martes, 21 de enero de 2014

Saludo a los estudiantes de la Ramón Giraldo Ceballos

Saludo cordial.

Esta es una invitación a entusiasmarse con la literatura y la lectura, las cuales aportan a la persona grandes potenciales de cultura. La cultura es necesaria, porque es la herencia de saber del hombre a través de todos los tiempos. La lectura ayuda a ocupar el tiempo en una actividad beneficiosa, acercándonos a otros mundos, otras formas de pensar, y alejándonos de los malos hábitos.

Leer es crecer en conocimiento y en la relación con nuestro entorno. Se puede leer desde una receta de cocina, una guía turística, un manual de instrucciones, una revista, un libro. También en Internet podemos leer muchas cosas interesantes y formativas.

La escritura es un complemento de la lectura. Por lo general, todo buen lector es un buen escritor, maneja bien el idioma, en este caso la lengua castellana. Puedes escribir cosas personales, a modo de diario, o cosas que ves a tu alrededor. Verás qué tan divertido es.

Si has sido buen lector en el colegio seguro que te irá bien en las pruebas ICFES, al menos tendrás mejores herramientas que los demás.

La lectura te hará un mejor conversador, puesto que podrás compartir información con tus amigos y con otras personas. También puede volverte más recursivo e imaginativo, más creativo.

En los momentos aburridos, coge un libro y descubrirás cuán amplio es el mundo, qué territorios fascinantes te estabas perdiendo.

Hay libros de aventuras, de filosofía, de historia, de música, en fin, de arte, de religiones, de astronomía, de salud, de deporte, de cocina, de astrología, de farándula, etcétera.

La oferta es amplia y el precio es módico. Anímate a leer.

Con amor: Hernando.

jueves, 16 de enero de 2014

EN ASCUAS

"Todo está en ascuas y a punto de volver a arder", dice Romano, un personaje de Coriolano, de Shakespeare, refiriéndose a los conflictos sociales entre la nobleza y el pueblo. El exilio de Coriolano tiene descontentos a los nobles que, en represalia, amenazan con privar al pueblo de sus tribunos.

En ascuas y a punto de volver a arder, quizás sea este el estado de mis impulsos creativos en lo concerniente a la literatura. Quizás esté madurando otra obra de la misma importancia que Saudade por Gary Coleman, con la que sentí colmadas mis expectativas de escritor.

Se trabaja a diario, sin duda. Quizás desde el terreno de la música, al que hoy me  acojo más, broten ideas para nuevos escritos. Hago canciones a partir de pensamientos, imágenes, sueños, situaciones de la realidad. Son literatura, póngale la firma.

Todavía debo ensayar mis fuerzas en la novela, género en que he hecho intentos, pero en el que aún no siento que haya conseguido algo grande. Quizás la mejor sea la primera: Las vueltas de la pelota. Adiós Malena es un título que me encanta, pero cuyo contenido tal vez debo abordar desde otras perspectivas.

En estos días imaginaba una novela sobre un hombre de cuarenta años que, tras alcanzar una vida realizada y decente, se echa a la calle, a la hez. Cree que su santidad podrá revelarse a los demás hombres por algún detalle característico de su personalidad o de su biología, más allá de los harapos con que se viste, la mirada, por ejemplo.

Sin embargo, los demás sólo ven los harapos, nunca su bella mirada. Lo desprecian y acaba como una basura, bajo un puente.

Y era un santo. Póngale la firma.



 

 

martes, 7 de enero de 2014

Enero 7 de 2014
Tres grandes de la música colombiana que murieron en fecha más o menos reciente: Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz.

Tres figuras del escenario musical colombiano, en distintos géneros (tropical, salsa y vallenato) han fallecido en fechas más o menos recientes. El último en irse fue Diomedes Díaz, el gran juglar guajiro, que murió el 22 de diciembre de 2013 a sus 56 años.

Joe fue el primero de los tres en partir, en julio de 2011. Varela, se fue en agosto de 2012.

Del 2011 al 2013, año tras año, sucesivamente, nuestro folclor se ha visto enlutado por la ausencia de los citados artistas.

Por fortuna, se fueron tras un despliegue  extraordinario de sus capacidades, abarcando decenas de años de trayectoria, al punto de convertirse en personajes legendarios. Le sacaron jugo a la vida. Su legado es inmenso.

En la mayoría de los colombianos, incluso entre la gente joven, queda memoria de los ritmos y las canciones con que estos tres monstruos enriquecieron nuestra música. Con Joe cantamos y bailamos temas como El Caminante, Rebelión, Echao Palante; con Varela, Nuestro sueño, Mi Buenaventura, Cali Pachanguero; con Diomedes, Zunilda, Sin saber qué me espera, El cóndor herido. Y muchos, muchos más.

Las vidas de estos hombres estuvieron marcadas por problemáticas difíciles, droga, cárcel, incluso crimen, en el caso de Diomedes, sindicado de participar en el asesinato de Doris Adriana Niño, que resultó muerta y enterrada en un baldío tras una noche de juerga con el cantante. El karma de Joe fue la drogadicción, que lo llevó casi a la destrucción física y de su carrera. Varela estuvo en prisión por supuestos nexos con el Cartel de Cali.  

Es paradójico que la mayoría de estos ídolos del espectáculo, de existencias fulgurantes, estén marcadas por sombras trágicas, como si debieran pagar un precio prefijado por el estrellato. El abuso de estupefacientes es el talón de Aquiles de muchos de ellos. Por no hablar de otros excesos y extravagancias de las que se rodean. Diomedes se hizo incrustar un diamante en la dentadura y se forró en oro varias piezas. También se dice que no repetía calzoncillo.

La música produce a diario nuevos talentos, es indudable que otros artistas se posicionan en el tablado nacional,  pero uno teme que carezcan de esa raigambre y ese sabor nativo, propio de la verdadera tradición. Valores que, pese a sus vidas descuadernadas, poseían los tres músicos de los que estamos hablando.

Se fueron. Dejan un gran vacío en nuestro medio. Pero es la vida. Ahora comienza la labor de criba de la posteridad, en la que se reconoce qué es lo meritorio y qué no lo es. Joe Arroyo, Jairo Varela y Diomedes Díaz, hombres primarios e imperfectos en muchos aspectos, pero, qué duda cabe,esencia innegable de nuestra tierra sufrida y llena de cantos.