martes, 3 de julio de 2018

La parte del gato

Me faltaba la parte del gato para ser realmente yo. Esa parte que medita y filosofa conmigo. Ahí está el gato, en el sillón, junto a mí, conmigo, tan próximo, tan íntimo y distinto. Ahí está, corporeidad que descubro mientras leo a Pessoa, que también tiene su gato.

Me faltaba la parte del gato para entenderme cabalmente. Agradezco que el gato llegase a mi vida a esta edad, cuando tantas cosas han partido, cuando tantas otras se han transformado, unas en bagazo, otras, las que más amo, en cristales.

Y el gato, al que antes no entendía, es un cristal, un diamante. Y a través de sus innumerables caras, veo el gato de ayer, el gato de hoy, el gato eterno. Como si saliera del libro que leo, temprano se despierta el gato a meditar conmigo.

A estos años, que ya son muchos, les pone condimento el gato.  

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