viernes, 8 de junio de 2018

Antioquia pujante

El pudor me domina a la hora de hablar de esta Antioquia pujante. Un pudor que se acerca a la timidez, quizás a la indefensión. ¿Y ahora qué es lo que pasa con esta Antioquia pujante? Nada, que sigue pujando cual mujer que va a parir. Va a parir otro hijo. Un hijo de sus entrañas y sus anhelos. Un hijo de su absoluta predilección. Un varón. 

Porque Antioquia es una región de machos, así su nombre sea femenino. Por coherencia con esta potencia viril, debió llamarse Atlántico, Chocó, Nariño, qué se yo. Pero se la denominó Antioquia, la Grande, la que siempre ha soñado con llamarse Antioquia Federal. La que en su himno proclama la perfumada Libertad.

Antioquia, región de machos machos y de machos muchos. Esta es la Antioquia que desbrozó los montes y explotó las minas, que tendió puentes sobre los ríos y abrió trocha hasta el mar. Una Antioquia ufana del machete y la sotana, de los próceres y los deportistas. Esta es la Antioquia que puja porque va a parir otro hijo. Un hijo que nacerá bendecido y arropadito. 

Esta es la Antioquia Grande con su himno libertario, que induce a tratarla con respeto, y a veces hasta con timidez e indefensión. Porque es tan grande, tan pujante. ¿Qué puede sentirse ante estas montañas y estos ríos antioqueños? Montañas y ríos que han visto pasar y pasar la diáspora de la civilización, el progreso, la justicia y la paz?  

   


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