sábado, 30 de abril de 2011

Otro sábado de la vida

Otro sábado de la vida. No importan los libros leídos, los títulos logrados, quizás una migaja los pasos andados. Importa el instante, el decurso, saber que existe una bella mujer llamada Magnolia, la madre de mis hijos; saber que existe un hombre insistente llamado Hernando, o Clay, que también así me gusta llamarme.

Otro sábado de la vida, en un club de ajedrez del centro, entre hombres extraños con la pátina de la soledad grabada en la cara. El salón anexo sirve de café internet, y esta es otra historia de soledad y de ansia. Jóvenes y adultos, hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales, todos se prosternan ante la Net. Conjuran el oráculo.

Otras veces me atraía fuertememete el ajedrez, hoy no me tienta tanto jugar. Me bebo una cerveza, reviso mi blog, escribo este texto, veo morir la tarde. Gran parte de ésta la compartí con Magnolia, de compras, almorzando, bebiendo un café, platicando en las escalas de la estación Parque de Berrío. Le mostré los rieles del antiguo tranvía, un breve tramo conservado como reliquia. Leímos la placa. No los conocía aunque había pasado innumeralbles ocasiones por allí.

-Tranquila-le dije- toda esta gente que inunda la calle los pisa y ni siquiera de da cuenta de lo que son. Ignoran que Medellín tuvo tranvía. Pero se maravillan con el metro. Así es la vida.






 

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