lunes, 15 de enero de 2018

Estudio

Dedicas una hora a pasar revista a tus libretas, sin saber a ciencia cierta qué es lo que buscas. Es en la madrugada, con un frío que cala los huesos y el alma, porque al estudio entran corrientes de aire. Una hora, quizás un poco más, trajinando tus libretas, inquiriendo en tus apuntes, leyendo fragmentos de vidas, de historias.

La página en blanco aguarda en la pantalla del computador encendido. Pantalla (hoja en blanco) que se oscurece cada cierto tiempo y que vuelve a su naturaleza cuando tocas el cursor. Hoja en blanco que aguarda la continuación de la escritura, un episodio más enhebrado a la historia.

Tardas en hallar lo que buscas. Tal vez porque no buscas nada concreto, así Margarita la de Ituango y Jhon Jairo el de Concordia reincidan en los apuntes encontrados. Una joven pueblerina, un policía. La repetición de estos nombres en tus apuntes acaso quieran dar una pista, un sendero por el que transitar.

Piensas que la hoja en blanco de la pantalla acogerá a Margarita, a Jhon Jairo, porque la lectura de los apuntes te ha predispuesto hacia ellos. No es así. Cuando al fin empiezas a signar la hoja en blanco, es otro personaje quien toma carne: Casandra.

Así de misterioso es el estudio.

    

    

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