martes, 13 de octubre de 2015

Se llama Pedro

Se llama Pedro: el administrador de la tienda del Parque Biblioteca de San antonio de Prado. Hoy una señora, que parece ser amiga suya, se acercó a saludarlo y le dijo Pedrito, lo cual no le gustó a él, que se encontraba almorzando en su rincón detrás del mostrador. Yo metí la cucharada y dije a la mujer: "tampoco me gusta que me llamen negrito, gusto más de que me digan Negro, de hecho así es como me dicen algunos buenos amigos." Pedro siguió almorzando, dando las últimas cucharadas, golosas cucharadas, y el asunto del diminutivo no trascendió. Yo me bebí, goloso, el tinto que acababa de comprar, y me entré a la biblioteca, pensando que dos días consecutivos he encontrado a Pedro en rituales alimenticios, lo cual me da a entender que Pedro se cuida bien. Esto es bueno. Me ha dicho Pedro, antes que llegara la señora y se iniciara el tema de pedrito-negrito, que el agua ha estado muy poquita acá en el Parque, un hilito. Le comento el contratiempo con el corte del agua que vivimos en estos días (¡aún hoy, y tal vez mañana!) los habitantes de los demás barrios del corregimiento y Pedro me espanta con la afirmación de que la interrupción del servicio durará ocho días. ¡Ocho días! Eso es lo que dicen. El agua de por acá es veredal, no potable, me ha contado el tendero en el interín. Ah, con razón tienen así sea un poquito. Nosotros no tenemos ni gota. Los tanques repartidores se paran en las esquinas y los tumultos afloran. Eso que dan a chorros no es agua, es miseria. Y mientras tanto los baños. No es justo. En este punto del relato no se sabe si es Pedro o soy yo quien habla. Es mejor volver al tema nutricio, o al de la lluvia, que se zafa con fuerza, o al de las garzas caravana, que lanzan alaridos en las frías montañas. Es bueno que Pedro se  alimente. No es bueno que corra la suerte de su homónimo bíblico, que negó tres veces a Cristo. No, según veo, Pedro almorzara tres veces asistido por mi presencia fisgona. No es un destino vil.

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