Posamos tristes, sombríos
para el ubicuo fotógrafo
que revelará nuestra vana gloria.
Posamos para retratos, para olvidos
de frente, de perfil, de espalda.
De cualquier modo nuestros ojos fulgen.
Somos pereza del tiempo, ocio del aire.
Posamos para permanecer en la huida.
Huida del color, de la sirena, de la mano.
Vértigo de aromas, sopor de siglos, brisa.
Todo nos da la espalda, nos da la sombra.
Posamos para la nube, para el niño.
El nostálgico fotógrafo recupera nuestros sueños
colorea nuestro mar, modela nuestro bíceps.
Pasamos a través de todos los ojos de todas las agujas
cual camellos volátiles, cual árboles aéreos.
Llegamos tan lejos, desafiamos tantos odios
que nadie podrá impedirnos reír algún día.
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