viernes, 19 de abril de 2013

Nunca imaginé ser profesor

Nunca imaginé ser profesor. De niño jamás soñé ser algo especial cuando fuese grande, ni siquiera futbolista, actividad (o juego) que tanto me gustaba. Respetaba a mis profesores, pero nunca  fueron  modelos a seguir, ni siquiera el de sociales, Jairo Morales, que era deportista, amistoso y que me caía tan bien. Nunca me imaginé siendo como ninguno de ellos, aunque, salvo dos o tres, no tenía motivo para censurar sus vidas. Había unos energúmenos, otros borrachines y mujeriegos, pero estos comportamientos a mí, chico de once o doce años, no me alteraban más allá de lo razonable. Quizás porque mi padre también era energúmeno, bebedor y mujeriego.

Jamás me imaginé ser nada. Sólo al finalizar la adolescencia y empezar la juventud tuve el firme convencimiento de que me gustaría escribir. No me decía: "quiero ser escritor", sino que pensaba que escribir era delicioso. Me matriculé en Español y Literatura creyendo que allí se estimularía mi tendencia a la escritura: qué chasco. Allí medio se forma en pedagogía, pero la dotación en literatura es escasa. Lo que no hicieras por tus propios medios...

Soy profesor de secundaria en un plantel oficial, pero mi inclinación primordial es hacia la literatura y, actualmente, hacia la música en su faceta de canción inédita. Soy profesor, y acaso hoy en día esto sea una de las cosas que no quiero ser, aunque me gusta enseñar. Batallo el aire embrutecedor de los colegios, pero no puedo afirmar que salga indemne. Mucha erosión, enervamiento y llaga han de haber causado todos estos años de este oficio tan ingrato. A veces me siento un loquero en medio de un arrebatado jaleo de alienados, y creo que yo soy un alienado más. Es de manicomio.

Soy profesor, lo que jamás imaginé ser, y que tal vez estaba escrito en los inevitables rollos del destino. Mucha gente tuvo sueños de niño, que se les cumplieron de grandes. Afortunados. En mí todo fue azaroso. Y lo sigue siendo. Aunque soy profesor, entiendo que dentro de mí habitan los sinos del mendigo, del asesino, del demente.  Trato de sublimar en literatura estas vetas ocultas y oscuras del ser, iluminar las más transparentes.

Soy profesor, pero mis ratos más gratos no están en el colegio, en ese gran artificio social, sino en estos momentos en que escribo y toco guitarra y canto mis canciones. Están en la soledad. Si uno pudiera elegir por profesión la soledad y vivir de ello...

Es que mi vida es eso hace mucho tiempo: soledad. Una soledad amable, que habito con las presencias y voces de mi propio ser.

      

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