La familia Tyrone protagoniza una historia donde cada personaje lleva en sí una condena o una pugna con la existencia. El clan está compuesto por los esposos (James y Mary) y los hijos (Jamie y Edmund). Los hechos transcurren en una casa de vacaciones que los Tyrone poseen en una villa retirada de la populosa Nueva York. La paz hogareña falta, debido a la debilidad de carácter de los miembros. El viejo James Tyrone es un avaro, al que la familia le recuerda su defecto con corrosiva frecuencia. Mary es morfinómana; Jamie, alcohólico; Edmund, el más joven, vive minado por una enfermedad fatídica, la tuberculosis. Por otra parte, el recuerdo de Eugene, que murió de dos años, atormenta a los Tyrone. Eugene era el menor, antes de que naciera Edmund. James se dedicó al teatro (como actor) toda su vida, ejemplo que siguió su hijo Jamie, pero sin tanto lucimiento como su padre. Los Tyrone viven en medio de pasiones tempestuosas, cada uno se constituye en juez de los otros y de sí mismo. Todos están socavados por una ley fatal: Mary se doblega cada vez más ante el reumatismo y la droga con que intenta, vanamente, aplacarlo. James es víctima de su avaricia. Edmund está sentenciado a morir en un sanatorio y Jamie, a perderse en la disipación.
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