Enero 7 de 2014
Tres grandes de la música colombiana que murieron en fecha más o menos reciente: Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz.
Tres figuras del escenario musical colombiano, en distintos géneros (tropical, salsa y vallenato) han fallecido en fechas más o menos recientes. El último en irse fue Diomedes Díaz, el gran juglar guajiro, que murió el 22 de diciembre de 2013 a sus 56 años.
Joe fue el primero de los tres en partir, en julio de 2011. Varela, se fue en agosto de 2012.
Del 2011 al 2013, año tras año, sucesivamente, nuestro folclor se ha visto enlutado por la ausencia de los citados artistas.
Por fortuna, se fueron tras un despliegue extraordinario de sus capacidades, abarcando decenas de años de trayectoria, al punto de convertirse en personajes legendarios. Le sacaron jugo a la vida. Su legado es inmenso.
En la mayoría de los colombianos, incluso entre la gente joven, queda memoria de los ritmos y las canciones con que estos tres monstruos enriquecieron nuestra música. Con Joe cantamos y bailamos temas como El Caminante, Rebelión, Echao Palante; con Varela, Nuestro sueño, Mi Buenaventura, Cali Pachanguero; con Diomedes, Zunilda, Sin saber qué me espera, El cóndor herido. Y muchos, muchos más.
Las vidas de estos hombres estuvieron marcadas por problemáticas difíciles, droga, cárcel, incluso crimen, en el caso de Diomedes, sindicado de participar en el asesinato de Doris Adriana Niño, que resultó muerta y enterrada en un baldío tras una noche de juerga con el cantante. El karma de Joe fue la drogadicción, que lo llevó casi a la destrucción física y de su carrera. Varela estuvo en prisión por supuestos nexos con el Cartel de Cali.
Es paradójico que la mayoría de estos ídolos del espectáculo, de existencias fulgurantes, estén marcadas por sombras trágicas, como si debieran pagar un precio prefijado por el estrellato. El abuso de estupefacientes es el talón de Aquiles de muchos de ellos. Por no hablar de otros excesos y extravagancias de las que se rodean. Diomedes se hizo incrustar un diamante en la dentadura y se forró en oro varias piezas. También se dice que no repetía calzoncillo.
La música produce a diario nuevos talentos, es indudable que otros artistas se posicionan en el tablado nacional, pero uno teme que carezcan de esa raigambre y ese sabor nativo, propio de la verdadera tradición. Valores que, pese a sus vidas descuadernadas, poseían los tres músicos de los que estamos hablando.
Se fueron. Dejan un gran vacío en nuestro medio. Pero es la vida. Ahora comienza la labor de criba de la posteridad, en la que se reconoce qué es lo meritorio y qué no lo es. Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz, hombres primarios e imperfectos en muchos aspectos, pero, qué duda cabe,esencia innegable de nuestra tierra sufrida y llena de cantos.
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