domingo, 6 de septiembre de 2020

Mientras agonizo (William Faulkner): codicilo.

Cash, Jewel, Darl. Anse, Addie, Vernon, Vardaman, Cora, Armstid, son personajes que uno aprende a amar. Estos seres que colman y surcan las páginas de la novela nos desagradan al comienzo, al considerarlos sumamente estrechos, romos y egoístas. Luego, este parecer se modifica y la tenacidad (esa terquedad) de la familia Bundren nos atrapa. Cuando los vemos viajar en su carreta con el ataúd de la difunta (ella va metida ahí); cuando los vemos vencer los percances en su obstinada idea de llegar a Jefferson y dar sepultura a su deudo: entonces nos sacuden el corazón. Los vemos en toda su dimensión humana. Vemos que el egoísmo cede lugar a la búsqueda del bienestar común, llegando al sacrificio. Jewel se desprende de su caballo manchado (que pudo comprar trabajando horas extras, jornaleando de noche, después de cumplir sus tareas en la casa), cediéndolo a Snopes en el negocio  por el nuevo tronco de mulas, en remplazo de las que murieron al cruzar el río. 

Hay episodios estremecedores. Por ejemplo, cuando cruzan el río crecido y Cash, que no sabe nadar, está a punto de ahogarse. Se salva, pero queda mal librado de una pierna. Más que su vida, le importan sus herramientas de ebanista. Es grandioso el pasaje en que Vernon, Jewel y Darl se meten al río a cazar las herramientas de Cash y luego, al recuperarlas, se las llevan , porque Cash está ansioso por verlas y sentirlas próximas. 

Cada personaje posee una faceta que lo caracteriza y le otorga fuerza literaria. Anse sueña con comprarse una dentadura postiza, para lo cual ha ahorrado durante mucho tiempo. Es un hombre simple, al que fatalmente se le toma cariño. Addie tiene un corazón donde lidian el odio y el amor, y donde, al final, se establece el desdén. En su pasado hay un secreto que constituye el instante crucial de su vida: la vez que le fue infiel a Anse. En Dewey Dell se agita el embrujo de la ciudad (recuerda uno ese cuento de Rulfo, Es que somos muy pobres, y otro de Onelio Cardoso, Mi hermana Vicia). Darl es quizás en quien identificamos al autor. Es el segundo hijo de los Bundren, el que sigue a Cash, y todos, menos Cora, opinan que es un espécimen raro. Incluso el pequeñuelo, Vardaman, hace gala de una naturaleza psíquica activa, irritada, rayana en el frenesí. 

Uno se siente tentado a declarar que el personaje central de la novela es el ataúd y lo que contiene: la podredumbre de Addie Bundren. Ante el río inundado, los Bundren buscan un paso por diferentes lugares. Los puentes están inutilizados y los vados son peligrosos. Pasan los días. Los zopilotes empiezan a asediar el ataúd.           

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