miércoles, 9 de diciembre de 2020

La guerra del fin del mundo (Mario Vargas Llosa)

Ficción que el escritor peruano conduce hasta el borde de lo sublime, valiéndose de un hecho histórico que, gracias a la técnica narrativa y a la magia del verbo, transforma en fruto de la más admirable literatura. Canudos es el nombre del escenario donde se lleva a cabo la confrontación que el título anuncia. Bahía (Brasil) son los círculos mayores donde se inscribe esta historia. Místico, fanático, embaucador, mesías, la figura de Antonio Consejero se alza como personaje principal del drama. En torno a él se va congregando un movimiento cada vez más nutrido y entusiasta, que pasa de fenómeno espiritual a lucha revolucionaria y, finalmente, a conflicto armado. El Consejero, santón del sertón, lidera este indescriptible acontecimiento que, de inofensivo brote, se torna en rebelión, germen que fermenta una guerra de dimensiones cada más grandes. Antonio Consejero peregrinaba por los pueblos del sertón con su túnica morada, su melena de nazareno y sus palabras apocalípticas. Las gentes desdichadas hallaban en él un gran consuelo. En realidad, nadie sabe su procedencia, su historia nos es vedada. Sólo sabemos de sus errancias por el sertón, ya adulto y profeta. Sus seguidores aumentan con sus romerías y caridades. La tendencia pacifista y espiritual de esta manifestación se cambia, de repente, en una pugna radical. En Brasil la monarquía ha sido destituida, dando paso a la república. El Consejero, en sus profecías del fin del mundo, declara que la república es el enemigo, el Can, y aboga, en cambio, por el restablecimiento del rey Sebastián. Mucho después, los analistas que, de una u otra forma, tuvieron que ver con Canudos, denominarán al Consejero como cabecilla de de una revuelta retrógrada y oscurantista. Los republicanos fueron estigmatizados con un odio visceral por parte del Consejero y sus adeptos. Ante la inminencia del Apocalipsis, estos místicos se refugian en Canudos (apropiándose de las tierras del barón de Cañabrava) para fundar un reino de elegidos, una ciudad santa. Allí comenzó la guerra, en el intento de desalojar a los invasores de la propiedad ajena y mediante la ponzoña tergiversadora de los intereses políticos en lid. Canudos se convierte en la diana adonde apuntan los más heterogéneos egocentrismos de Bahía y el Brasil. La cosa cobra una magnitud insospechada. Lo que era una simple invasión de tierras por un puñado de fanáticos, se muda en un conflicto que amenaza la paz nacional. En Canudos se dan cita los personajes más dispares, los destinos más inverosímiles (Galileo Gall, el anarquista, el periodista miope, etc.) cada uno impulsado por ambiciones diversas. Los "dementes" se vuelven fuertes en Canudos, se organizan, forman una sociedad de los pobres, de los marginados, de los que creen en el fin del mundo y en la maldad de la república. La fe cunde y da origen al establecimiento de un orden basado en el amor al Buen Jesús Consejero. El ejército de Bahía ( y luego el de Brasil) se ve implicado en el asunto y, tras sucesivas y deshonrosas derrotas, lanza un ataque ciego y demoledor. La rebelión es arrasada, millares de fanáticos masacrados. Pero las pérdidas militares son enormes. Al final, sobre Canudos se hila la fábula que tiende a ocultar la verdad, a deformar los hechos, a cubrir la verguenza. Sobre un hecho que alcanzó repercusión internacional se tejen y destejen versiones fundadas en distintos intereses y temores.     

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