miércoles, 25 de marzo de 2020

Pablo Casals y la disciplina del estudio


Cuando tenía noventa y cinco años, el maestro Pablo Casals vivía en Puerto Rico. Los que lo visitaban en esta época, lo encontraban dedicado al estudio  de la obra Sueño de una noche de verano, de Mendelsshon. Se cuenta que, pese a su avanzada edad, a su natural desmedro físico, era un anciano vital y alegre. Amaba la música a tal punto que jamás perdonó a un músico que una vez hizo un comentario de mal gusto sobre ella. Toda la vida recordó con desagrado la salida de tono de este colega.

Pablo Casals conquistó al mundo con la magia de su violoncelo. Consagró toda la vida a la música. Sus datos biográficos no vienen mucho al caso al propósito de estas líneas. Sin embargo, anoto la capsulita de que, a los ochenta años, se casó con una muchacha de veinte. Anoto y apruebo su elección de buscar, en sus últimos años, el aire paradisíaco del Caribe. 


El afán de estas líneas consiste en encomiar el amor al estudio, la disciplina que conduce a la perfección, la constancia que lleva a la maestría. Pablo Casals hacía gala de estas virtudes. Con décadas de distancia, siento el mismo asombro  que experimentaban los admiradores que lo visitaban en aquel tiempo en su morada caribeña. Un hombre casi centenario, de limitado vigor físico, seguía consultando los arcanos, sondeando el mar de las maravillas. A los  noventa y cinco años, invocaba la luz de Mendelsshon en El sueño de una noche de verano.      

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