LOS RECTORES QUE ESCRIBEN CARTAS
El coronel Aureliano esperó una carta una infinidad de años y puede decirse que murió esperándola. Jamás le escribieron la anhelada notificación donde le informaban que podía cobrar la pensión. No es que los funcionarios del gobierno sean tarados, que no sepan escribir, es que escriben a quien les da la gana.
Sobre todo al finalizar el año lectivo, los rectores de los colegios suelen escribir cartas. Se las dirigen a profesores a los que "liberan" de la plaza, tal es el eufemismo que emplean, pero que en lenguaje raso significa que los despiden, que los echan. Se lavan las manos aduciendo que son disposiciones de la Secretaría de Educación, lo cual no deja de ser verdad.
La rectora del colegio Ramón Giraldo Ceballos, la señora Claudia Boada, me escribió una carta al terminar el año.
Es ella una santandereana poco sociable con los profesores, bastante irritable, al parecer muy rezandera, pues se mantiene en constante contacto con los párrocos de la vecindad, de manera que el estudiantado y los profesores deben ir a misa varias veces al año. Y a los educadores se les solicita a menudo colaboraciones económicas o en especie para asistir bazares o actividades parroquiales.
En dos años que estuve en dicha institución, fui varias ocasiones a misa y a otros tantos bazares donde lo recolectado era para "el padre". "El padre" como que tiene mucho predicamento en el colegio, la rectora lo menciona a menudo, le sigue la corriente, se afana por no irritarlo. La rectora es auxiliada por profesores devotos y solidarios, que hacen la colecta para los bazares y para cuanta cosa se les ocurre, desde un regalo para una colega incapacitada hasta un detallito para la psicóloga que cumple años.
Hasta el último instante, en la reunión de profesores previa a la salida a vacaciones, no supe que la rectora me había escrito una carta. Fue el último día, jueves 27 de noviembre, después de la frijolada de despedida, donde todos comieron de lo lindo, una bandeja típica descomunal, según me dijeron algunos compañeros. Hasta a los de servicios varios y a los trabajadores que reparaban los techos les tocó el copioso almuerzo. Yo no me atreví a acercarme a la cocina por un plato, aunque el llamado a comer fue general y todo el mundo pasaba con su "cocao", pues el día anterior no me anoté en la lista que uno de los profesores elaboraba con los que darían la cuota de la frijolada. Me pareció indelicado comer si no había echo el aporte.
En dicha reunión, la rectora anunció en voz alta la carga académica que cada profesor tendría el año entrante, de modo que los que no fuimos nombrados nos dimos cuenta, entre un suspenso y un silencio poco grato y yo diría indecoroso, cruel, de que habían prescindido de nosotros, de que nos habían "liberado", de que no seguiríamos en el colegio el año siguiente.
Fue así, de manera inesperada, tajante, en medio de todo el profesorado, como la rectora me avisó. No hubo un diálogo previo, un llamado de atención, una explicación. Entiendo que en las carreras por rematar el año, por los grados, por las notas, por la papelería, no se tenga mucho tiempo para esto y aquello. Pero hay formas decentes de hacer las cosas.
Una vez hecho su anuncio, la rectora preguntó si alguien tenía algo que decir. Casi nadie dijo nada. La rectora dijo de mí: "el profesor no chocó nunca con ningún alumno , aquí hay profesores que se dirigen a los estudiantes en un tono inadecuado, pero el profesor nunca chocó." Cuando dio por terminada la reunión y yo salía ya del aula, me llamó con un grito. Era para darme la carta. En el último instante. Después de que yo estuve allí dos años sin que ella jamás me llamara a hablar sobre mi labor.
No sé con qué criterios determinó mi salida. Si consultó con los estudiantes a ver qué tipo de profesor era yo. Si solo consideró su propio parecer y el de la coordinadora o si fue por decisión del Consejo Directivo. No lo sé. La rectora no estimó necesario confiarme por qué conducto o circunstancias "liberó" mi plaza. No peco de jactancioso si digo que, de haberles preguntado a los estudiantes sobre mi forma de enseñar y de tratarlos, hubiesen dado un buen concepto de mí.
La rectora dio la asignación académica que yo traía a otros profesores, entre los que se cuenta una maestra que sólo lleva unos tres o cuatro meses, quizás menos, en el colegio, mientras que yo venía trabajando hacía dos años. No sé si la variable de antiguedad tenga algún mérito en este caso. No hablo de idoneidad. Eso no me toca decirlo a mí. La hoja de vida es el respaldo de cada educador. Otra cosa es el tipo de vinculación. Sé que la rectora sostiene a capa y espada en su nómina a un profesor provisional. Prefiere entregar la plaza de un maestro en propiedad que la de este provisional. No tengo nada contra este señor. Sólo manifiesto un hecho.
Otro hecho constatable, este año yo tenía veinticuatro horas de clase a la semana, mientras que hubo otros profesores que, sin ser, como yo, directores de grupo, tenían cargas académicas aligeradas.Así que no puede objetarse que yo no trabajaba. La rectora puede confirmar que jamás le pedí un permiso para nada, ni dejé de asistir al colegio un solo día, en tanto eso es allí la feria de los permisos y las incapacidades, con decir que la coordinadora se fue dos semanas de vacaciones a Cancún en pleno octubre. Muy formalita la coordinadora, nos trajo chocolates.
El programa bandera de la rectora, según ella misma afirma, es el proyecto de convivencia, negociación de conflictos. Extraño que no haya utilizado este recurso para tratar con los educadores que "liberó". Al menos conmigo no lo usó.
Al finalizar el año la rectora le metió mucha pólvora (incluso mandó confeccionar unos costosos disfraces con las figuras, pero nunca tenía plata para arreglar las puertas de los salones, casi todas desgonzadas y algunas ausentes) a un proyecto de ajedrez liderado por un profesor de primaria, con el que el colegio concursaría en unos premios al maestro. La señora Claudia, a falta de otra idea mejor, con su natural temperamento santandereano, casi que obligaba a los maestros a vestirse los disfraces de figuras de ajedrez en las diversas demostraciones que, muy pagada de su proyecto, dio a quien interesaba y a quien no. Más de un profesor se llevó un grito santandereano al mostrarse remiso a vestirse el disfraz de alfil o peón. Gente que en su vida ha sabido lo que es el ajedrez, por no contradecir a la rectora, tal vez porque no "liberaran" su plaza, se vistieron varias veces, contra su voluntad, como unos grotescos figurones.
Y luego faltó altura para comunicar a la comunidad educativa el resultado de tan esperanzador proyecto de ajedrez, el cual no obtuvo ni siquiera mención, porque otros colegios, con trabajos mejor estructurados, se llevaron los honores. La rectora guardó silencio culposo al respecto, cuando en la faceta de promoción del proyecto fue tan activa y exigente. Tuvo que decirnos, en esa última reunión, o en cualquier otro momento, cómo se fracasó con lo de ajedrez. Pero no lo dijo. Nos dimos cuenta del fiasco por medio del profesor abanderado, quien nos transmitió la noticia de la descalificación a dos o tres con quienes departía.
Así no se hacen las cosas. El proyecto de ajedrez murió como nació, como un fruto sin autenticidad, una improvisación. En los dos años que trabajé allí nunca vi que este juego fuese algo raizal en la institución. Se hizo ruido con eso mientras se reunían las evidencias para el jurado. Entonces, por unas semanas, se vio al profesor impulsando el ajedrez con unos poco niños de primaria, sólo con ellos, porque la cosa no tuvo eco en bachillerato. Luego no se lo vio más, y creo que no se lo verá. Porque el ajedrez en la Ramón Giraldo no hace parte de una estrategia pedagógica seria.
Todas las cosas que se hagan de ese modo están destinadas al fracaso. Y a la rectora le cabe responsabilidad en ello, porque le faltó una valoración profunda de los alcances del proyecto de ajedrez, y se entregó a un fácil entusiasmo. Y luego no dio la cara a la derrota.
Es que creo que a la rectora le falta mucho en lo que tiene que ver con liderazgo académico, intelectual, cultural. Porque todo no es llevarles a los chicos reguetón y vallenato, o darles un paseo anual a un parque recreativo.
Hay que convencerse de que los rectores deben escribir, leer, tratar temas de impacto social y cultural, así es como se puede dar una buena educación a los jóvenes, no patrocinando misas y bazares parroquiales, fútbol y porristas.
Desde que ni siquiera haya el ambiente del libro, estamos muy mal. Y así están las cosas en la Ramón Giraldo.
Por eso sólo hay capacidad para escribir lapidarias cartas de despido.
sábado, 29 de noviembre de 2014
viernes, 28 de noviembre de 2014
ALEJANDRO, MI HIJO FUTBOLISTA
Otro año, el segundo, que mi hijo participa en el torneo de fútbol de la Liga de Antioquia, defendiendo los colores de Prado Fútbol Club.
Alejandro es delantero (9), y este año, igual que el anterior, anotó nueve goles.
Ha crecido en talla y en fútbol.
Mediando la temporada, le ocurrió algo grato: lo vieron jugando en la Pintada y lo invitaron a entrenar en Forma Antioquia, un equipo, a mi entender, de mayor categoría.
Quizás en el 2015 juegue com este club, donde le han dado aliento y confianza.
Por ahora, tras ganar octavo, se proyecta con firmeza hacia noveno. Disfruta las vacaciones del colegio y se prepara para otro nuevo año de fútbol, donde esperamos que todo vaya a pedir de boca.
Es el sueño de mi hijo, mi sueño.
Los días dirán.
Otro año, el segundo, que mi hijo participa en el torneo de fútbol de la Liga de Antioquia, defendiendo los colores de Prado Fútbol Club.
Alejandro es delantero (9), y este año, igual que el anterior, anotó nueve goles.
Ha crecido en talla y en fútbol.
Mediando la temporada, le ocurrió algo grato: lo vieron jugando en la Pintada y lo invitaron a entrenar en Forma Antioquia, un equipo, a mi entender, de mayor categoría.
Quizás en el 2015 juegue com este club, donde le han dado aliento y confianza.
Por ahora, tras ganar octavo, se proyecta con firmeza hacia noveno. Disfruta las vacaciones del colegio y se prepara para otro nuevo año de fútbol, donde esperamos que todo vaya a pedir de boca.
Es el sueño de mi hijo, mi sueño.
Los días dirán.
sábado, 20 de septiembre de 2014
La vida sigue
La vida sigue, incansable, regalándonos días y noches, ilusiones, contratiempos. La vida sigue, presentándonos espejos, unos bellos, otros horribles. La vida sigue, enseñándonos caminos que debemos tomar o evitar.
La vida es esa sensación tremenda de la vigilia, del tiempo, de los actos, de las palabras, de las expectativas. También es sueño, cuando dormimos y entramos como en un estado de hibernación, del que salimos al despertar.
Es todo esto y más.
Es hoy, ayer, mañana.
Es la medida de nuestros intentos.
La vida sigue, incansable, regalándonos días y noches, ilusiones, contratiempos. La vida sigue, presentándonos espejos, unos bellos, otros horribles. La vida sigue, enseñándonos caminos que debemos tomar o evitar.
La vida es esa sensación tremenda de la vigilia, del tiempo, de los actos, de las palabras, de las expectativas. También es sueño, cuando dormimos y entramos como en un estado de hibernación, del que salimos al despertar.
Es todo esto y más.
Es hoy, ayer, mañana.
Es la medida de nuestros intentos.
domingo, 6 de julio de 2014
Los pájaros atisban la raya del día.
En sus nidos tibia es la palabra.
Los pájaros no se jactan de nada.
En sus picos la vida es poesía.
Los pájaros tornan a mi letra baldía.
En sus plumas lidian viejas sagas.
Los pájaros no se jactan de nada.
En sus ojos la muerte porfía.
Los pájaros degluten fantasía.
En sus noches afilan garras.
Los pájaros no se jactan de nada.
Nada esperan del día.
En sus nidos tibia es la palabra.
Los pájaros no se jactan de nada.
En sus picos la vida es poesía.
Los pájaros tornan a mi letra baldía.
En sus plumas lidian viejas sagas.
Los pájaros no se jactan de nada.
En sus ojos la muerte porfía.
Los pájaros degluten fantasía.
En sus noches afilan garras.
Los pájaros no se jactan de nada.
Nada esperan del día.
Jean Val Jean, Fantina, Cosette, Mario, Javert, piezas de ese calidoscopio que es Los miserables, la novela de Víctor Hugo. Jean Val Jean, un hombre redimido por el sufrimiento: el presidio injusto, la muerte de Fantina, el acoso de Javert. Mario y Cosette, una historia de amor con un final feliz. Javert, un maníaco del orden, un policía severo como un monje. Este inmenso telón tiene por trasfondo las revoluciones francesas, ese imperativo de igualdad que brota desde las profundas raíces del pueblo. Mario es un libertario. Otra figura, imponente en su gloria y su derrota (oh, Waterloo), es Napoleón Bonaparte, a quien la ambición hizo caer. Las potencias europeas (Alemania, Inglaterra, Holanda) se coligaron y lo derrotaron.
Marianella
Estas palabras que escribo hoy son en recuerdo de Marianella, la muchacha que, en mi clase de español, cantaba con entusiasmo la canción Mariposas Amarillas.
Siempre me decía que tenía una guitarra, que le gustaría aprender a tocarla. Me pidió que le enseñara y yo le dije que bueno. Ella quedó de traer la guitarra al colegio, pero nunca lo hizo.
Por esas cosas de la intolerancia y de la violencia, Marianella murió un fin de semana.
Cuando canto Mariposas Amarillas, me acuerdo de ella, y me digo: "Esta es su canción".
¿De quién más puede ser?
Cuando me enteré de su muerte, escribí una canción: "Ella".
La he cantado a los alumnos en mi clase.
Dice así:
Ella se fue para un viaje largo.
Ella quizás va caminando
De regreso a la eternidad
Donde sólo existe paz.
Ella se fue en pleno verano
Sólo tenía catorce años
Y canciones por cantar
Y sueños por alcanzar.
Ella se fue, es tan extraño
Su imagen viene cada rato
A alumbrar la oscuridad
A impulsarme a continuar.
Estas palabras que escribo hoy son en recuerdo de Marianella, la muchacha que, en mi clase de español, cantaba con entusiasmo la canción Mariposas Amarillas.
Siempre me decía que tenía una guitarra, que le gustaría aprender a tocarla. Me pidió que le enseñara y yo le dije que bueno. Ella quedó de traer la guitarra al colegio, pero nunca lo hizo.
Por esas cosas de la intolerancia y de la violencia, Marianella murió un fin de semana.
Cuando canto Mariposas Amarillas, me acuerdo de ella, y me digo: "Esta es su canción".
¿De quién más puede ser?
Cuando me enteré de su muerte, escribí una canción: "Ella".
La he cantado a los alumnos en mi clase.
Dice así:
Ella se fue para un viaje largo.
Ella quizás va caminando
De regreso a la eternidad
Donde sólo existe paz.
Ella se fue en pleno verano
Sólo tenía catorce años
Y canciones por cantar
Y sueños por alcanzar.
Ella se fue, es tan extraño
Su imagen viene cada rato
A alumbrar la oscuridad
A impulsarme a continuar.
martes, 21 de enero de 2014
Saludo a los estudiantes de la Ramón Giraldo Ceballos
Saludo cordial.
Esta es una invitación a entusiasmarse con la literatura y la lectura, las cuales aportan a la persona grandes potenciales de cultura. La cultura es necesaria, porque es la herencia de saber del hombre a través de todos los tiempos. La lectura ayuda a ocupar el tiempo en una actividad beneficiosa, acercándonos a otros mundos, otras formas de pensar, y alejándonos de los malos hábitos.
Leer es crecer en conocimiento y en la relación con nuestro entorno. Se puede leer desde una receta de cocina, una guía turística, un manual de instrucciones, una revista, un libro. También en Internet podemos leer muchas cosas interesantes y formativas.
La escritura es un complemento de la lectura. Por lo general, todo buen lector es un buen escritor, maneja bien el idioma, en este caso la lengua castellana. Puedes escribir cosas personales, a modo de diario, o cosas que ves a tu alrededor. Verás qué tan divertido es.
Si has sido buen lector en el colegio seguro que te irá bien en las pruebas ICFES, al menos tendrás mejores herramientas que los demás.
La lectura te hará un mejor conversador, puesto que podrás compartir información con tus amigos y con otras personas. También puede volverte más recursivo e imaginativo, más creativo.
En los momentos aburridos, coge un libro y descubrirás cuán amplio es el mundo, qué territorios fascinantes te estabas perdiendo.
Hay libros de aventuras, de filosofía, de historia, de música, en fin, de arte, de religiones, de astronomía, de salud, de deporte, de cocina, de astrología, de farándula, etcétera.
La oferta es amplia y el precio es módico. Anímate a leer.
Con amor: Hernando.
Saludo cordial.
Esta es una invitación a entusiasmarse con la literatura y la lectura, las cuales aportan a la persona grandes potenciales de cultura. La cultura es necesaria, porque es la herencia de saber del hombre a través de todos los tiempos. La lectura ayuda a ocupar el tiempo en una actividad beneficiosa, acercándonos a otros mundos, otras formas de pensar, y alejándonos de los malos hábitos.
Leer es crecer en conocimiento y en la relación con nuestro entorno. Se puede leer desde una receta de cocina, una guía turística, un manual de instrucciones, una revista, un libro. También en Internet podemos leer muchas cosas interesantes y formativas.
La escritura es un complemento de la lectura. Por lo general, todo buen lector es un buen escritor, maneja bien el idioma, en este caso la lengua castellana. Puedes escribir cosas personales, a modo de diario, o cosas que ves a tu alrededor. Verás qué tan divertido es.
Si has sido buen lector en el colegio seguro que te irá bien en las pruebas ICFES, al menos tendrás mejores herramientas que los demás.
La lectura te hará un mejor conversador, puesto que podrás compartir información con tus amigos y con otras personas. También puede volverte más recursivo e imaginativo, más creativo.
En los momentos aburridos, coge un libro y descubrirás cuán amplio es el mundo, qué territorios fascinantes te estabas perdiendo.
Hay libros de aventuras, de filosofía, de historia, de música, en fin, de arte, de religiones, de astronomía, de salud, de deporte, de cocina, de astrología, de farándula, etcétera.
La oferta es amplia y el precio es módico. Anímate a leer.
Con amor: Hernando.
jueves, 16 de enero de 2014
EN ASCUAS
"Todo está en ascuas y a punto de volver a arder", dice Romano, un personaje de Coriolano, de Shakespeare, refiriéndose a los conflictos sociales entre la nobleza y el pueblo. El exilio de Coriolano tiene descontentos a los nobles que, en represalia, amenazan con privar al pueblo de sus tribunos.
En ascuas y a punto de volver a arder, quizás sea este el estado de mis impulsos creativos en lo concerniente a la literatura. Quizás esté madurando otra obra de la misma importancia que Saudade por Gary Coleman, con la que sentí colmadas mis expectativas de escritor.
Se trabaja a diario, sin duda. Quizás desde el terreno de la música, al que hoy me acojo más, broten ideas para nuevos escritos. Hago canciones a partir de pensamientos, imágenes, sueños, situaciones de la realidad. Son literatura, póngale la firma.
Todavía debo ensayar mis fuerzas en la novela, género en que he hecho intentos, pero en el que aún no siento que haya conseguido algo grande. Quizás la mejor sea la primera: Las vueltas de la pelota. Adiós Malena es un título que me encanta, pero cuyo contenido tal vez debo abordar desde otras perspectivas.
En estos días imaginaba una novela sobre un hombre de cuarenta años que, tras alcanzar una vida realizada y decente, se echa a la calle, a la hez. Cree que su santidad podrá revelarse a los demás hombres por algún detalle característico de su personalidad o de su biología, más allá de los harapos con que se viste, la mirada, por ejemplo.
Sin embargo, los demás sólo ven los harapos, nunca su bella mirada. Lo desprecian y acaba como una basura, bajo un puente.
Y era un santo. Póngale la firma.
"Todo está en ascuas y a punto de volver a arder", dice Romano, un personaje de Coriolano, de Shakespeare, refiriéndose a los conflictos sociales entre la nobleza y el pueblo. El exilio de Coriolano tiene descontentos a los nobles que, en represalia, amenazan con privar al pueblo de sus tribunos.
En ascuas y a punto de volver a arder, quizás sea este el estado de mis impulsos creativos en lo concerniente a la literatura. Quizás esté madurando otra obra de la misma importancia que Saudade por Gary Coleman, con la que sentí colmadas mis expectativas de escritor.
Se trabaja a diario, sin duda. Quizás desde el terreno de la música, al que hoy me acojo más, broten ideas para nuevos escritos. Hago canciones a partir de pensamientos, imágenes, sueños, situaciones de la realidad. Son literatura, póngale la firma.
Todavía debo ensayar mis fuerzas en la novela, género en que he hecho intentos, pero en el que aún no siento que haya conseguido algo grande. Quizás la mejor sea la primera: Las vueltas de la pelota. Adiós Malena es un título que me encanta, pero cuyo contenido tal vez debo abordar desde otras perspectivas.
En estos días imaginaba una novela sobre un hombre de cuarenta años que, tras alcanzar una vida realizada y decente, se echa a la calle, a la hez. Cree que su santidad podrá revelarse a los demás hombres por algún detalle característico de su personalidad o de su biología, más allá de los harapos con que se viste, la mirada, por ejemplo.
Sin embargo, los demás sólo ven los harapos, nunca su bella mirada. Lo desprecian y acaba como una basura, bajo un puente.
Y era un santo. Póngale la firma.
martes, 7 de enero de 2014
Enero 7 de 2014
Tres grandes de la música colombiana que murieron en fecha más o menos reciente: Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz.
Tres figuras del escenario musical colombiano, en distintos géneros (tropical, salsa y vallenato) han fallecido en fechas más o menos recientes. El último en irse fue Diomedes Díaz, el gran juglar guajiro, que murió el 22 de diciembre de 2013 a sus 56 años.
Joe fue el primero de los tres en partir, en julio de 2011. Varela, se fue en agosto de 2012.
Del 2011 al 2013, año tras año, sucesivamente, nuestro folclor se ha visto enlutado por la ausencia de los citados artistas.
Por fortuna, se fueron tras un despliegue extraordinario de sus capacidades, abarcando decenas de años de trayectoria, al punto de convertirse en personajes legendarios. Le sacaron jugo a la vida. Su legado es inmenso.
En la mayoría de los colombianos, incluso entre la gente joven, queda memoria de los ritmos y las canciones con que estos tres monstruos enriquecieron nuestra música. Con Joe cantamos y bailamos temas como El Caminante, Rebelión, Echao Palante; con Varela, Nuestro sueño, Mi Buenaventura, Cali Pachanguero; con Diomedes, Zunilda, Sin saber qué me espera, El cóndor herido. Y muchos, muchos más.
Las vidas de estos hombres estuvieron marcadas por problemáticas difíciles, droga, cárcel, incluso crimen, en el caso de Diomedes, sindicado de participar en el asesinato de Doris Adriana Niño, que resultó muerta y enterrada en un baldío tras una noche de juerga con el cantante. El karma de Joe fue la drogadicción, que lo llevó casi a la destrucción física y de su carrera. Varela estuvo en prisión por supuestos nexos con el Cartel de Cali.
Es paradójico que la mayoría de estos ídolos del espectáculo, de existencias fulgurantes, estén marcadas por sombras trágicas, como si debieran pagar un precio prefijado por el estrellato. El abuso de estupefacientes es el talón de Aquiles de muchos de ellos. Por no hablar de otros excesos y extravagancias de las que se rodean. Diomedes se hizo incrustar un diamante en la dentadura y se forró en oro varias piezas. También se dice que no repetía calzoncillo.
La música produce a diario nuevos talentos, es indudable que otros artistas se posicionan en el tablado nacional, pero uno teme que carezcan de esa raigambre y ese sabor nativo, propio de la verdadera tradición. Valores que, pese a sus vidas descuadernadas, poseían los tres músicos de los que estamos hablando.
Se fueron. Dejan un gran vacío en nuestro medio. Pero es la vida. Ahora comienza la labor de criba de la posteridad, en la que se reconoce qué es lo meritorio y qué no lo es. Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz, hombres primarios e imperfectos en muchos aspectos, pero, qué duda cabe,esencia innegable de nuestra tierra sufrida y llena de cantos.
Tres grandes de la música colombiana que murieron en fecha más o menos reciente: Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz.
Tres figuras del escenario musical colombiano, en distintos géneros (tropical, salsa y vallenato) han fallecido en fechas más o menos recientes. El último en irse fue Diomedes Díaz, el gran juglar guajiro, que murió el 22 de diciembre de 2013 a sus 56 años.
Joe fue el primero de los tres en partir, en julio de 2011. Varela, se fue en agosto de 2012.
Del 2011 al 2013, año tras año, sucesivamente, nuestro folclor se ha visto enlutado por la ausencia de los citados artistas.
Por fortuna, se fueron tras un despliegue extraordinario de sus capacidades, abarcando decenas de años de trayectoria, al punto de convertirse en personajes legendarios. Le sacaron jugo a la vida. Su legado es inmenso.
En la mayoría de los colombianos, incluso entre la gente joven, queda memoria de los ritmos y las canciones con que estos tres monstruos enriquecieron nuestra música. Con Joe cantamos y bailamos temas como El Caminante, Rebelión, Echao Palante; con Varela, Nuestro sueño, Mi Buenaventura, Cali Pachanguero; con Diomedes, Zunilda, Sin saber qué me espera, El cóndor herido. Y muchos, muchos más.
Las vidas de estos hombres estuvieron marcadas por problemáticas difíciles, droga, cárcel, incluso crimen, en el caso de Diomedes, sindicado de participar en el asesinato de Doris Adriana Niño, que resultó muerta y enterrada en un baldío tras una noche de juerga con el cantante. El karma de Joe fue la drogadicción, que lo llevó casi a la destrucción física y de su carrera. Varela estuvo en prisión por supuestos nexos con el Cartel de Cali.
Es paradójico que la mayoría de estos ídolos del espectáculo, de existencias fulgurantes, estén marcadas por sombras trágicas, como si debieran pagar un precio prefijado por el estrellato. El abuso de estupefacientes es el talón de Aquiles de muchos de ellos. Por no hablar de otros excesos y extravagancias de las que se rodean. Diomedes se hizo incrustar un diamante en la dentadura y se forró en oro varias piezas. También se dice que no repetía calzoncillo.
La música produce a diario nuevos talentos, es indudable que otros artistas se posicionan en el tablado nacional, pero uno teme que carezcan de esa raigambre y ese sabor nativo, propio de la verdadera tradición. Valores que, pese a sus vidas descuadernadas, poseían los tres músicos de los que estamos hablando.
Se fueron. Dejan un gran vacío en nuestro medio. Pero es la vida. Ahora comienza la labor de criba de la posteridad, en la que se reconoce qué es lo meritorio y qué no lo es. Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz, hombres primarios e imperfectos en muchos aspectos, pero, qué duda cabe,esencia innegable de nuestra tierra sufrida y llena de cantos.
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