Un tipo rudo el tal Pascual, un malasangre o sangremala. Mata de un escopetazo a Chispa, su perrita amada. Le acometen los impulsos más brutales: de acabar con la gente, de liarse a navajazos con quien le de motivos. Y es fácil llenar de motivos a Pascual. En líos de tragos, da unas puñaladas a un compañero de fiesta. Cuando la yegua tumba a Lola, mata a la yegua a navaja.
Un tipo que sabe de odios y violencias, el tal Pascual. Años atrás había leído esta novela de Cela. Hoy vuelvo a leerla. La llevo por la tercera parte. Me encuentro con un ser que es como un pozo sombrío, como una fiera enjaulada. Un animal de instintos carniceros. En el episodio en que la yegua tumba a Lola, que está encinta, recordamos un cuento de Rulfo, La muerte de Matilde Arcángel, donde ocurre un hecho similar. El caballo tumba a Matilde y ella, por proteger al fruto de su vientre, recibe todo el golpe. El niño se salva, pero el padre lo odia, lo culpa de ser el responsable de la muerte de su Matilde.
Pascual cuenta su historia desde la cárcel. La escribe a petición de un tercero. En algunos pasajes de su relato se advierte cierta contrición, pero en muchos otros se siente una complacencia por sus execrables actos, una malignidad descarada. ¿Es descaro? Pascual es un palurdo, un tipo sin educación, con una crianza estrecha y burda. Su familia no es menos deschavetada. La madre, el padre, la hermana (Rosario), el hermanito (Mario), qué galería del descalabre.
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