martes, 21 de julio de 2020

En la barra

De pie, ante la parejita sentada en la barra, mientras conversaba con éstos, el adamado jayán jugueteaba distraídamente con el cabello de la muchacha. Frente a ellos, que tenían una postura lateral con respecto a él, a la barra y al salón, el hombrón de afeminados gestos y delicada voz, con la mano derecha en el respaldo de la silla del muchacho, con la izquierda entorchaba y desentorchaba, compactaba y ahuecaba, las sueltas madejas del cabello de la chica, que lo dejaba hacer. Su empaque de boxeador peso pesado y su estatura de basquetbolista o de eunuco elevándose sobre la achaparrada parejita, el amaricado jovenzuelo, con un corte de pelo fashion, con la cara empolvada, con la camiseta negra de los meseros del bar, hablaba con vivacidad a sus dos interlocutores, el pelado de camiseta roja y la pelada de gafitas. La música envolvía y velaba sus palabras, pero su gesticulación era inconfundible, la de una loca. En cierto instante su mano derecha hizo la mímica de la preñez, y los vecinos de la barra, que lo miraban, pudieron leer, en ese accionar, que hablaba de una mujer, quizás amiga de los tres, que se hallaba embarazada. El breve tiempo que platicó con la parejita, el talludo ganímedes acarició con su manaza el cabello de la muchacha. Después que se separó de ellos, se lo vio en sus actitudes habituales: yendo entre las mesas a solicitud de los clientes, de pie contra la pared junto a la entrada, recostado a la barra en parla con los cantineros o algún parroquiano conocido. Había en su porte una imponencia de columna griega. Algo entre desdén y descoco. 


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