jueves, 4 de junio de 2020

Interiores, un filme de Woody Allen

Presenta unos personajes viciados por la opresión de las grandes ciudades modernas, cuyo más formidable emblema es Nueva York. Seres con trastornos psicológicos (Eve, Joey, Frederick, Renata) alternan con otros de naturaleza más firme (Arthur, Flynn, Mike, Pearl). Todos, sin embargo, sobrenadan en el burbujeante caldo de la desesperación y de la vida como trampa. Los supuestamente equilibrados accionan en un mundo donde el trabajo tiene un ácido gusto a evasión: el cine, la literatura, el arte, la jurisprudencia. El autor pone el dedo en la úlcera de una sociedad que arrincona al hombre, destrozando sus nervios, tornándolo carne de manicomio. Eve es una enferma mental. Su obsesión con la decoración, su carácter escrupuloso sintomatizan el morbo. Joey es la eterna insatisfacción, el perenne cabo suelto. Frederick es el escritor negado a la fama, lleno de frustración, cuyo magro destino lo reduce al oficio de crítico literario. Flynn es actriz. Mike, cineasta. Arthur, abogado. Un orbe de intelectuales, de profesionales, de gente realizada en lo económico. Aunque lo monetario no representa un problema (todos tienen ingresos seguros, unos más elevados que otros), la psiquis tiene averías. Queda el signo estremecedor del ser humano cautivo entre los tentáculos de la megápolis, víctima de conflictos maniaco-depresivos, inconforme, promiscuo, movedizo, viviendo a una velocidad vertiginosa, malgastando la vida en la darwiniana lucha por la supervivencia, dentro de círculos afectivos deteriorados. Woody Allen muestra el desconsuelo de las clínicas de reposo, donde Eve (que es cabeza de una familia dividida por los roles profesionales, y por el carácter, por supuesto) acaba siendo hospitalizada. Arthur y Eve tienen tres hijas: Joey, Flynn y Renata. Esta última es una escritora de renombre, lo que no la salvaguarda de los reproches y las dudas con respecto a la utilidad de su oficio. Arthur y Eve se divorcian cuando sus hijas ya están grandes. El divorcio, otra evidencia de una sociedad donde los valores están hechos añicos. Y el vértigo. El turismo cosmopolita es otra suerte de huída. Eve termina suicidándose, ante la imposibilidad de reconciliarse con Arthur, arrinconada por sus nervios (alcohol, pastas). Arthur se casa de nuevo, con Pearl. No faltan las escenas de adulterio (Frederick y Flynn traicionan a Renata, esposa del primero). Vidas incompletas, destinos desastrosos, ambientes enfermizos, en fin, el absurdo, el destazamiento del ser humano, es lo  que nos comparte el lente de Woody Allen. 

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