscador de oro, incansable, ávido del destello de la pepita dorada, fantaseador de mundos entre los límites de lo posible y lo imposible. Parece agotado el personaje de Olga Regina, irremisiblemente perdido. Pero es que aún me falta otra pesquisa en Comfenalco de La Playa, una charla con Gumercindo. ¡El viejo Gumer! Es como decir: ¡La Vieja Sumer! Y abrir un cofre donde relucen Alnirac, Sahrazad, Sahriyar. Abrir las páginas sagradas donde Abrahán envía a su siervo a la tierra de su hermano Nacor, el padre de Betuel el sirio, a conseguir esposa para su hijo Isaac. ¡Y aparece Rebeca! La doncella que al atardecer viene al pozo a llenar de agua sus cántaros. La dulce y grata Rebeca abandona a sus padres y a su hermano Labán y viaja a Canaán a casarse con su primo Isaac. Alnirac es la estrella más brillante de la constelación de Orión. Sahrazad es la heroína más esplendorosa de la literatura. En definitiva, son el mismo latido, el mismo refulgir de un pueblo: Arabia, el Oriente. Si me resisto a dejar de escribir sobre Olga Regina, es que el personaje no está agotado. Por ahí he de encontrar algo todavía, una pista. Tal vez halle algún rastro en el "shalom aleijem" de Aníbal Madrigal, mi amigo judío, en su barba fluida y blanca, en sus relatos de extraterrestres que visitaron la Tierra e introdujeron un cambio en el ADN del homo sapiens. Los viajes intergalácticos, los telescopios espaciales, los centenares de planetas descubiertos, nuestra comunión con los dioses, con Dios: Aníbal es un pintor veterano que habla de todas estas cosas. "Alnirac" y "Orión" acuden a sus labios con misteriosa frecuencia, así como el nombre "Sara" se repite en la tradición hebrea, lo mismo que Olga Regina persiste en mi búsqueda. Hilar más fino en mis pesquisas, es lo que debo hacer. Volver a mis cuadernos de aquella época de la u, detenerme en algunos textos inciertos, donde un "ella" no precisa la mujer de quien hablo, sino que envuelve a la figura femenina en un mordicante misterio. ¿Quién es "ella"? Imposible recordarlo, aunque el mismo texto ofrezca algunos datos. Es lo que pasa cuando disfrazamos una realidad, cuando le ponemos claves secretas: luego olvidamos el código. La escritura abunda en estos simulacros, en imposturas, en subterfugios. ¡Artificios! Cuántos autores escriben en clave. Temen, por ejemplo, que su cónyuge esculque sus notas. El escritor maneja materiales comprometedores. Es un conjurado, un espía, un traidor. También tiene mucho de caníbal. En fin, mi rastreo de Olga Regina ha de ser más minucioso. Tal vez deba descorchar la lámpara y esperar que el efrid me conceda el deseo. Decepcionado de la virtud de las mujeres (tras amarga experiencia con su esposa, a quien ajusticia), Sahriyar se vuelve un monarca cruel e implacable. Cada día se desposa con una doncella distinta, la desflora en la noche y la mata a la mañana siguiente. Por supuesto, el pánico se difunde y los padres temen por la vida de sus hijas. Hay un éxodo. La comarca está en vilo ante la inflexibilidad del rey. Sahrazad, hija de uno de los ministros de Sahriyar, joven hermosa y valiente, decide poner fin a los desafueros del monarca. Además de su espíritu generoso y temerario, Sahrazad es dueña de un don inapreciable: conoce todos los cuentos antiguos y posee un donaire especial para contarlos. Fiada en este poder y elaborando un ardid para disuadir al rey de su terrible dictamen, Sahrazad resuelve pasar a la historia como la mujer cuyo valor libró a las mujeres de su pueblo de una condena brutal. El artificio de Sahrazad consiste en casarse con Sahriyar y narrarle sabrosas historias que deja cortadas cada noche, y así escapar al castigo del rey. Sahrazad confía en que las narraciones son tan deliciosas que Sahriyar, por conocer la continuación, estará dispuesto a aplazar, una noche tras otra, la funesta sentencia. La tradición afirma que Sahrazad logró su cometido. Mantuvo suspenso a Sahriyar a través de mil noches y una. En el interín, los dos se las arreglaron para tener descendencia. Sahriyar acaba por revocar el siniestro decreto y Sahrazad se entroniza como heroína. No faltará quien imagine a Sahriyar como un tirano tan cruel (al que aburren sobremanera las historias), que el plan de Sahrazad fracasa. El rey la disfruta en la noche, su única noche, y la mata al amanecer. Las Mil y una noches se truncan. Entonces habría que escribir Los trabajos de Sahrazad o Sahrazad en apuros o La única y mahadada noche de Sahrazad. Sahrazad y las Mil y una noches serían un invento de Sahriyar, con la intención de crear el culto a una santa intercesora en las luchas del feminismo. "Regina" viene de "rey", "regio". ¿A qué Sahriyar metería en cintura Olga Regina? La regia Olga Regina. Gumer (¡Sumer!) me pondrá sobre el rastro. O Aníbal Madrigal, que es otro rastreador (adiestramientos del tiempo de la Armada). Aníbal distingue el rastro de la zarigueya en la yerba del solar de su casa, le pone las sobras de la comida (huesos de pollo) en los matojos del lindero. Al rato va a mirar y, adiós huesos de pollo. La zarigueya dio cuenta de ellos.
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