jueves, 9 de abril de 2020

La espera de los dioses


Es algo que todavía me inquieta. Ocurrió días atrás. Había una manifestación en la plaza frente a la alcaldía, gente que abogaba por la reparación por las víctimas, que delataba la corrupción de los organismos oficiales encargados de los auxilios a los familiares de éstas, que insultaba al gobierno por mantener en el desempleo y la inopia a las personas honestas, mientras prodigaba un trato privilegiado y pagaba sueldos a los paras y a la guerrilla.  

La protesta rompía la calma habitual del sector. Los líderes comunitarios se turnaban la palabra en el megáfono. Como nadie siente el dolor hasta que no lo toca en carne propia, la indiferencia del común es la nota predominante en estos casos. Pero no faltan los curiosos que se detienen a observar. En un sitio tan concurrido, es de suponer que más de un transeúnte se interesó por conocer las reclamaciones de los congregados. Yo fui uno de éstos.

Repito, la mayoría de la gente no se da por aludida. Cada uno está en sus ocupaciones y sus afanes. El frutero sólo quiere vender sus frutas; quien va a su trabajo no puede perder el tiempo abriendo la boca aquí y allá. 

En actitud preventiva, como desprevenidos, cuatro o cinco policías se apostaron  cerca de la tarima de la manifestación. Era lo de siempre, sólo basta que haya un brote contestatario para que el sistema responda con represión  Bueno, pero de esto no trata la anécdota.

Tres indígenas embera de los que venden Vive 100 en la plaza conversaban a unos metros de la protesta. Sin duda, se situaron allí al ver en la multitud una potencial clientela. Esto queda descartado. Cualquiera lo haría. Sin embargo, advertí algo singular en ese trío. Aunque esperaban que la venta se disparara con la afluencia de personas, el discurso de los manifestantes, y tal vez éstos mismos, les tenían sin cuidado. Parecían tres dioses impasibles entretenidos en un coloquio que tuviera un móvil del todo ajeno a las cosas de este mundo. Me recordaron el Ramayana, el pueblo de los monos que auxilia al héroe en su lucha contra los demonios. Despedían un aire oriental, de ermitaños en meditación. También pensé que eran tres divinidades desterradas que aguardaran parsimoniosamente la reconquista de su reino usurpado.  


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