viernes, 1 de diciembre de 2017

Guitarra

Mi práctica cotidiana de guitarra va por estos rumbos:

Comienzo con dos obras de Matteo Carcassi, el Andantino Grazioso y el Vals. Sigo con un Legatissimo de Jairo Enrique Restrepo y con Lágrima, de Tárrega. En seguida ataco  de nuevo a Carcassi, un Andante y Le Papillon, de Mauro Giuliani. A continuación toco la Oda a la Alegría, de Beethoven. Luego, dos obrillas de este servidor: Esperanzas y Melodía Número 2.

Prosigo con tres estudios, uno de Leo Brouwer, uno de Giuliani, otro de Carcassi, como introito  del Vals Venezolano, de A. Lauro, El Intermezzo Número Uno de Luis A. Calvo y el Preludio Criollo, de Rodrigo Riera.

Toco una progresión  que empieza con un CM7, y termino con algún segmento de Brisas de Cádiz, de Emilio Medina. Sólo un segmento, porque todavía no memorizo la obra completa. Estoy en eso, estudiándola.

Mi ejecución de estas obras es modesta, aunque en algunas, las más sencillas, he adquirido agilidad y algo de expresión. Las trabajo como complemento de la guitarra popular, porque mi objetivo primordial es la cantautoría. Sé que la técnica aprendida con este repertorio clásico se inervará poco a poco con  la guitarra popular.

Y así voy. 

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