jueves, 21 de noviembre de 2013

Estepachnikovo

Volver a leer a Dostoievski, qué fruición. Entrar a Stepachnikovo, una aldea rusa, interactuar con sus personajes... Porque el lector interactúa, condesciende, le pone zancadilla a los personajes, los exalta  o los patea...Foma Fomich es un criado que se convierte en verdugo de sus amos, el coronel y su madre, la generala, que desautoriza al coronel, jefe de la casa en el papel, en favor de Foma, que es una especie de usurpador como no se ha visto.

Antes de leerla uno conjetura otra temática, otras situaciones, no una novela tan patética y jocosa al mismo tiempo. Sergei, el sobrino del coronel, joven de 20 años quien, a pedido de éste, asiste desde Petersburgo, donde vive y estudia, es el narrador. En repetidas ocasiones, Sergei llama la casa de su tío un manicomio. No da para más. Como en la típica novela europea de sociedad, de salón burgués, la casa del coronel se mantiene llena de visitantes, unos de alcurnia y otros de no tanta, a tal punto que uno no sabe quién es el verdadero dueño.

El coronel, que recibe un trato despiadado de su madre y de algunas amistades de ésta, es un viudo veterano, débil de carácter, con dos hijos, que se enamora perdidamente de Natacha, una muchacha de su servidumbre. Quiere casarse con ella, pero la generala desaprueba tal cosa: quiere casarlo con otra mujer, un poco loca, pero adinerada. Este drama, y el extravagante dominio de Foma sobre la casa y sus moradores, son los principales hechos de la novela.

Todo el curso de la obra nos lleva a detestar a Foma, a ponernos de lado del coronel, a desear que el arrogante mucamo sea expulsado, que reciba su merecido. El coronel se propone echarlo, mas se arrepiente, se deja engatusar por el descaro y la grandilocuencia del otro. La única persona de la casa que desprecia abiertamente a este impostor, que le canta las verdades, es la hija del coronel, una chica de 17 años, que sufre por la irrisión que su padre constituye.

Falalai, un siervo de extremada belleza, consentido de la generala, cándido como nadie, virtuoso bailarín, sobre todo de las danzas autóctonas, es otro elemento de la personalia, quien sufre los malos tratos de Foma, que desaprueba la vulgaridad de cierto arte popular.  A otros criados, que gimen bajo su yugo, los castiga poniéndolos a aprender francés. Las lágrimas de Falalai es uno de los episodios extraordinarios de la novela.

Foma es un advenedizo con ínfulas de escritor, de moralista, de mártir. Mete baza en todo y se hace tratar como rey. Todo el mundo le teme. A Sergei, llamado por el tío para neutralizar la infame hegemonía de Foma, le cuesta cumplir su propósito. El tío dice querer casarlo con Natacha, pero sólo para que la joven no sea puesta de patitas en la calle; así la conservaría a su lado y podría seguirla viendo. Natacha no quiere oír hablar de eso, está enamorada del coronel. Rechaza a Sergei.

Una noche Foma sorprende al coronel y a Natacha besándose en el jardín. El capítulo se titula La catástrofe. Voy en esa parte. Este hecho, según parece, acelerará la salida de la niñera de la casa del amo. Foma no dejará pasar esta oportunidad servida en bandeja. Sergei aconseja al tío, que le cuenta el incidente en medio de la desesperación, que se case con Natacha y la libre del descredito. Que agarre en toro por los cuernos, en suma.

Así Dostoievski despliega ante nosotros el orbe de las pasiones, de la generosidad y la mezquindad (Mezenchikov, Obneskin), las grandezas y las miserias de las clases encumbradas. El coronel tiene una riqueza avaluada en 600 almas: la cuantía del poder se medía por el número de siervos que se poseyera. También nos muestra el mundo diverso y conmovedor, lleno de fuerza y gracia, asimismo de tragedia, del pueblo ruso (el parroquiano borrachín). Exhibe ante nosotros los estratos sociales, tan marcados en aquella sociedad cuya cabeza cimera en el zar y donde la casta militar tiene tanto predominio.

Espera uno con impaciencia que el misterio de Foma y su poder se descubra, que se transforme o se hunda. Que triunfe la bondad, encarnada por Natacha y el coronel. Que Sergei realice algo grande, pues su presencia sólo ha complicado más las cosas.    
    


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