Los judíos y el ajedrez
Dios y el hombre juegan una partida de ajedrez. Dios juega con las negras. Pese a la ventaja inicial, el hombre pierde la mayoría de las oportunidades, aunque, alguna vez, Dios le permite hacer tablas.
En este arte, Dios es el indestronable campeón, el Gran Maestro de todos los tiempos.
Legó parte de esta ciencia a los judíos. El ajedrez es de los judíos, así como la Promesa. Los judíos son el pueblo de la Promesa.
El Antiguo Testamento es una partida de ajedrez entre Dios y los judíos. El Pentateuco es la apertura; Jueces y Reyes son el juego medio; la Profecía y la Deportación son el final.
Jesús se asoma y echa un vistazo, como espectador, a la partida, pero no se le permite ir más allá. Jesús no juega ajedrez. Cuando más, fabrica el tablero y las piezas, porque es carpintero.
Es de todos sabido que los mejores jugadores de ajedrez de la historia, con algunas excepciones, han sido judíos. El judío domina la Cäbala, la Combinación.
El Holocausto puede entenderse como el odio de Europa por el genio de los judíos. El judío tiene la ciencia, la bendición. Las mentes más preclaras han sido judías.
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