viernes, 14 de diciembre de 2018

En alguna parte

En alguna parte, en más de una ocasión, habrá escrito sobre aquella vivencia. Hoy no recuerda dónde, en qué libreta. Comienza el expurgo con la libreta más antigua. Es lógico. Es una vivencia remota. No los encuentra: la familia, la vereda, la casa al lado del camino, la tiendecita casera, la vega de caña y café donde el hombre de la casa jornaleaba. Algo guarda en la memoria, pero ya es muy borroso, de poco fiar.

Son más de cuarenta años, desandando el tiempo. Tiempo más que suficiente para que anide el olvido. De hecho, ha olvidado muchas cosas: el nombre del hombre de la casa, el de la vereda, los rostros de aquella familia.

El hombre era joven, casi un muchacho, soltero; era de buen trato, trabajador, de aspecto serio. Era el sostén del hogar, que estaba constituido, además, por algunas mujeres. Adicional a la parcela de caña y café, tenían una ventica en la casa, una vitrina en el corredor, algo muy modesto.

De vez en cuando, él hurtaba una galleta o un pan de la vitrina. La comida no abundaba en la casa, era la reglamentaria, precisa.

Ayudaba al hombre de la casa a trabajar en la vega. Tenía escasos diez años, pero ayudaba. Al mediodía subía la cuesta, venía a la casa y le traía la garita (el almuerzo). ¿O alguna de las mujeres venía a la parcela a traerles la garita? ¡Tan trabajadoras y esforzadas esas mujeres del campo! ¿Cuántas eran las de la casa? La vieja acababa de morir. Estaban en el novenario.

¿Quién era la vieja? No la conoció. Llegó allí el día en que la enterraron. Recuerda el novenario en el cuarto de atrás, el de la difunta. Las noches traían su manojo de rezanderos a aquel cuarto. Se sentaban y participaban del responso. Terminada la novena, los vecinos se marchaban, las sillas se vaciaban. Él también, niño de diez años, ocupaba una silla en medio de los presentes. Curioseando en el chifonier del rincón, descubrió que el bolsillo de una chaqueta guardaba dinero. De vez en cuando, en el día, hurtaba una moneda y la gastaba en la tienda vecina. Al irse del todo, cogió un billete.

¿Quién fue la vieja? Seguro que una fotografía con su imagen presidía la estancia colgada en la pared, pero él no recuerda. Del interior de la casa recuerda el cuarto del chifonier; el corredor con la vitrina es otra cosa que recuerda; y la parte trasera de la casa, el solar por donde se descendía a la vega.

Le gustaba el exterior de la casa, el corredor, el camino, las casas vecinas. Al atardecer jugaba pelota con los otros niños, antes de que la noche del campo abalanzara la oscurana, se encendieran los mechones y, luego de la novena, viniera el dormir.

¿Qué cosas agitaban su mente?

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